viernes, 8 de mayo de 2026

Especial Cannes 2026 - Sexta parte - Proyecciones especiales



REHEARSALS FOR A REVOLUTION (Ensayos para una revolución) (A través de cinco retratos de familiares y mentores, cinco expresiones de resistencia, Pegah Ahangarani traza la historia de su vida. Recurriendo a archivos personales, vídeos caseros, grabaciones de protestas callejeras, periódicos y voces grabadas, reconstruye más de 40 años de historia de Irán. Desde los primeros días de 1979 hasta la guerra que comenzó en 2026, reconstruye recuerdos íntimos y colectivos, conformando el retrato de un país marcado por la represión política y que alberga la constante esperanza de una revolución)

Opera prima de Pegah Ahangarani, actriz y directora iraní

 



LES MATINS MERVEILLEUX (Mañanas maravillosas) (En el funeral de su abuela, Charlie descubre que ya tiene un lugar reservado en la cripta familiar. Buscando una vía de escape, entrega ella misma la caja de vinilos que su abuela dejó al comerciante de vinos de un pueblo del sur de Francia. En el desierto balneario, los discos le traen amargos recuerdos de amores perdidos. Aquí, el tiempo tiene un valor distinto y la gente está más aburrida que ocupada. Charlie solo tiene ojos para Marina, la camarera de la pizzería. Nada presagiaba que la torpe y muy sincera Charlie y la tempestuosa y lastimada Marina iban a curarse juntas las heridas. Pero a veces el destino reúne a las sirenas perdidas.)

Primer largometraje de la directora francesa, Avril Besson.

Elenco: India Hair como Charlie, Raya Martigny como Marina y con Éric Cantona, Mathias Minne, Laure Rivaud-Pearce, Jean Vincentelli.

 



L’AFFAIRE MARIE-CLAIRE ((Narra el histórico juicio en el que la abogada Gisèle Halimi asumió la defensa de las acusadas, haciendo frente a un sistema judicial y social lleno de prejuicios. A través del proceso, se muestran los argumentos legales y las estrategias de defensa, y también la presión mediática y el coraje de los que lucharon por la justicia y los derechos de las mujeres, haciendo de este juicio un símbolo de resistencia y cambio social. La narrativa mezcla tensión judicial con una mirada a la lucha por la igualdad.))

De Lauriane Escaffre y Yvo Muller, actores y directores franceses de Maria rêve (Sueños de María, 2022)

 



AVEDON (documental sobre el fotógrafo Richard Avedon)

De Ron Howard, actor y director norteamericano de, entre muchas otras, Edén (2024), Thirteen Lives (Trece vidas, 2022), In the Heart of the Sea (En el corazón del mar, 2015), Frost/Nixon (La entrevista del escándalo, 2008), The Da Vinci Code (El código Da Vinci, 2006), Cinderella Man (El luchador, 2005), A Beautiful Mind (Una mente brillante, 2001), How the Grinch Stole Christmas (El Grinch, 2000), Ransom (El rescate, 1996), Apollo 13 (1995), Cocoon (1985), Splash (1984)

 



VESNA / PRINTEMPS (Primavera) (Una ciudad de 40.000 habitantes en el sureste de Ucrania es ocupada por Rusia. Andriy, un sacerdote ucraniano de 35 años, ve cómo su iglesia se convierte en un depósito de cadáveres. Se ve obligado a custodiar los cadáveres de los civiles ucranianos fusilados hasta que los rusos vienen a recogerlos. Cada tres semanas, los rusos recogen los cadáveres y los entierran en fosas comunes para encubrir sus crímenes. Durante varios meses, el sacerdote resiste y devuelve en secreto los cadáveres a sus familias. Pero se acerca el invierno y el suelo está demasiado helado para enterrar a los muertos. ¿Cómo seguirá resistiendo cuando las condiciones se deterioren aún más?)

Opera prima del director lituano Rostislav Kirpicenko.

 



ASHES / CENIZA EN LA BOCA (Lucila, de 21 años, se muda a España con su hermano para reunirse con su madre, quien los abandonó hace ocho años. Enfrentándose a la discriminación y las responsabilidades familiares, lucha por encontrar su independencia mientras lidia con las heridas del pasado.)

De Diego Luna, actor y director mexicano. Dirigió Sr. Pig (2016), César Chávez (2014), Abel (2010)

Elenco: Sergio Bautista, Anna Díaz, Irene Escolar, Dan Feria, Laura Gómez, Luisa Huertas, Adriana Paz, Guillermo Ríos, Charlie Rowe, Dailyn Valdivieso.

 



TANGLES: A Story About Alzheimer's, My Mother and Me (Enredos: Una historia sobre el Alzheimer, mi madre y yo) (El film gira en torno a Midge, la madre de Leavitt, a quien diagnosticaron Alzheimer a los 55 años. Tras el diagnóstico, Leavitt regresó a la pequeña y conservadora ciudad canadiense que había dejado atrás, donde aprendió a aceptar a su extraña familia y el deterioro mental de su madre.)

Opera prima de animación de Leah Nelson.

Con las voces de Bryan Cranston, Seth Rogen, Pamela Adlon, Julia Louis-Dreyfus, Sarah Silverman, Beanie Feldstein, Abbi Jacobson, Wanda Sykes, Adam Shapiro, Samira Wiley, Bowen Yang.

 



LES SURVIVANTS DU CHE (Los supervivientes del Che) (Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, tres guerrilleros juraron lealtad al Che Guevara y lo acompañaron en su lucha por exportar la revolución. En 1967, tras su última batalla en Bolivia y la ejecución de su líder, estos hombres de la clandestinidad protagonizaron una increíble fuga de 2400 km en cinco meses. Perseguidos por más de cuatro mil soldados bolivianos, finalmente lograron llegar a Chile. A través de sus relatos inéditos, *Los supervivientes del Che* nos sumerge en el corazón de esta persecución, donde los destinos personales se entrelazan con los riesgos de la Guerra Fría)

De Christophe Dimitri Réveille, actor francés que ya dirigió el documental JacK Waltzer: On the Craft of Acting (2011)

 



LE TRIANGLE D’OR (El triángulo de oro) (Antes de alistarse en el ejército, Laura acepta un trabajo como asistente de Souria, una joven y adinerada saudí que vive en un lujoso apartamento en el distrito 16. En esta jaula de oro, Laura y Souria intentan, cada una a su manera, escapar de sus circunstancias. Entonces, se produce un encuentro inesperado entre dos mujeres que, en apariencia, no tienen nada en común.)

