jueves, 17 de abril de 2014

Ella se va



Bettie (Catherine Deneuve) como tantos de nosotros, cree que vive intensamente, cuando en realidad sólo llena huecos. Bettie maneja un restaurante, vive con su madre, tiene un amante díscolo, una hija con la que se lleva poco y un nieto al que casi no conoce. Un día, su madre le da una noticia que desbarata su mundo. Toma el auto y se va a tomar un poco de aire, la necesidad de un cigarrillo la llevará más lejos, tanto que se habrá ido para hacerle honor al título.


La distancia no importa, siempre se puede volver, es el corrimiento de que se es lo que cuenta. Bettie se corre un poco de cómo vive y, paradoja de paradojas, no se apartará de las obligaciones familiares, sino que será cumpliéndolas que llegue adonde tenga que llegar. Perdonen si me pongo críptico, pero no quiero revelar más de la cuenta.


Ella se va es el tercer largometraje que dirige la actriz Emmanuelle Bercot y está lleno de logros pequeños. No importa, ya se sabe, las cosas pequeñas son las únicas que se vuelven esenciales, lo demás es pura cáscara. La chica comanda con sabia precisión a sus actores (que incluye debutantes y no actores), elabora con astucia atmósferas y climas, y ostenta la medalla de oro de los narradores: sabe lo que quiere y cómo contarlo. Y hasta se da el lujo de hacer dialogar a una vieja gloria como Mylène Demongeot con su pasado, no de actriz sino de algo más punzante, de un prototipo de belleza, su Fanfan puede que esté algo marchita, pero palpita lozanía.


La cosa se centra en Catherine Deneuve, como corresponde, estrella de la que no se puede apartar la vista ni un segundo, su eterno magnetismo nos compele como el primer día. Aquí nos regala unas cuantas escenas que atesoraremos en nuestros recuerdos para siempre, y me freno para no arruinar sorpresas. Valga como ejemplo una que no revela mucho. Catherine maneja el auto por una carretera lateral del bello interior de Francia, perdida en el mapa como en la vida, mientras se oye la voz rasposa de Rufus Wainwright desgranar una canción doliente. Si eso no es cine, no sé que será. O para expresarlo mejor, permítanme parafrasear la marcha de gesta: Si esto no es el cine, ¿el cine dónde está?


En resumen, acompañemos a esta “ella” que se va, que la pasaremos tan cómoda o incómodamente como en el mejor viaje.
 
Un abrazo, Gustavo Monteros

viernes, 11 de abril de 2014

Tristeza, mucha tristeza

Grande entre los grandes. Gran parte del mejor teatro, cine y televisión argentinos se va con vos. Ya sé, lo que acabo de decir es una obviedad, pero tengo un nudo en el alma, es que  me parece increíble que ahora vengas a confirmar tu terrenalidad con tu muerte, si siempre fuiste un gigante, un dios. No conozco a nadie que haya trabajado con vos que no haya dicho algo lindo después. Porque encima de grande, eras sencillo y hasta un poco tímido. No sé, me da una tristeza, grande, saber que ya no habrá más obras, películas, programas con Alcón. Sin vos, la vida va a ser más pequeña, más mezquina. Ahora no me queda más que el más miserable de todos los consuelos: haberte conocido. Es muy poquito, pero peor hubiera sido no tenerte, no haberte conocido jamás. Y ni sueñes que vaya a decirte gracias o adiós. Las gracias te las di siempre y no te debo ninguna, y adiós no te voy a decir nunca, por más que hoy te vayas a disfrazarte de fantasma.

jueves, 10 de abril de 2014

Escrito y dirigido por...






Cuatro estrenos se producen esta semana en nuestros cines. Ninguno de los cuales podré ver por motivos de fuerza mayor, que eso no me impida informar sobre ellos.


