Cha Cha Real Smooth, ¡a bailar! (Cha Cha Real
Smooth, en el original, dirigida por Cooper Raiff, 2023) y Lo
siento, cariño (Sorry, Baby, en el original, dirigida por Eva Victor, 2025)
tienen en común que fueron escritas, actuadas y dirigidas por los ya
mencionados, Cooper Raiff y Eva Victor.
Los dos nacieron en la década de los noventa, Raiff en 1997
y Victor en 1992. De modo que, al momento del estreno de sus películas, Victor
tenía 31 años y Raiff, 26 años.
Los dos filmes son comedias dramáticas que los críticos
hablantes del inglés definen como insólitas, peculiares o extravagantes (es
decir, que saltean el canon usado para las producciones industriales o
comerciales.
Los dos filmes son también sobre el acceso a la madurez.
En Cha Cha Real Smooth, Andrew (Cooper Raiff)
arrastra el karma de enamorarse de mujeres mayores. Cuando estaba por dejar la
pubertad se enamoró de una animadora de fiestas, una adolescente hecha y
derecha. De allí le debe venir el respeto por esa profesión.
De vuelta de la universidad, Andrew acompaña a su hermano
menor, David (Evan Assante) a un Bar Mitzvah. Al ver que el hielo no se rompía
y que la fiesta no arrancaba, se puso a animar y al rato, tenía a todos, chicos
y adultos, bailando.
Las ovejas negras de la fiesta eran Domino (Dakota
Johnson), a la que se acusa de un supuesto comportamiento licencioso y su hija,
Lola (Vanessa Burghardt), un poco mayor que el resto de los demás chicos,
porque es autista.
Andrew comenzará a enamorarse de Domino (imposible no
hacerlo) y logrará comunicarse fluidamente con Lola.
Tanto es el éxito de su animación que las demás madres de
esta temporada de Bar Mitzvah lo contratarán para que se encargue de sus
respectivas fiestas.
La madre de Andrew y David (Leslie Mann) sufre de un
trastorno bipolar y el padrastro (Brad Garrett) con el que los chicos no
congenian mucho, parece ser un buen tipo, enamorado y contenedor, pero con un
sentido del humor medio inhallable, o secreto.
David anda detrás del primer beso y Andrew quiere
resarcirse de los malos trabajos que halla (su puesto formal es en un
restaurant rápido, especializado en panchos) y de los amores poco o nada
correspondidos.
Domino, desde todo punto de vista no es un buen prospecto
amoroso. Es seductora, atractiva y su fragilidad desarma, pero es compleja,
tiene varios temas sin resolver y es una madre responsable que se hace cargo
del autismo de su hija y tiene un pretendiente, Joseph, un abogado brillante y
exitoso (Raúl Castillo).
Y Domino es, el esquema se repite, muy mayor para Andrew
que, aunque intente lucir aplomo de sabiduría, tiene solo 22 años y mucho por
aprender de la vida, el amor, y esos misterios. Para decirlo en simple, la va
de maduro, pero está más verde que el verde limón.
En Sorry, Baby, Agnes (Eva Victor) al menos en un
principio atraviesa el último año de la universidad como una niña mimada, todo
le sonríe.
Estudia Literatura y parece estar naturalmente dotada para
los dobleces de la lectura y los recovecos de la interpretación.
Su compañera de cuarto y de estudios, Lydie (Naomi Ackie)
la quiere y la respeta.
El profesor que supervisa su tesis, un novelista con una
brillante opera prima al que le cuesta el segundo opus, (un lugar común de
estas historias) Preston Decker (Louis Cancelmi) la llena de elogios.
Y hasta tiene su némesis para ratificar su valía, Natasha
(Kelly McCormack) que la detesta y la envidia de todas las maneras posibles.
Pero el día aciago no tarda en llegar, al profesor Preston
Decker no se le ocurre nada mejor que discutir la tesis en su domicilio
particular. En algún momento de esa tarde-noche, Decker abusa de Agnes. No
vemos la escena, la vemos entrar a y salir de la casa. En el medio, el tiempo
transcurrido es contado por imágenes físicas de la parte delantera de la casa, a
medida que la tarde cae y la noche se instala.
Ella recuerda (o quiere recordar) poco de lo sucedido. El
resto del metraje es verla lidiar con el trauma de lo que pasó.
Los éxitos seguirán. Ella será una excelente docente de
literatura de la universidad. Su amiga Lydie progresará emocionalmente, pero
Agnes arrastra los efectos del abuso, aunque tenga un vecino, Gavin (Lucas
Hedges) que la contiene sexualmente y que querría avanzar en una relación con
ella…el día de mañana, porque el presente de Agnes, en relaciones
interpersonales, está en conflicto.
La película está estructurada en escenas breves encabezadas
con un subtítulo, a modo de título de capítulo. Así la veremos adoptar el gato
del título y relacionarse con un especialista en sándwiches, Pete (John Carroll
Lynch).
Las dos películas son frescas y muestran ganas de
reformular lo que es tan viejo como el tiempo: la superación de conflictos
vitales respecto de las profesiones y de las relaciones amorosas.
Carecen del cálculo cínico del profesionalismo industrial y
de la impronta zombi de los guiones casi concebidos por entero (es lo que
quiero creer) por la IA, y no es que le sobren escenas, metraje o minutos, pero
siguen martillando el clavo cuando un carpintero más ducho ya habría dejado el
martillo a un lado. Pero así como nadie muere en la víspera, nadie es maestro
antes de tiempo.
Gustavo Monteros


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