Opera prima de Hélène Rosselet-Ruiz.

 



JOHN LENNON: THE LAST INTERVIEW (John Lennon: La última entrevista) (La mayor parte de esta última entrevista a Lennon consistirá de material de archivo. Sin embargo, Soderbergh ha revelado que el 10% de la película incluirá imágenes generadas por inteligencia artificial, que mostrarán momentos surrealistas que, según él, no son posibles mediante métodos creativos.)

De Steven Soderbergh, director norteamericano de, entre muchas otras, Black Bag (Código negro, 2025), Let Them All Talk (2020), The Laundromat (La lavandería, 2019), Logan Lucky (La estafa de los Logan, 2017), Behind the Candelabra (Detrás del candelabro, 2013), Magic Mike (2012), The Informant! (El desinformante, 2009), Che: Parte uno y parte dos (2008), The Good German (Intriga en Berlín, 2006), Ocean's Eleven (La gran estafa, 2001), Traffic (Tráfico, 2000), Erin Brockovich (Una mujer audaz, 2000), The Limey (Vengar la sangre, 1999), Out of Sight (Un romance peligroso, 1998), Kafka (1991), Sex, Lies, and Videotape (Sexo, mentiras y video, 1989)




GROUNDSWELL ((En Groundswell, los espectadores viajarán por todo el mundo para obtener una perspectiva global de los tres mayores (e interrelacionados) problemas a los que se enfrenta nuestra especie: el cambio climático, la pérdida de especies y la pérdida de suelo. Y lo que es más importante, los espectadores conocerán la multitud de métodos con los que la regeneración está abordando e incluso invirtiendo estas tendencias ecosistema por ecosistema, todo ello mientras se almacena suficiente carbono en el suelo para ayudar a mitigar nuestro clima cambiante.)

Documental de Joshua Tickell y Rebecca Harrell Tickell.




CANTONA (Documental sobre el famoso futbolista Eric Cantona) (La película narra la trayectoria de Eric Cantona, desde joven promesa francesa de carácter volátil hasta leyenda del Manchester United. El filme incluye testimonios del propio Cantona, Alex Ferguson y David Beckham para repasar la vida de una de las figuras más magnéticas y enigmáticas del fútbol.)

De David Tryhorn (director de Crossing the Line, 2016, Pelé, 2022, The Figo Affair: The Transfer That Changed Football, 2022) y Ben Nicholas (primer largometraje)

 

Sesión familiar

 



LUCY LOST (Esta historia trata sobre un pescador y su hijo que rescatan a una niña herida del mar. La niña solo parece pronunciar una palabra: «Lucy», convirtiéndose en un misterio para todos en el pueblo.)

Opera prima de animación de Olivier Clert.

viernes, 1 de mayo de 2026

Hoy: Cartas de amor de una monja - Dios los cría





¡Por fin! Durante décadas esta película fue la equivalencia de la figurita más difícil del álbum. Quizá porque ya era un seguidor incondicional de Alfredo Alcón, aunque fuera algo muy tangencial en el maremágnum que era por entonces mi vida, me quedó en la memoria la noticia de cuando viajó a España a filmarla y hasta recuerdo una foto de una pausa del rodaje, en la que se los ve a él y a Analía Gadé, de hábitos, en un paisaje helado, tanto frío haría que estaban parados sobre unos cajones de madera para no pisar el piso.

 

La película se estrenó en España el 29 de septiembre de 1978, así que debe haberse filmado en el 77 o a principios del 78. Por supuesto, aquí no se estrenó. La dictadura nos dominaba y una historia de amor entre dos religiosos no formaban parte del canon que propiciaban.

 

Cuando la dictadura se cayó y con ella la censura, esta película no figuró en la catarata de títulos que había sido prohibidos y que se estrenaban tarde, mal y a montones.

 

No reapareció en el auge del video y cuando llegó internet apenas si había rastros de ella. En mi curiosidad hasta llegué a preguntar en un sitio dedicado a las películas de la actriz Teresa Gimpera, que estaba en algunas escenas con Analía Gadé, si sabían si se encontraba una copia por algún lado. Me contestaron que también la buscaban sin suerte.

 

Y de repente, como de la nada, apareció. ¡Bienvenida!

 

Se trata de Cartas de amor de una monja (1978) de Jorge Grau. Un señor muy prolífico que entre muchas otras dirigió Noche de verano (1963), El espontáneo (1964), Acteón (1965), Una historia de amor (1967), Tuset Street (1968), Historia de una chica sola (1969), Chicas de club (1970), Ceremonia sangrienta (1973), Pena de muerte (1974), No profanar el sueño de los muertos (1974), La trastienda (1976), El secreto inconfesable de un niño bien (1976), La siesta (1976), La leyenda del tambor (1981), Coto de caza (1983), Muñecas de trapo (1984), El extranger Oh! de la calle Cruz del Sur (1987), La puñalada (1990) y Tiempos mejores (1995)

 

De todas ellas, la que recuerdo haber visto es Tuset Street, en la que una Sarita Montiel, escasamente vestida, deambulaba por ambientes muy psicodélicos. Un melodrama en el que un niño rico apostaba que podía seducir a una vedette folklórica, o sea Sarita. Lo lograba, ella se enteraba de la apuesta y se vengaba. Y él comprendía tarde que la amaba de verdad. El argumento era muy siglo XIX, pero transcurría en una Barcelona de lo más psicodélica. Y el choque argumento/ambiente la hacía inolvidable.