En Rio 2 vuelven los personajes de la 1, creo. Digo, creo, porque no la vi y en líneas generales, salvo excepciones, el cine infantil me es ajeno. Eso sí, como la comedia musical me gusta y las películas animadas son, en un cierto aspecto, musicales encubiertos espío siempre las bandas de sonido y lo que puedo decir es que Río 2 tiene una particularmente buena (ver detalle en http://enunbelmondo.blogspot.com.ar/) Dirigió Carlos Saldanha y en la versión original cuenta con las voces de Jesse Eisenberg, Anne Hathaway, Jemaine Clement, Miguel Ferrer, Rachel Crow, Jamie Foxx, Pierce Gagnon, Andy García, George Lopez, Leslie Mann, Rodrigo Santoro y de la genial Kristin Chenoweth.


Las novias de mis amigos (The awkard moment) fue escrita y dirigida por Tom Gormican. Actúan Zac Efron, Miles Teller, Michael Jordan, Imogen Poots, Mackenzie Davis, Jessica Lucas, Addison Timlin, Josh Pais, Evelina Turen, Karen Ludwig, Tina Benko y Joseph Adams. Se supone que es una comedia romántica. Las comedias industriales, románticas o no, al revés de lo que la ley indica, son culpables hasta que demuestren lo contrario. La comedia debe ser transgresora o no será. Al menos una buena comedia en la tradición de Ernst Lubitsch, Preston Sturges o Billy Wilder. Y las comedias industriales contemporáneas son, en su apabullante mayoría, formalmente zumbonas pero esencialmente convencionales y conservadoras. Por lo que leí, ésta está tan lejos de Piso de soltero de Billy Wilder (para mencionar un ejemplo clásico) como yo de ser tan joven como Zac Efron.


Gato negro es un policial argentino escrito y dirigido por Gastón Gallo y protagonizado por Luciano Cáceres, Leticia Brédice, Guillermo Arengo, Luis Luque y Lito Cruz, entre otros. No sé nada sobre este film, pero el tráiler prometía.


La sorpresa de la semana, porque prácticamente cayó del cielo es Una dama en París (Une estonienne à Paris) film de 2012 escrito y dirigido por el estonio Ilmar Raag. Más allá de sus probables logros, trafica con la nostalgia de los cinéfilos al poner como protagonista a Jeanne Moreau, dama ilustre como pocas del mejor cine francés y rostro inolvidable de unas cuantas obras maestras, francesas y de otras nacionalidades. La historia se centra en una estonia Anne (Laine Mägi) que llega a la Ciudad Luz a cuidar a la temperamental dama del título, la gran Moreau.


Dato curioso: en los cuatro estrenos, el guión y la dirección recayó en la misma persona.
 
Un abrazo, Gustavo Monteros

jueves, 3 de abril de 2014

Lo que no fue




Los yanquis se empeñan en arruinarme la vida. Como saben o habrán adivinado, hago 17 millones de cosas, doy clases de inglés en escuelas públicas, ejecuto traducciones, escribo en tres blogs, paseo a mi perro, y en los ratos libres, hago plomería a domicilio. Para poder cumplir con este blog, que es el que más seguidores tiene, si preveo que no voy a tener el jueves libre para ir al cine, espío qué películas estrenarán, recurro a mis amigos de internet y pregunto si tienen acceso a las que me interesa comentar, para que me habiliten verlas. Casi siempre tengo una respuesta positiva, porque no se trata de cine mainstream (comercial o industrial).


Como esta semana iba a ser difícil ya que comenzaban las clases, me fijé con tiempo y vi que estrenarían La mejor oferta de Giuseppe Tornatore  con Geoffrey Rush y Ella se va de Emmanuelle Bercot con Catherine Deneuve. Las vi, escribí sobre ellas y hasta hice una reseña sobre Catherine Deneuve para mi blog enunbelmondo. Y ahora descubro que no se estrenarán.


Los yanquis han logrado dominar el mercado del cine. Obran por prepotencia monopólica. Las salas múltiples (complejos de varios cines, más o menos pequeños, donde antes había uno grande) se abrieron, en esta ciudad al menos, con la intención de variar la oferta, permitir que el público pueda ver otra cosa aparte de films hollywoodenses. Intención buena, que solo a veces puede cumplirse, debido a que los yanquis exigen una determinada cantidad de bocas para sus productos. Convengamos que los beneficios que dan las películas yanquis, permiten sostener en cartel, por ejemplo, filmes europeos que no tienen tanta demanda. Los yanquis lo saben y presionan en consecuencia. Pruebas al canto, si abrís un multicine con 20 salas, te obligarán a que tengas 18 para sus productos, aunque se trate de la misma película y tenga un espectador en cada sala. Y si para liberarte, abrieras otro complejo con 40 salas, te obligarían a que les concedas 38. Si no lo hicieras, te quitarían el derecho a exhibir sus productos y pronto tendrías que cerrar. De allí que los “tanques” hollywoodenses ocupen muchas salas y la variedad sea tan limitada.


