La
historia del sonido
(The History of Sound, 2025) es una historia de amor de época, basada en
cuentos de Ben Shattuck, con guion del mismo Shattuck, y dirección de Oliver
Hermanus.
La cosa
empieza así. Es 1917 y estamos en Nueva Inglaterra. Algunos alumnos del
Conservatorio de Música se entretienen en un pub. En el piano del lugar, David
White (Josh O’Connor) desgrana viejas melodías anónimas. Lionel Worthing (Paul
Mescal) se le une y canta. Su voz es muy hermosa. Terminan la noche juntos,
entre sábanas. El encuentro tuvo la naturalidad de las cosas que tienen que
pasar. David pone límites temporales (verse solo los fines de semana) que
Lionel acepta.
Estados
Unidos entra en la Primera Guerra Mundial, las clases en el Conservatorio se
suspenden, David es movilizado para la Infantería, y Lionel regresa a la granja
familiar en Kentucky. Al despedirse, Lionel le dice a David una línea que quizá
sobreviva en la memoria colectiva: “Write. Send chocolate. Don’t die” (Escribí.
Mandá chocolate. No mueras).
En 1919,
David le escribe a Lionel contándole que está de vuelta, que tiene un trabajo
en la Universidad de Maine y que hará una investigación de campo, registrando
canciones folklóricas anónimas en cilindros de cera. David pide a Lionel que lo
acompañe. Lionel va y la relación entre ambos se consolida.
Terminado el
viaje por los lugares que debían cubrir, se separan nuevamente. Prometen
escribirse, pero la correspondencia se interrumpe cuando David deja de
responder. Entonces…
Kokuhô (2025) es un drama de época, de
resonancias épicas, basado en una novela de Shûichi Yoshida, con guion del
propio Yoshida y Satoko Okudera, dirigido por Sang-il Lee.
La cosa
empieza así. Es 1964 y estamos en Nagasaki. En una fiesta de fin de año del
clan yakuza de Tachibana, el renombrado actor de kabuki, Hanai Hanjiro II (Ken
Watanabe) ve una obra protagonizada por el hijo del jefe del clan, Kikuo
Tachibana en onnagata (representación de personajes femeninos hecha por un
actor). Finalizada la función, un grupo yakuza rival ataca y el padre de Kikuo
muere asesinado. Kikuo, tiempo después, intenta vengarse y falla.
Al año
siguiente, Kikuo (Ryô Yoshizawa) es aceptado como aprendiz en la compañía
kabuki comandada por Hanjiro. Kikuo responderá al nombre artístico de Toichiro
y se entrenará con Shansuke (Ryûsei Yokohama) que responderá al nombre
artístico de Hanya. Shansuke / Hanya es hijo de Hanjiro y heredero de la casa
de kabuki Tanba-ya.
Entre Kikuo
/ Toichiro y Shansuke / Hanya habrá respeto, rivalidad, complicidad, rencor,
afecto y comprensión. Llevan el kabuki en la sangre y harán lo que sea para prevalecer
juntos o separados en el escenario como estrellas de onnagata. Entonces…
Estas dos
películas tienen en común que se presentaron en el Festival de Cannes 2025. La
historia del sonido en la competencia oficial y Kokuhô en la
Quincena de Realizadores. Kokuhô logró también una nominación al Oscar
por Mejor maquillaje y peinados (perdió ante el Frankenstein de
Guillermo del Toro).
Las dos son
de época y las dos son de llorar a mares y, sin embargo, dejan los ojos secos.
¿Por qué?
Solo se puede responder con conjeturas. La realización de ambas es impecable.
¿Acaso hay
saberes que el cine ya perdió? Antes, no hace mucho, hasta los menos dotados
cultores de estos géneros sabían qué cuerdas tocar para que el público no
quedara indiferente. Nos hacían llorar hasta con el entierro de una muñeca. Y
hoy los destinos trágicos de personajes con los que convivimos más de dos horas
nos dejan incólumes.
Los actores
exhiben densidad emocional, las historias están prolijamente contadas, todos
los rubros técnicos están a las mejores alturas, los directores se muestran
diestros y aún así…
Es obvio que
el cine, por muchos factores, ya no es lo que era. Pero si pierde la esencia de
emocionar, ¿qué queda? Mucho, dirá un pragmático. No solo de emocionar va la
cosa, agregará. Bueno. Y eso que queda, ¿alcanza?
Gustavo
Monteros


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