 

Esta Cartas de amor de una monja fue una de las muchas películas que se basaban en (o en los alrededores de) unas cartas supuestamente escritas por una monja de clausura, una tal Mariana Alcoforado que vivió en Portugal entre 1640 y 1723. Digo supuestamente porque ahora se asevera que en realidad las escribió un autor de ficciones de esas épocas.

 

En los títulos de apertura de la película, cuando llegamos a los responsables de la escritura se nos dice: argumento y guion de Gemma Arquer y Jordi Grau, basado en hechos históricos de los siglos XVI y XVII, con textos de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Diderot y “Mariana de Alcoforado” (El encomillado es original, no es mío)

 

Y cuando está por comenzar la historia, un cartel nos informa: “1640 en una España donde la Inquisición imponía, casi a la fuerza, la ley de Dios…”

 

Y así tenemos todos los elementos constitutivos de este drama romántico: uno, monjitas sin vocación (por entonces las familias ricas encerraban en conventos a las hijas que no podían casar bien para sobornar a los poderes divinos (tenían a alguien rezando en continuidad para garantizarles impunidad por sus pecados) y para tener una pata en una institución (la Iglesia) que era muy poderosa y determinante); dos, la Inquisición con su fanatismo irreductible; y tres, pecaminosos amores clandestinos.

 

El director y guionista, Jorge Grau (Jordi, para los amigos) como hace constar en los créditos mezcla autores que le garanticen un entramado exquisito, elocuente y poético. Los protagonistas, sobre todo Gadé y Alcón son sibaritas de la palabra y hacen gozar con su amor por ellas.

 

Y la trama le permite exploitation, en este caso, monjitas que se desnudan en ataques dignos para un exorcismo (tanto que una hasta pretende masturbarse con un crucifijo), lesbianismo, e incluso un intento de violación (aparte de una Gadé, que toma sol, desnuda, en los tejados)

 

Al igual que en Tuset Street, la cruza de elementos incongruentes se destaca. Aquí textos lustrosos, actores prestigiosos y erotismo libidinoso y lascivo. Es como una película con Isabel Sarli, dirigida por Armando Bo, con guion de Albert Camus y Simone de Beauvoir.

 

De todos modos, valió la pena esperarla, a pesar de la mezcla de lo excelso y lo escatológico (o más bien, gracias a ella)

 

Dios los cría (1991), la última película de Fernando Ayala, al contrario de las cartas monjiles de Jorge Grau era una figurita fácil del álbum. Es tan accesible que hasta está en YouTube.

 

Su peculiaridad radica en que supuestamente es una película LGBT homofóbica. ¿Es así? En mi modesta opinión, francamente no.

 

Mirna (Soledad Silveyra) con su hijo de 10 años, Quique (Mauricio Bruno) conocen en la sala de espera de un dentista a Ángel (Hugo Soto) y a su madre, Adela (China Zorrilla). Todos congenian y Mirna y Ángel se hacen amigos. Los dos ocultan sus historias. Mirna es prostituta que trabaja en un sauna y Ángel es un gay enclosetado, que trabaja en un banco.

 

El guion es del propio Ayala y de Ricardo Talesnik. Los dos han desnudado prejuicios e hipocresías sociales que encadenan.

 

Dice Wikipedia: Hasta entonces el cine argentino solo había mostrado personas homosexuales sin mostrar su vida social, pero en esta obra se muestra «un sentido de comunidad LGBTIQ como nunca antes se había visto».

 

Y es precisamente esta representación de la vida social gay la que le trajo a la película su fama de homofóbica. En un artículo de 2016 del suplemento Soy de Página 12 sobre “Las más homofóbicas del cine nacional”, se incluye a esta película porque “En esta película, aunque se quiere construir una familia extraña, el personaje de Hugo Soto hace de un tipo con doble vida, que implica escapadas montada a una disco gay representada desde una modernidad perimida que parecía importar el estilo de falso drag de Tootsie para mezclarlo con cotillón vencido de fiesta de quince que intenta pasar por sexo fuerte.”

 

Pero años más tarde, en 2021, el mismo autor del artículo citado, a propósito de la aparición de la autobiografía (Fabricante de sueños) del socio de toda la vida de Fernando Ayala, Héctor Olivera, rescata a Dios los cría y dice: “Pero Dios los cría (1991), la última película de Ayala, quien murió en 1997, significó una suerte de testamento queer. Infravalorada en su momento, incluso Olivera en esta autobiografía no solo no le da mucha importancia, sino que hasta la trata de transnochada. Sin embargo, con un guion basado en un caso real leído por Olivera, la película retrata los hábitos de un personaje homosexual interpretado por Hugo Soto, que se monta para salir y frecuenta una disco muy queer. Hasta ese momento el cine argentino había hecho representaciones de homosexuales en pareja entre cuatro paredes, sin vida social. Tan pionera como otras de sus películas, Ayala-Olivera crearon un sentido de comunidad LGBTIQ como nunca antes se había visto. Además, el personaje gay terminaba haciendo una alianza con una madre prostituta, interpretada por Soledad Silveyra, formando una familia con su hijo. Por supuesto hay también mucho camp en Dios los cría, empezando por la presencia de China Zorrilla. En el momento del estreno de esa película, a inicios de los 90, a la Comunidad Homosexual Argentina le había sido negada la personería jurídica, y aún no existía la Marcha del Orgullo en Buenos Aires. Hoy esa película sigue olvidada como muchos de los gestos de avanzada de las producciones de Aries. Esperemos que esta biografía de Olivera ayude a rescatar una cultura queer que en muchos casos hizo historia y hasta aún desafía al presente.”

 

Dios los cría en el momento de su estreno tuvo malas críticas (destruir es fácil y si incomoda, más fácil todavía) y se distribuyó poco, se la pasó rápidamente a video, que la difundió mejor. Vista hoy no levanta una ceja, las familias disidentes son una realidad, en 1991 proponer una era una osadía. Aunque sea solo por eso, debe respetársela y redescubrirla. Y entre sus logros indiscutibles, no es menor disfrutar del juego de comedia de una inspirada China Zorrilla.

