viernes, 13 de marzo de 2026

Programa doble - Hoy: Cha, Cha, Real Smooth, ¡a bailar! - Lo siento, cariño.


 

Cha Cha Real Smooth, ¡a bailar! (Cha Cha Real Smooth, en el original, dirigida por Cooper Raiff, 2023) y Lo siento, cariño (Sorry, Baby, en el original, dirigida por Eva Victor, 2025) tienen en común que fueron escritas, actuadas y dirigidas por los ya mencionados, Cooper Raiff y Eva Victor.

 

Los dos nacieron en la década de los noventa, Raiff en 1997 y Victor en 1992. De modo que, al momento del estreno de sus películas, Victor tenía 31 años y Raiff, 26 años.

 

Los dos filmes son comedias dramáticas que los críticos hablantes del inglés definen como insólitas, peculiares o extravagantes (es decir, que saltean el canon usado para las producciones industriales o comerciales.

 

Los dos filmes son también sobre el acceso a la madurez.

 

En Cha Cha Real Smooth, Andrew (Cooper Raiff) arrastra el karma de enamorarse de mujeres mayores. Cuando estaba por dejar la pubertad se enamoró de una animadora de fiestas, una adolescente hecha y derecha. De allí le debe venir el respeto por esa profesión.

 

De vuelta de la universidad, Andrew acompaña a su hermano menor, David (Evan Assante) a un Bar Mitzvah. Al ver que el hielo no se rompía y que la fiesta no arrancaba, se puso a animar y al rato, tenía a todos, chicos y adultos, bailando.

 

Las ovejas negras de la fiesta eran Domino (Dakota Johnson), a la que se acusa de un supuesto comportamiento licencioso y su hija, Lola (Vanessa Burghardt), un poco mayor que el resto de los demás chicos, porque es autista.

 

Andrew comenzará a enamorarse de Domino (imposible no hacerlo) y logrará comunicarse fluidamente con Lola.

 

Tanto es el éxito de su animación que las demás madres de esta temporada de Bar Mitzvah lo contratarán para que se encargue de sus respectivas fiestas.

 

La madre de Andrew y David (Leslie Mann) sufre de un trastorno bipolar y el padrastro (Brad Garrett) con el que los chicos no congenian mucho, parece ser un buen tipo, enamorado y contenedor, pero con un sentido del humor medio inhallable, o secreto.

 

David anda detrás del primer beso y Andrew quiere resarcirse de los malos trabajos que halla (su puesto formal es en un restaurant rápido, especializado en panchos) y de los amores poco o nada correspondidos.

 

Domino, desde todo punto de vista no es un buen prospecto amoroso. Es seductora, atractiva y su fragilidad desarma, pero es compleja, tiene varios temas sin resolver y es una madre responsable que se hace cargo del autismo de su hija y tiene un pretendiente, Joseph, un abogado brillante y exitoso (Raúl Castillo).

 

Y Domino es, el esquema se repite, muy mayor para Andrew que, aunque intente lucir aplomo de sabiduría, tiene solo 22 años y mucho por aprender de la vida, el amor, y esos misterios. Para decirlo en simple, la va de maduro, pero está más verde que el verde limón.

 

En Sorry, Baby, Agnes (Eva Victor) al menos en un principio atraviesa el último año de la universidad como una niña mimada, todo le sonríe.

 

Estudia Literatura y parece estar naturalmente dotada para los dobleces de la lectura y los recovecos de la interpretación.

 

Su compañera de cuarto y de estudios, Lydie (Naomi Ackie) la quiere y la respeta.

 

El profesor que supervisa su tesis, un novelista con una brillante opera prima al que le cuesta el segundo opus, (un lugar común de estas historias) Preston Decker (Louis Cancelmi) la llena de elogios.

 

Y hasta tiene su némesis para ratificar su valía, Natasha (Kelly McCormack) que la detesta y la envidia de todas las maneras posibles.

 

Pero el día aciago no tarda en llegar, al profesor Preston Decker no se le ocurre nada mejor que discutir la tesis en su domicilio particular. En algún momento de esa tarde-noche, Decker abusa de Agnes. No vemos la escena, la vemos entrar a y salir de la casa. En el medio, el tiempo transcurrido es contado por imágenes físicas de la parte delantera de la casa, a medida que la tarde cae y la noche se instala.

 

Ella recuerda (o quiere recordar) poco de lo sucedido. El resto del metraje es verla lidiar con el trauma de lo que pasó.

 

Los éxitos seguirán. Ella será una excelente docente de literatura de la universidad. Su amiga Lydie progresará emocionalmente, pero Agnes arrastra los efectos del abuso, aunque tenga un vecino, Gavin (Lucas Hedges) que la contiene sexualmente y que querría avanzar en una relación con ella…el día de mañana, porque el presente de Agnes, en relaciones interpersonales, está en conflicto.

 

La película está estructurada en escenas breves encabezadas con un subtítulo, a modo de título de capítulo. Así la veremos adoptar el gato del título y relacionarse con un especialista en sándwiches, Pete (John Carroll Lynch).

 

Las dos películas son frescas y muestran ganas de reformular lo que es tan viejo como el tiempo: la superación de conflictos vitales respecto de las profesiones y de las relaciones amorosas.

 

Carecen del cálculo cínico del profesionalismo industrial y de la impronta zombi de los guiones casi concebidos por entero (es lo que quiero creer) por la IA, y no es que le sobren escenas, metraje o minutos, pero siguen martillando el clavo cuando un carpintero más ducho ya habría dejado el martillo a un lado. Pero así como nadie muere en la víspera, nadie es maestro antes de tiempo.

Gustavo Monteros


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