A la dupla Tim Mielants (director) y Cillian Murphy (actor)
le gusta hacerse la vida difícil. Se conocieron trabajando en Peaky Blinders
y con cada nuevo proyecto, como veremos a continuación, se desafían, salen de
la zona de confort.
Pequeñas cosas como estas
(versión textual del título en inglés, Small Things Like These, una
excepción de aquellas en los títulos con que se distribuyen los estrenos en
Argentina, algunos de tan creativos parecen para otra película y no para la que
los adosan) (Tim Mielants, 2024) se basa en una novela muy elogiada de Claire
Keegan.
Estamos en 1985, cerca de Navidad, en Irlanda, Bill Furlong
(Cillian Murphy) trabaja en una distribuidora de carbón, elemento con el que
todos se calefaccionan. Mientras hace una entrega en un convento, atestigua
como una adolescente es sacada a la rastra de un auto y entregada a las monjas
que la retienen por la fuerza. La chica implora a su familia que no la dejen.
Bill no interviene y eso parece pesarle.
El hecho le desata recuerdos casi olvidados que le cuesta
contener. Nada dice de lo que vio en su trabajo o en su familia. Pronto notamos
que tanto en la casa como fuera de ella es más lo que no se dice que lo que se
expresa. Hay como una complicidad social que se sostiene con el silencio.
Eileen, la esposa de Bill (Eileen Walsh) le dice en un
momento una frase que nos retumbará con su sentido: “Si querés salir adelante,
hay cosas que tenés que ignorar.”
La madre superiora del convento del principio, la hermana
Mary (Emily Watson) es en el pueblo la figura de autoridad, aunque no ejerza
ningún cargo reconocible, como alcaldesa, intendenta, consejera escolar o algo
así. Pero sin duda es la que hace y deshace y manda con mano de hierro.
Los flashbacks de Bill con sus recuerdos irán completando
el cuadro, pero dan información con cuentagotas y uno debe habituarse a que
crean más dudas que certezas (a no desesperar, para el final la historia
cerrará con rotundidad).
¿Es Bill hijo de madre soltera? ¿El convento es parte de
las infames lavanderías de las Magdalena? ¿La madre de Bill trabajaba de sirvienta para
esa amable señora que ayudaba al niño Bill a hacer los deberes? ¿El muchacho
que es tan afectuoso con la madre de Bill es su padre? ¿Es pariente de la noble
señora u otro empleado?
Todos esperan que Bill sea sumiso ante el poder de la madre
superiora y de las diferencias de clase. Bill acepta que está en un escalón
debajo de los que viven en la casa solariega en la que pasó su infancia, pero
le pesa someterse al yugo de la monja y de lo que le pide, sujeción a su
mandato y humillación por apenas mantenerse a flote de la pobreza.
Bill tiene un punto muy débil, muchas hijas y todas
mujeres, pero ¿cómo las ayuda más? ¿Sometiéndose o levantando la cabeza y
diciendo no? Es claro que está solo, el poder es siempre sostenido por la
voluntad de los que eligen aceptarlo y sus conciudadanos están más que
dispuestos a perpetuarlo por más errado que el poder esté.
Es una buena película, intriga, te mantiene en vilo porque
querés saber por qué están todos tan incómodos, incluso en la comodidad de sus
casas.
Ayuda tener información sobre las lavanderías de la
Magdalena, pero si nada se sabe del tema ¿puede comprenderse la trama? Creo que
sí, a lo sumo se querrá averiguar qué clase de poder ejercen esas monjas tan
poco caritativas.
Es una película de atmósferas oprimentes, de climas de
inquietud, de claroscuros permanentes (tanto en la imagen como en el interior
de los personajes). A lo sumo exige que se le preste atención, algo poco
habitual en las películas que se hacen hoy en día, que parecen concebidas para
no tomarlas para nada en serio. Las actuaciones son impecables.
En Steve (Tim Mielants, 2025), Cillian Murphy es el
personaje del título. Es un director (también maestro) de una escuela
reformatorio para adolescentes con serios problemas de conducta, debido a
traumas creados en los hogares o ambientes hostiles en los que se criaron hasta
ahora, algunos tienen también diversos problemas de adicción.
Steve también y debe tener lo que lo aqueja bajo control,
lo que no es fácil y ante los que sucumbirá a lo largo del día.
Es que la escuela está en una casona que estuvo descuidada,
en medio de un predio amplio con árboles y vegetación profusa, que la autoridad
política que los visita (no pidan que haga una correlación con el sistema
político nuestro, porque sería confuso y complicado, el sistema inglés tiene
sus peculiaridades) quiere que abandonen a fin de año para vender el lugar.
El estado abandona otra vez a los miembros más débiles de
la sociedad, víctimas de entornos nocivos, creados por el mismísimo
establishment que nunca quiere hacerse cargo de lo que sostiene y promueve.
Los psicólogos y pedagogos se desesperan porque los chicos
no estarán listos para reinsertarse en solo seis meses, que es el tiempo máximo
antes de la evacuación.
Los problemas mentales o de descontroles violentos o alto
nivel de conflicto no están disimulados. Son mostrados con crudeza, lo que
puede llevar a pensar si vale la pena darles una oportunidad. La respuesta es
¡sí!
Ningún estado que se precie de tal debe dejar a sus
ciudadanos más indefensos a la buena de Dios. Es una verdad de Perogrullo que
los garcas de siempre quieren que olvidemos: es con todos adentro, no solo con
los privilegiados.
Es una película dura, violenta, gritada, exacerbada,
actuada inmejorablemente, tanto los chicos en problemas como la variedad de
adultos contribuyen a que el cuento se cuente de la mejor manera.
Emily Watson tiene aquí un personaje más humano que la
gorgona que hace en la película anterior, reseñada arriba, de la dupla Mielants
/ Murphy. También Tracey Ullman se hace notar porque celebra una vez más su
compromiso actoral de toda la vida.
Mielnats / Murphy se la hacen difícil, pero tienen el
talento para transformar el desafío en logro.
Gustavo Monteros


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