 

Estas dos películas más que pertenecer a la sección de “Programa doble” deberían inaugurar una sección propia que se debería llamar “Las que ya tendría que haber visto” Es un título un poco largo, pero lo estoy considerando.

Gustavo Monteros

viernes, 24 de abril de 2026

Programa doble - El drama - Mesas separadas


 

¿Qué tienen en común Mesas separadas (Separate Tables, Delbert Mann, 1958) y El drama (The Drama, Kristoffer Borgli, 2026) más allá de que la distribución local respetó el título original de ambas en la traducción?

 

Mucho más de lo que pudiera creerse a simple vista. Las dos desnudas las estafas morales en las que se basa el establishment para que nada cambie y el status quo se mantenga incólume.

 

Para lo que queremos relacionar, nos concentraremos solo en una de las historias de Mesas separadas. El film se basa en dos obras en un acto de Terence Rattigan que se dan una a continuación de la otra. En cine mezclaron las dos historias para que semejara mejor un guion cinematográfico.

 

Dejaremos de lado el triángulo amoroso de Burt Lancaster, Rita Hayworth y Wendy Hiller y nos adentraremos en la incipiente historia de amor entre David Niven y Deborah Kerr, una inmadura crónica por culpa de una madre dominante, la Sra. Railton-Bell, papel que hace divinamente Gladys Cooper.

 

Todo trascurre en un hotel decente, aunque un poco alicaído junto al mar. Los personajes, más que estar de paso, viven ahí.

 

David Niven es un exmilitar, el mayor Angus Pollock y cometió una infracción sexual (grave para la época, los años cincuenta del siglo XX, hoy es algo ingenuo) que terminó en una nota periodística.

 

El hombre es muy tímido y no sabe cómo comenzar una situación que concluya en sexo. Recurre a una práctica que hoy, como mucho, se vería como un ligerísimo acoso.

 

Lee la noticia la gorgona de Gladys Cooper que ve la oportunidad de terminar para siempre con la levísima relación que están entablando el mayor y su hija Sibyl (la ya nombrada Deborah Kerr, en otra actuación impecable), que a instancias de su madre viene negando todo impulso sexual.

 

En el fondo el mayor Pollock y Sibyl son tal para cual, un tímido y una reprimida que mueren por dejar de serlo.

 

Pero la Sra. Railton-Bell se erige en árbitro moral, ¿tiene méritos para ello? ¡Ni ahí! Es una hipócrita cruel que aspira a seguir teniendo a la hija como una sirvienta sin paga.

 

Con El drama procederemos con mucho cuidado. La gracia es poder verla con la menor información posible de antemano.

 

Pero para delinear los términos de lo que queremos discutir, nos basta con describir la situación inicial. Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson) se van a casar y para alivianar los trámites de los preparativos de la fiesta, llevaron a la degustación de comidas y bebidas, entre las que tienen que elegir las que prefieren para el banquete, a un matrimonio amigo, Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie).

 

Entre vino y vino, Rachel recuerda un juego: confesar que fue lo peor que han hecho. En especial algo muy reprensible, que casi no tenga disculpa.

 

Cuando le toca el turno a Emma, expresa una situación que desata una intransigente ira moral por parte de Rachel. Emma no ha cometido lo que confesó, dijo que solo lo pensó y planeó. O sea, es un pecado de pensamiento, no de obra.

 

Pero Rachel, como en la doctrina católica, castigará el pecado inexorablemente, sea “de pensamiento, obra u omisión”

 

¿Quién la elige pilar moral de la cuestión? ¡Ella sola! ¿Merece el puesto? ¡Ni remotamente! Lo que ella confesó es infinitamente peor y nadie prendió una hoguera (real o figurada) para exterminarla.

 

Las dos películas motivan su conflicto en la mirada ajena. Y en como esta define nuestras conductas, nuestras percepciones y nuestros modos de pensar.

 

Y la estafa moral radica en anular el sentido común. Se escandaliza para que los individuos no puedan pensar con claridad y para que, llevados por la emoción, ejecuten un castigo injustificable e impongan un punto de vista, que sepulte la posibilidad de una consideración distinta, más flexible, menos categórica.

 

En las dos películas se vuelve al sentido común, después de dejar girones de personalidad, sensibilidad y raciocinio.

 

Pero esta vuelta a la generosidad y al altruismo suena más a final de cuento de hadas que a una concreción que pueda verse en la realidad.

 

Es que el poder establecido desde siempre no quiere ser cuestionado. Y para perpetuarse debe abarcar todos los aspectos de la vida en relación.

 

No quiere que una amplitud que ceda en una contingencia se extienda como norma en otras restricciones que le importan más. Como la estratificación en clases sociales, el control por la riqueza o la sujeción de los que están abajo.

 

Y entonces sociabilizar enceguece, atonta, te hace hacer lo que hacen todos, no sea cosa que te despiertes y veas el mundo cómo debería ser y no como lo que es.

Gustavo Monteros

El drama está ahora en cines. Mesas separadas puede verse en Prime Video.  

 


viernes, 17 de abril de 2026

Programa doble - Hoy: Mastroianni - Pirandello


 

En dos años consecutivos, en 1984 y 1985, Marcello Mastroianni estrenó dos películas basadas en trabajos de Luigi Pirandello. Ambas compitieron también en el Festival de Cannes.

 

En 1984 se presentó Enrique IV (Enrico IV) basado en la obra homónima de 1922 de Pirandello, dirigida por Marco Bellocchio y en 1985 fue el turno de Las dos vidas de Matías Pascal (Le due vite di Mattia Pascal), dirigida por Mario Monicelli, basado en la novela de 1904 de Pirandello, El difunto Matías Pascal (Il fu Mattia Pascal).

 

Durante años Enrique IV de Marco Bellocchio fue conocida por la banda de sonido creada por Astor Piazzolla, que incluía el tema “Oblivion”. La película en sí había sido un fracaso de público y la crítica no fue muy entusiasta. Un caso indiscutible de algo hecho antes de su tiempo, porque hoy tiene una vigencia inusitada.

