jueves, 4 de diciembre de 2014

Chef: la receta de la felicidad


Chef, la receta de la felicidad, es ante todo una declaración de amor a la comida. Es también la historia de un hombre que perdió el rumbo y que vuelve a los orígenes para recuperarlo. Es de esas películas que uno sigue todo el tiempo con una sonrisa. La escribió, la dirigió y la protagoniza Jon Favreau, secundado por John Leguizamo, el niño Embay Anthony, Sofia Vergara, Oliver Platt, con participaciones de Dustin Hoffman, Scarlett Johansson, Robert Downey Jr y Bobby Cannavale. No sé si tiene la receta de la felicidad como asegura el subtítulo agregado por los distribuidores locales, pero encanto no le falta.

Welcome to New York


Como en su legendaria Un maldito policía (Bad lieutenant, 1992), Abel Ferrara vuelve a seducir y repeler en igual medida. Welcome to New York es una reformulación indagatoria del escándalo que envolvió al ex-presidente del FMI Dominique Strauss-Kahn cuando una empleada del hotel donde se alojaba lo acusó de haberla atacado sexualmente. El estilo elegido es el de un falso documental, el de un reality show. El film se abre con un reportaje a Gerard Depardieu quien expresa las dificultades y el desagrado que sintió al encarnar este personaje, pasamos al film propiamente dicho y hay una media hora que coquetea con el soft porno para revelarnos la cotidianeidad del personaje principal, llegamos al ataque a la mucama, la detención y el encierro domiciliario mientras dura el juicio, encierro que desatará la lengua y expondrá que el monstruo alguna vez no fue monstruo. Depardieu desnuda su envejecido y gordo cuerpo y también la perdurabilidad de su inmenso talento; Jacqueline Bisset, espléndidamente madura, desnuda solo su talento.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Antes del frío invierno



Los ricos también lloran rezaba el título de la vieja telenovela con la Castro y esta película vendría a decir que los ricos también sufren crisis emocionales. Sí, estamos en el terreno de Claude Chabrol o Claude Sautet, o sea en las casas solariegas de la alta burguesía francesa, que de tan fina en los ratos libres no mira televisión sino que borda o escucha ópera. Eso sí, más allá del detalle del bordado, a este Philippe Claudel le falta la causticidad de Chabrol o la penetración psicológica de Sautet, pero a no desesperar que el hombre también tiene lo suyo.


De no ser que la película se abre en una comisaría en la que Paul (Daniel Auteuil) es interrogado, creeríamos que su vida es perfecta. Es un neurocirujano que de tan respetado todos llaman maestro, está casado con Kristin Scott-Thomas (en versión personaje tan magnífico como se la adivina a ella en la vida real), y bebe siempre vino tino del mejor, no precisamente Termidor tetrabrik. Pero los envíos de misteriosos buqués de rosas a todos los lugares que frecuenta y la aparición de una escurridiza jovencita franco marroquí (Leïla Bekhti) lo lleva a preguntarse por qué el absurdo de las rosas y quién es ella, de dónde viene, qué pretende. Las preguntas le desbaratan la perfección aparente de su vida, porque, claro, el hombre también se las hace a sí mismo.


Philippe Claudel narra con mucha elegancia y sutileza. Tanta que dichas virtudes se le vuelven en contra. No hay asomo de lo contrario para equilibrarlas, y el trámite por momentos se vuelve anodino. Ojo, jamás aburre y los tres protagonistas nombrados, más el amigo que hace Richard Berry, garantizan actuaciones atrapantes y seductoras.
 

Y si esto no bastara para hacerla de visión obligatoria, están los detalles del relato de la paciente y de la canción final (consejo, no se levanten hasta haberla escuchado toda en los títulos finales, es muy hermosa) "Comme un p’tit coquelicot” para rankearla de inolvidable. 

Gustavo Monteros

Antes de despertar




En la vida real, por suerte, la amnesia es más rara que el mentadísimo perro verde, pero en la industria de las ficciones, es más frecuente que los yuyos del campo.


Christine (Nicole Kidman) se despierta todas las mañanas sin saber ni su nombre. Su esposo, Ben (Colin Firth) la pone en autos sobre quién es y la tranquiliza un poco. Y cuando Ben sale a trabajar, la pobre Christine recibe un llamado telefónico de un tal doctor Nasch (Mark Strong) que la informa sobre un tratamiento que están intentando.


Como en la gran Memento (2000, de Christopher Nolan), nosotros sabemos tanto o menos que la misma Christine. Y una vez armado el rompecabezas, debemos decidir si el engaño fue lícito y bueno o si nos estafaron con una estupidez.


A mí me gustó. Y no solo porque esté Nicole, que es una de mis favoritas. En nuestra pequeña historia personal (la de ella conmigo), esta película será siempre recordada como en la que le dijeron unas doscientas veces que tenía más de cuarenta años. No sé si al margen de la necesidad del guión, también como un recordatorio para que acepte el paso del tiempo y no se haga cosas raras en la cara. Como acostumbra está soberbia. En físico, actuación y viceversa. Y sí, la chica sale hasta desnuda y con poco maquillaje. Es que al revés de Joan Crawford y las otras amnésicas del viejo Hollywood que perdían la memoria, pero no la capacidad de maquilarse, peinarse y emperifollarse, la pobre Christine de la Kidman en la urgencia por recuperar la memoria no anda con tiempo de arreglarse mucho. Igual está soberbia porque ella es así.


Colin Firth también se gana el dólar con nobleza mientras que Mark Strong, no. Pone la cara y pasa por el banco. Aunque quizá no esté mal. Si Dios te dio esa cara tan angulosa y encima sos actor, ¿por qué preocuparte por actuar si basta con que la cámara te registre para dar dobleces de personaje?


Dirigió Rowand Joffe (Brighton Rock, 2010). Y si el apellido te suena, es con razón. Es el hijo de Roland Joffé (Los gritos del silencio, La misión, Vatel). Queda en familia. 

Gustavo Monteros