Harto de que me suden hasta las ideas, elijo ver películas
que transcurran en fríos intensos a ver si me disminuyen el calor, aunque más
no sea por ósmosis. Opto por dos que no solo transcurren en invierno, se llaman
igual, en inglés y en español (o sea en el original y en su traducción) sino
que pertenecen al mismo género, el thriller.
La primera que veo es de 2025, la dirigió Brian Kirk y la
protagoniza Emma Thomspon. La segunda es de 1987, la dirigió el maestro Arthur
Penn y la protagoniza Mary Steenburgen.
En Dead of Winter / Muerte en invierno, de 2025, Barb
(Emma Thompson), viuda reciente, se dispone a cumplir la última voluntad de su
marido, que implica volver a donde tuvieron su primer fin de semana compartido.
Como es gente cercana a la naturaleza, se trata de volver a un lago helado en
un rincón perdido del mapa. Y como no es mujer a la que va a detener una
tormenta de nieve y viento, allá va ella. Con tan poca fortuna (para ella y
mucha para el espectador) que se cruza con el secuestro de una mujer joven.
Entonces dos preguntas se imponen. ¿Qué hará Barb? ¿Por qué se produjo el
secuestro?
En Dead of Winter / Muerte en invierno, de 1987 Katie
McGovern (Mary Steenburgen) una actriz desconocida y sin trabajo acepta suplantar
a otra que “por motivos personales” abandonó una filmación, que se lleva a cabo
en una cálida y confortable mansión, alejada de la civilización y perdida entre
bosques y montañas heladas. La aislada mansión pertenece al Dr. Lewis (Jan
Rubes), un psiquiatra que oficia asimismo de productor de la película. Este médico
en silla de ruedas es atendido por un secretario / cocinero / mucamo /
mayordomo y para lo que guste mandar, el Sr. Murray (Roddy McDowall). Katie
pronto comprenderá que el tándem Lewis – Murray se traen entre manos algo más
que una filmación. Algo que puede ser letal para Katie, si no se despabila a
tiempo. Entonces dos preguntas se imponen. ¿De qué viene la trama esta del
reemplazo? ¿Y el gato encerrado del posible chantaje involucra acaso un
asesinato?
Para disfrutar plenamente de estos dos thrillers conviene
aceptar las convenciones del género y no volverse muy quisquilloso con la
lógica. No es que pidan una extraordinaria suspensión de la credibilidad, pero
tampoco andarle contando las costillas a la trama, que no en vano cada género
viene con sus aspectos fundantes, sus licencias permitidas, sus trampas
constituyentes y sus desenlaces insospechados, aunque a veces vengan traídos de
los pelos.
Porque si en las de amor, por más que no todos se quieran
casar, no por eso van a evitarnos la linda boda final que augura que serán
felices o algo así y que comerán las perdices. Del mismo modo, los thrillers se
permiten balas que no salen, policías despistados e ineficientes y salvaciones
sobre la hora.
Me enredé. La cosa es sencilla. Si se aceptan las
convenciones, las dos películas cuentan con personajes atrayentes y de segura
identificación, historias bien perfiladas y actuadas, y finales cortantes y
nada abiertos.
O sea que me entretuvieron mucho y si no me refrescaron, me
hicieron olvidar por un rato el calor insoportable. Y cuando una película te
hace olvidar por un rato las situaciones adversas que te atraviesan, es buena.
En mi manual y en el de todos.
(La de Emma Thompson gira todavía por los cines, la de Mary
Steenburgen puede verse hoy por hoy en Prime Video)
Gustavo Monteros


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