 

El argumento es sencillo. Bellocchio la circunscribe en el momento de su realización o sea 1984. Enrique (Marcello Mastroianni) está desde hace 20 años encerrado en un palacio creyéndose el rey alemán medieval, Enrique IV.

 

La “locura” comenzó 20 años atrás, en una fiesta de carnaval, cuando un grupo de ricos aristócratas hicieron una cabalgata histórica disfrazados de personajes históricos. El futuro Enrique se cayó del caballo y se golpeó la cabeza. Recuperado asumió la identidad del personaje histórico del que estaba disfrazado.

 

Ahora, un psiquiatra intenta una cura. Los integrantes de aquella cabalgata, incluida la mujer (Claudia Cardinale) de la que estaba enamorado Enrique, se presentarán ante el monarca disfrazados, luego se despedirán y a la noche, luces eléctricas mediante, le crearán un antichoque y lo obligarán a asumir su verdadera identidad.

 

El tema de la obra y de la película es el límite de la identidad. ¿Existe la identidad independiente de su entorno? Si se asume un rol y los que lo rodean pretenden creerlo, ¿quiénes son los locos y quiénes los cuerdos? Si el engaño es consentido, ¿existe la mentira o es un caso de lógica invertida, otra forma de verdad?

 

Puede que, en 1984, las ideas de Pirandello no encontraran correlación con el público, preocupado por otras cuestiones, pero hoy en día, con las fake news, el algoritmo que puede sostener lo que sea que elijas creer, con el triunfo de la subjetividad emocional por sobre la lógica y la verdad científica, más la noción de la autopercepción, el planteo Pirandelliano interpela con contundencia.

 

Mastroianni, que andaba en 1984, por sus 60 años, da una actuación extraordinaria, excelsa, antológica. Y el maestro Bellocchio lo rodea de una puesta en escena de mucha belleza. Dato curioso, la película dura una hora con 23 minutos. De donde se comprueba que la profundidad no tiene por qué ser larguera.

 

En mi opinión Las dos vidas de Matías Pascal del maestro Monicelli está en las antípodas. Dura 3 horas con 20 minutos, y, reitero, según mi entender, no está lograda, aunque no aburre y se sigue con interés. La único en común con Enrique IV, aparte de la presencia del inmenso Mastroianni, es que transcurre en el momento de su realización, es decir 1985.

 

Quizá el mayor escollo de esta adaptación cinematográfica esté en la esencia de la novela original, que si se la trae a la pantalla al pie de la letra puede pasear por varios estilos y géneros.

 

Para empezar, Matías Pascal, es un personaje muy desagradable: está malcriado, es cómodo, indolente, inmaduro, irresponsable, un inútil en toda la regla. Muere el padre, y la familia, integrada ahora por la madre y un hermano, pierde la fortuna reunida por el difunto, a manos de quien fuera el administrador de los bienes, Malagna (Néstor Garay).

 

A pesar de que la tía Scolastica (Helen Stirling) se los advierte, ni Matías ni su hermano hacen nada. El hermano al menos tiene la disculpa de vivir en la ciudad y estar casado.

 

Matías, cual patriarca medieval, le mete mano a Olivia (Clelia Rondinella), hija del cuidador de las viñas. El “romance” no prospera porque Olivia se casará con Malagna.

 

Pasada la boda, una pariente política de Malagna, Romilda (Laura del Sol), a instancia de su insoportable madre, la viuda Pescatore, le tira los galgos a Matías.

 

Comienza entonces una clara farsa sexual. Matías embaraza a Romilda, pero esta se va con Malagna, que dejará a Oliva porque esta no le da el hijo que busca, prefiere criar el que tendrá Romilda.

 

Matías embaraza a Oliva y le pide que le diga a Malagna, que es hijo de él.

 

Malagna deja a Romilda que es obligada a casarse con Matías. Matías y su madre (Flori Cantori) terminan viviendo en casa de Romilda y su madre, la viuda Pescatore (Rosalia Maggio). Romilda tiene una hija, que muere al poco tiempo de nacer.

 

La viuda Pescatore tortura y humilla constantemente a la madre de Matías. Cuando se entera la tía Scolastica se la lleva a su casa, pero ya es tarde, la madre de Matías muere de tristeza casi de inmediato.

 

Matías, en el interín, consiguió por intermedio de su amigo, Mino Pomino (Alessandro Haber) un trabajo de asistente del bibliotecario municipal, (Carlo Bagno).

 

A todo esto, el entierro de la madre de Matías se hace a todo lujo y lo paga la tía Scolastica.

 

Y como el hermano de Matías no vino a las exequias, le envió un dinero a Matías, que va a compartirlo con su esposa y su suegra, pero como lo insultan, no se los da y se va.

 

De casualidad se sube a un tren que va a Montecarlo. Se hace de una pequeña fortuna y cuando decide volver, se entera que en el pueblo del que viene lo han dado por muerto.

 

Entonces se va a Roma y asume el nombre de Adriano Meis.

 

Hasta aquí, a pesar de cambios menores, puede decirse que Monicelli es fiel a la primera vida de Matías, según Pirandello, pero cuando comienza la de Adriano se permite unas cuantas licencias.

 

En el libro original, Adriano (el ex Matías) termina en una pensión, en la que el género dominante es el de una comedia dramática con romance.

 

El dueño de casa es un viejo que cree en el espiritismo, creencia estimulada por el nuero, viudo de la hija mayor del viejo. Este tipo estafó a una profesora de canto madurita, a la que le quitó un dinero importante. Esta profesora actúa de médium. Ahora el malandra anda detrás de la hija menor de la que se enamoró Matías / Adriano, hasta aquí, Monicelli se ajusta al original.

 

En la novela de Pirandello, el nuero estafador le roba a Matías / Adriano una buena tajada de dinero. Como este no puede ir a la policía sin traicionar la doble identidad, a pesar de su amor por la hija menor del viejo, finge un suicidio y vuelve al pueblo, a recuperar su rol de Matías.