Creo que eso fue lo que pasó esta semana y yo me quedé con las crónicas escritas y sin poder publicarlas ni siquiera como “adelantos” porque sabrá Dios si se estrenan y cuándo. Perdón por la perorata, pero sentía que les debía una explicación, más que nada, porque cuando digo que me tomo vacaciones, se debe principalmente a hechos como éste.


Y ya que estamos en aclaraciones, déjenme decirles que no tengo pruritos contra los “tanques”, los consumo según el tema y me entretienen como a cualquiera. Pero en plan de simplificaciones, podemos decir que son cine porque se exhiben en una pantalla, pero se parecen más a una atracción mecánica de parque de diversiones que a una película, si seguimos el molde que crearon los maestros narradores tales como John Ford, Alfred Hitchcock, John Huston, Billy Wilder entre otras firmas. Y es poco lo que puede decirse de un “tanque”, salvo destacar su poca o mucha efectividad.


Y si ya no hago crónicas de películas argentinas es porque no pierdo las esperanzas de trabajar en una. Y si bien tengo cada vez menos conocidos en el medio, no quiero molestarlos, tampoco a los muchos “desconocidos”. Soñé que conseguía participar en un rodaje y alguien me interpelaba por tal o cual opinión que había publicado. La verdad sea dicha, la creación y las consideraciones críticas no tienen nada en común, excepto que en algún momento convergen, en el caso del cine, en esa cosa que transcurre en una pantalla.


Esto viene a cuento porque tres estrenos se registran en nuestras salas: Noé de Darren Aronofsky, que transforma la épica bíblica en épica pochoclera. Betibú, policial argentino de Miguel Cohan con los talentosísimos Mercedes Morán y Daniel Fanego, entre otros notables, y Violetta en concierto, desprendimiento del apabullante fenómeno televisivo.


Y a confesión de parte…

Un abrazo, Gustavo Monteros

Ya que tomé el título con la que se conoció por estos pagos Brief encounter (1945) de David Lean, ilustro con una foto de Celia Johnson y Trevor Howard en dicha película.

viernes, 28 de marzo de 2014

Lo mejor de nuestras vidas



Por esas cosas de la vida mi relación con Cédric Kaplisch comenzó en 1996 y terminó en 1999. Nos conocimos por Un aire de familia (Un air de famille, 96), deliciosa comedia sobre una familia que celebraba un cumpleaños en un restaurante, se basaba en una obra de teatro de Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri, matrimonio real y artístico que colaboró con Alain Resnais (Smokin/No smoking, 1993, ¿Conoces la canción?/ On connaît la chanson, 1997), y que por cuenta propia concibió la excelente Como una imagen/Comme une image, 2004, la no tan buena Háblame de la lluvia/Parlez-moi de la pluie, 2008 y la todavía inédita por estos pagos Au bout du conte, 2013. Volviendo a Kaplisch, con su Aire de familia me impresionó como un director sensible, con sentido del humor, muy atendible en realidad, aunque la verdad sea dicha el encanto de su Aire mucho le debía al guión de Jaoui y Bacri. En 1999 Kaplisch hizo una interesante comedia de ciencia-ficción, que yo iba a ver sí o sí, porque estaba Jean-Paul Belmondo y creo que no necesito ahondar más, ya saben de mi veneración por él. La película se llamó Tal vez/Peut-être y Belmondo era en el futuro el hijo viejo todavía no concebido en el presente de Romain Duris, quien se había consagrado con El extranjero loco/Gadjo Dilo, 1997 de Tony Gatlif y que alcanzaría renombre internacional con El latido de mi corazón/De battre mon coeur s'est arrêté, 2005 de Jacques Audiard. Y a pesar del auspicioso inicio de nuestro diálogo, eso fue todo, no volvería a ver filmes de Kaplisch.