 

En la película de Monicelli hay toda una subtrama para conseguir documentos a nombre de Adriano, y antes de volver al pueblo, se lleva a la hija menor del viejo de luna de miel anticipada a Venecia. Gasta toda la plata que le queda en casinos, y cuando se queda sin un centavo y la chica le dice que está embarazada, se hace el suicidado y se va.

 

El género de esta parte es más bien de policial negro, y Matías que en la novela no queda bien parado, en la versión Monicelli es lisa y llanamente un hijo de su mala madre. Eso sí, Monicelli respeta el final original, que no contaré.

 

Monicelli es uno de los grandes de cine italiano, pero fue tan prolífico que no todas sus películas tienen el nivel de excelencia indiscutida que alcanzan, por ejemplo, La armada Brancaleone o La grande guerra o Los desconocidos de siempre.

 

Esta es una película fluida, prolija, bien contada, pero sin un punto de vista claro. No se inmiscuye con el tema que Pirandello trata en la novela original: ¿se puede tener una identidad no contaminada por la visión de los otros, que por la estructura social dominante pueden determinar quienes tenemos que ser? Monicelli se inclina más por los vaivenes del destino, como los trata el policial negro.

 

Como sea, no empañan un recuerdo que aprecio. Mastroianni, como actor, y Monicelli, como director, hicieron una de las películas que más amo y nunca me canso de ver, un capolavoro de aquellos: Los compañeros.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de abril de 2026

Solos en el espacio - Hoy: Proyecto Fin del mundo


 

En inglés hay un dicho que sostiene que “El rayo nunca cae dos veces en el mismo lugar” (Lightning never strikes the same place twice). Si bien se insiste en que no es una verdad meteorológica, la expresión se usa para calmar a alguien al que le ha pasado algo rarísimo (una desgracia terrible o una mala suerte antológica o algo simplemente muy inusitado) con que no le pasará otra vez. No es el caso de Ryan Gosling.

 

En cine hay proyectos contados con los dedos de una mano que tienen la lógica de un unipersonal, aunque estén llenos de otros personajes y pletóricos de escenarios distintos. Me refiero a aquellos en los que un actor debe sostener todo el peso narrativo, interactuando con personajes que no se ven (o se ven, pero no hablan por sus medios) porque son imaginarios o inertes.

 

Ejemplos: en el viejo Hollywood tenemos a James Stewart y un conejo especial en Harvey (Henry Koster, 1950), más acá en el tiempo tenemos a Tom Hanks y una pelota de básquet en Náufrago (Cast Away, Robert Zemeckis, 2000), a Tom Hardy interaccionando con personajes que no aparecen en escena en Locke (Steven Knight, 2013), a Jake Gyllenhaal en Culpable (The Guilty, Antoine Fuqua, 2021), la remake de una película dinamarquesa de 2018 (Den skyldige, Gustav Möller) y a dos perdidos en el espacio, Moon (En la luna, Duncan Jones, 2009) y Sandra Bullock en Gravity (Gravedad, Alfonso Cuarón, 2013).

 

Como se ven, son proyectos raros, inusuales, extraordinarios (adjetivo muy gastado que en este caso es exacto). Y aunque muy escasos, Ryan Gosling ya va por el segundo (si hay tormenta eléctrica no se le acerquen). El primero cimentó su fama: Lars y la chica real (Lars and the Real Girl, Craig Gillespie, 2007) en el que se enamoraba de una muñeca sexual de escala humana y ahora este Proyect Hail Mary (Proyecto Ave María, en el original) (Phil Lord, Christopher Miller, 2026), rebautizado para estos parajes como Proyecto Fin del mundo, en el que interacciona con…no, mejor no contarlo.

 

Proyecto Fin del mundo es una película de ciencia ficción, que se centra, como su título lo indica, en el advenimiento de otro fin del mundo (uno más y van…). Mejor contar poco y nada del argumento para no arruinar sorpresas.

 

Como ya habrán notado los más suspicaces, la ciencia ficción no es “my cup of tea” (expresión que se traduciría como “de mi preferencia”). Eventualmente termino viendo todas las que tienen destino de referencia cultural, y a decir verdad las disfruto, aunque no me abalanzo con la misma expectativa con la que espero, pongamos, algún policial, un musical, una comedia o un drama original.

 

Los que no somos adeptos a un género tendemos a percibir las fallas de lógica con mayor efectividad que los seguidores del mismo que son más indulgentes con los tropos que hacen a su esencia.

 

Todo género tiene sus elementos constitutivos, sus idiosincrasias, sus herramientas insustituibles, sus tropos inherentes.

 

En un policial negro, si hay una mujer fatal que seduce al detective, terminará, en más casos que no, traicionándolo por estar envuelta en la trama en que lo involucró.  Y los seguidores de ese género lo sabemos, pero hacemos como que lo ignoramos para no perder la diversión.

 

En las películas de guerra, si un personaje en un momento de calma se pone a hablar de planes futuros, de lo que hará cuando el horror termine, con más certeza que no, acabará muerto antes que la historia concluya. Pero los seguidores del género no dicen, cuando empieza a desgranar proyectos, sonaste, hermano, terminás bajo tierra. No, fingen ignorancia, para conmoverse cuando se cumpla el destino previsible de tal personaje.

 

En los viejos westerns, cuando cerca del final, los indios o los forajidos tenían a mal traer a los buenos que estaban a punto de ser diezmados, eran salvados a ultísimo momento por la proverbial caballería. Y los seguidores no se enojaban cuando esto pasaba, porque ansiaban que sucediera.

 

 

Fui a ver Proyecto Fin del mundo con un amigo al que le gusta la ciencia ficción. Sin embargo, a poco de empezada la película, notó la primera incongruencia. El protagonista se despierta, en una nave en pleno espacio, después de un coma inducido. Le han crecido la cabellera y la barba de una manera notable, tanto que un bot intenta cortárselas, pero, señala mi amigo, ¡no las uñas! Me rio y le digo por lo bajo, son poco cinematográficas, excepto para Fu Man Chu o para un Nosferatu. Buena observación la de mi amigo. Quisieron denotar el paso del tiempo con el crecimiento capilar, pero se olvidaron de que las uñas también crecen. Los fanáticos del género que nos rodeaban no lo notaron o no les importó, era para ellos una insignificancia a ignorar o perdonar.

 

Cuando la comenté con otro amigo, que también la había visto, dije que tenía como catorce finales. No entendiste nada, me dijo, en tu afán porque termine, no te diste cuenta de que esos supuestos finales era solo distintas interacciones entre el protagonista y el miembro de la otra especie, capítulos de una relación que son en realidad el centro de la historia.

 

Como soy un Zapata (o sea que, si no la gana, la empata), puede ser, le digo, pero la nave del protagonista era infinita o le volvía a crecer lo que perdía, porque en las distintas instancias conflictivas se van desprendiendo de partes, que parecen volver intactas en la próxima desventura, en que vuelven a perderlas de nuevo y así. Y se la pasan hablando de falta de combustible, pero nunca se quedan varados y van de acá para allá y siempre con el tanque lleno y no hay estaciones de servicio en el espacio.

 

Este otro amigo se ríe y me dice: ¡Es la lógica establecida en la primera temporada de Viaje a las estrellas! ¡Jamás se pierden del todo las partes que hacen andar a la nave y nunca se quedan sin combustible! ¡Hacen al género, tanto o más que los trajes espaciales!

 

Aunque parezca que no, disfruté enormemente de la película. Las dos horas y media que dura se me pasaron en un suspiro.

 

Ryan Gosling tiene espalda como sostener la película que le endilguen y mostrar más matices que un cuadro de Turner. Ostenta el encanto de un Cary Grant y no tiene pudor de exhibirlo, descaro típico de las estrellas clásicas, que los actores de hoy parecen haber perdido.

 

Y los coordinadores musicales nos deparan un placer inconmensurable, porque en un par de secuencias ponen dos temas que se caen de tan argentinos, aunque uno sea la composición de una chilena. El otro es indiscutiblemente argentino. Un tangazo de aquellos. Los dos engalanan las escenas en las que están y nos mimosean los oídos. Semejante calidad musical da como para salvar a la humanidad. ¡Otra vez!

Gustavo Monteros


viernes, 3 de abril de 2026

El estreno de la semana - Hoy: Eat Pray Bark (Comer rezar ladrar)


 

La letra dice: “Estoy mirando atrás y puedo ver mi vida entera”, y yo por hacerme el gracioso, la cambio y canto “Estoy mirando atrás y puedo ver la cucha del perro” El chiste, no muy gracioso, por cierto, es sustituir la retrospección filosófica del original por un realismo ramplón, objetivo y nada metafórico.

 

Estamos hablando, claro, de “A mi manera”, de la traducción al castellano de “My Way”, la canción con letra al inglés de Paul Anka, basada en la francesa, "Comme d'habitude", compuesta por Claude Françoise, Jacques Revaux y Gilles Thibault y que inmortalizara Frank Sinatra.

 

Pero esta mezcla que hago con la mirada al pasado y algo relacionado con un perro no es gratuita, porque se me ha dado por pensar que los mejores años de mi vida fueron los compartidos con perros, y que, si se me diera la oportunidad de volver a vivir mi vida, no pasaría un día sin perro.

 

Procuro no humanizar a los perritos, pero tampoco animalizarme yo. Por eso no me siento cómodo cuando hablan de “mis hijos perros” o “mi familia perruna”. Yo soy yo y el perro es el perro. Dos especies diferentes que pueden convivir acompañándose y completándose necesidades básicas. Porque un perro vive mejor bajo techo, con la comida garantizada, atención veterinaria y el largo etcétera, que podemos resumir como cuidado y afecto. Y un hombre vive mejor si lo esperan cuando llega de la calle, si le reclaman una caricia para el lomo, y le andan al lado de aquí para allá, como si uno fuera alguien valioso del que no hay que perderse ni un gesto (y si es algo contundente y carnívoro como para masticar y tragar, mejor).

 

No paran de escribirse libros sobre la relación hombre-mascota, y si bien los gatos tienen sus adeptos, los perros van ganando por goleada en la preferencia de los autores.

 

Y de hacerse películas también. Acaba de llegar al streaming de la gran ene roja (no comunista, que todo lo rojo no siempre es de izquierdas), una comedia alemana producida por dicho sello, dirigida por Marco Petry, con guion de Jane Ainscough, Hortense Ulrich y el propio director.

 

El título Eat Pray Bark (2026), o sea Comer, rezar, ladrar juega con el de la exitosísima comedia con Julia Roberts, Eat Pray Love (Ryan Murphy, 2010), basada en el best seller de Elizabeth Gilbert, o sea Comer Rezar Amar, que casualmente, o no tanto, puede verse también en la gran ene roja.

 

Y aquí el chiste de cambiar “amar” por “ladrar” viene a cuento porque es de perritos, claro, más precisamente, como corresponde, o no, de perritos y humanos.

 

Cuatro perros no andan llevándose del todo bien con sus humanos, los que recurren a un adiestrador-gurú de raigambre “celta”, perdido en el Tirol, para que los disciplinen. La premisa del argumento es que, como en el 99, 99 % de los casos, los perros no son el problema sino los humanos.

 

Estos son Ursula Brandmeier (Alexandra Maria Lara), una política que en el off de un programa televisivo dijo que odia los perros y que se mataría antes de tener uno. El off no era tal y ahora para limpiar su imagen, debe entenderse con Brenda, una supuestamente rebelde caótica, rescatada de la perrera.

 

Babs (Anna Herrmann), una chica con antecedentes de enfermedades mentales, que no puede con Torsten, un perrito al que el comité veterinario puede quitárselo, si no aprende a lidiar con él.

 

Hakan (Kerim Waller), un hombre taciturno y muy poco sociable, que le puso un bozal de metal a su perrita Roxi, a la que acusa de no sabemos muy bien de qué.