No estuve en el bautismo de Piso compartido/L'auberge espagnole, 2002. Tampoco estuve en el nacimiento de la del medio, Las muñecas rusas/Les poupées russes, 2005. Y francamente no tengo muchas ganas de asistir a la fiesta de graduación de Lo mejor de nuestras vidas/Casse-tête chinois 2013, cierre de una trilogía iniciada por el mentado Piso compartido. Según el resumen encontrado en Wikipedia, esto es lo que pasa en Piso compartido: "Xavier (Romain Duris) sueña con ser escritor. Sin embargo, su destino vislumbra el ministerio de Economía gracias a un amigo de su padre, que le aconseja ir a vivir un año en España para obtener una especialización que le abrirá las puertas de su contratación. Decide, entonces, pasar un año de estudios en Barcelona gracias al programa Erasmus. Lejos de su novia, Martine (Audrey Tautou), vive en un apartamento con otros estudiantes extranjeros (la belga Isabelle, el alemán Tobias, la inglesa Wendy, el danés Lars, el italiano Alessandro y la española Soledad). Se encuentra con la añoranza, un choque cultural, dificultades de idioma (las clases son en catalán y no en castellano), etc"


Mientras que esto es lo que pasa en Las muñecas rusas, siempre según Wikipedia, claro: "Xavier (Romain Duris) y sus ex-compañeros Erasmus ahora son treintañeros. Xavier ha conseguido su sueño de ser escritor, sin embargo no está satisfecho con el tipo de literatura con la que se gana la vida (guiones para telenovelas, memorias de famosos, etc.). Aunque lo que más le atormenta es su vida sentimental: desea una estabilidad que no consigue. El reencuentro, por motivos de trabajo, con Wendy (Kelly Reilly) le dará esa oportunidad que no quiere dejar escapar. Pero no lo tiene fácil pues le acosan constantemente sus tentaciones con una famosa y bella joven (Celia (Lucy Gordon)), a la cual le está escribiendo sus memorias."


Y según parece esto pasa en Lo mejor de nuestras vidas: “Wendy (Kelly Reilly) se muda a Nueva York por lo que Xavier (Romain Duris), su ex-marido, debe seguirla para poder seguir viendo a sus dos hijos pequeños."


Por lo expuesto vemos que se trata de comedias o comedias dramáticas, costumbristas, corales, con personajes jóvenes, simpáticos y vitales. ¿Y por qué no vi Piso compartido o Las muñecas rusas? Porque no se dio, el 2003 fue un año de mucho cambio y ajetreo en mi vida, de ordenar fracasos e reinventar inicios, y en el 2005, si bien la vida marchaba más apacible, opté por otras películas que dialogaran mejor con lo que me pasaba, sinceramente no estaba para devaneos sentimentales franceses, con todo lo que eso implica, tanto de color local como de concepción de vida; el típico gusto francés, no de cigarrillos sino de cómo se mira la existencia puede a veces caer pesado por esa levedad que se pretende profunda. Sea por lo que sea, no se dio.


De la que sí huí a conciencia es de la que no pertenece a la trilogía de Xavier/Romain Duris y que gozó de un éxito apreciable, su París de 2008. Los dramas de personajes moribundos (en este caso Pierre (siempre el bueno de Duris) un bailarín de corazón débil) me exigen un colmo de paciencia, que no estaba en ese momento dispuesto a reunir, por más que transcurriera en la míticamente bella París y anduviera por ahí la amadísima Juliette Binoche.


Con frecuencia insisto en que no hago críticas de cine sino crónicas. ¿Y cuál vendría a ser en mi opinión la diferencia? En que más que asentarme en juicios de valor, cuento mi relación con las películas que veo. Eso me permite hablar, como ahora, hasta de una película que no vi, pero que igual refiero porque quizá sea valiosa. Y porque quizá ustedes sí dialogaron con Cédric Kaplisch y puedan convencerme de que adentre más en su cine.

Un abrazo, Gustavo Monteros