 

Y Helmut (Devid Striesow), un maduro profesor universitario de literatura del siglo XIX y su pareja, Ziggy (Doga Gürer), un emprendedor que fabrica velas aromáticas, que acusa a Helmut de no entenderse con su perrita Gaga, que parece rechazar a Helmut con ahínco.

 

Todos se tomarán un tren y se bajarán en un pueblito del Tirol que, en respuesta a su fama internacional, es igual de bello a todas las tarjetas postales resplandecientes que lo publicitan.

 

Allí se encontrarán con Nordon (Rúrik Gíslason), el gurú celta, apolíneo como una estatua y rubio y apuesto como se espera de los nórdicos.

 

No es un espóiler decir que los perritos, con la ayuda del adiestrador “celta”, lograrán enderezar las torcidas comunicaciones que tienen con sus humanos.

 

Hay caracterizaciones claras y diálogos certeros, lo que permite el lucimiento de los actores que sin excepción son de buenos a excelentes.

 

Y los perritos no se quedan atrás, por eso merecen que se los nombre, tal como hicimos con los actores que hacen de sus dueños (es una manera de decir, porque la relación, por más que parezca de dominio humano, es más de paridad que de sujeción).

 

Ellos son Dotty como Brenda, Wilma y Dante como Torsten, Clooney y Lillyfee como Gaga, Karma y Ghana como Roxy y Mokka como Heidi, la perrita de Nordon.

 

Eat Pray Bark es una feel-good movie, que cumple con la definición del género al que pertenece, uno durante y después de verla se siente bien. La película termina por decir que la solidaridad, la generosidad y el entendimiento son posibles. No sé si es cierto, pero qué lindo sería que lo fuera.

 

Gustavo Monteros


viernes, 27 de marzo de 2026

Programa doble - Hoy: La historia del sonido - Kokuhô


 

La historia del sonido (The History of Sound, 2025) es una historia de amor de época, basada en cuentos de Ben Shattuck, con guion del mismo Shattuck, y dirección de Oliver Hermanus.

 

La cosa empieza así. Es 1917 y estamos en Nueva Inglaterra. Algunos alumnos del Conservatorio de Música se entretienen en un pub. En el piano del lugar, David White (Josh O’Connor) desgrana viejas melodías anónimas. Lionel Worthing (Paul Mescal) se le une y canta. Su voz es muy hermosa. Terminan la noche juntos, entre sábanas. El encuentro tuvo la naturalidad de las cosas que tienen que pasar. David pone límites temporales (verse solo los fines de semana) que Lionel acepta.

 

Estados Unidos entra en la Primera Guerra Mundial, las clases en el Conservatorio se suspenden, David es movilizado para la Infantería, y Lionel regresa a la granja familiar en Kentucky. Al despedirse, Lionel le dice a David una línea que quizá sobreviva en la memoria colectiva: “Write. Send chocolate. Don’t die” (Escribí. Mandá chocolate. No mueras).

 

En 1919, David le escribe a Lionel contándole que está de vuelta, que tiene un trabajo en la Universidad de Maine y que hará una investigación de campo, registrando canciones folklóricas anónimas en cilindros de cera. David pide a Lionel que lo acompañe. Lionel va y la relación entre ambos se consolida.

 

Terminado el viaje por los lugares que debían cubrir, se separan nuevamente. Prometen escribirse, pero la correspondencia se interrumpe cuando David deja de responder. Entonces…

 

Kokuhô (2025) es un drama de época, de resonancias épicas, basado en una novela de Shûichi Yoshida, con guion del propio Yoshida y Satoko Okudera, dirigido por Sang-il Lee.

 

La cosa empieza así. Es 1964 y estamos en Nagasaki. En una fiesta de fin de año del clan yakuza de Tachibana, el renombrado actor de kabuki, Hanai Hanjiro II (Ken Watanabe) ve una obra protagonizada por el hijo del jefe del clan, Kikuo Tachibana en onnagata (representación de personajes femeninos hecha por un actor). Finalizada la función, un grupo yakuza rival ataca y el padre de Kikuo muere asesinado. Kikuo, tiempo después, intenta vengarse y falla.

 

Al año siguiente, Kikuo (Ryô Yoshizawa) es aceptado como aprendiz en la compañía kabuki comandada por Hanjiro. Kikuo responderá al nombre artístico de Toichiro y se entrenará con Shansuke (Ryûsei Yokohama) que responderá al nombre artístico de Hanya. Shansuke / Hanya es hijo de Hanjiro y heredero de la casa de kabuki Tanba-ya.

 

Entre Kikuo / Toichiro y Shansuke / Hanya habrá respeto, rivalidad, complicidad, rencor, afecto y comprensión. Llevan el kabuki en la sangre y harán lo que sea para prevalecer juntos o separados en el escenario como estrellas de onnagata. Entonces…

 

Estas dos películas tienen en común que se presentaron en el Festival de Cannes 2025. La historia del sonido en la competencia oficial y Kokuhô en la Quincena de Realizadores. Kokuhô logró también una nominación al Oscar por Mejor maquillaje y peinados (perdió ante el Frankenstein de Guillermo del Toro).

 

Las dos son de época y las dos son de llorar a mares y, sin embargo, dejan los ojos secos.

 

¿Por qué? Solo se puede responder con conjeturas. La realización de ambas es impecable.

 

¿Acaso hay saberes que el cine ya perdió? Antes, no hace mucho, hasta los menos dotados cultores de estos géneros sabían qué cuerdas tocar para que el público no quedara indiferente. Nos hacían llorar hasta con el entierro de una muñeca. Y hoy los destinos trágicos de personajes con los que convivimos más de dos horas nos dejan incólumes.

 

Los actores exhiben densidad emocional, las historias están prolijamente contadas, todos los rubros técnicos están a las mejores alturas, los directores se muestran diestros y aún así…

 

Es obvio que el cine, por muchos factores, ya no es lo que era. Pero si pierde la esencia de emocionar, ¿qué queda? Mucho, dirá un pragmático. No solo de emocionar va la cosa, agregará. Bueno. Y eso que queda, ¿alcanza?

Gustavo Monteros