Me la crucé fatigando el catálogo de películas de Star+
(envidio a la gente que elige la primera película que llama su atención de un
catálogo y se pone a verla, yo hago nota mental o física de las que me
interesan y hasta no haber llegado al final, no paro. Y puedo revisar el
listado completo una o dos veces más, no sea cosa que se me haya escapado algún
título interesante. A veces pasa que para cuando terminé, ya no tengo ganas de
ver nada, agotado de haber recordado detalles de tantas películas, porque cuando
un cinéfilo irredento pasa revista a un listado de títulos, recuerda tales o
cuales cosas de cada film. Somos unos adictos muy peculiares.)
Retomo: me la crucé y recordé haberla visto en un televisor
blanco y negro de los setenta, en alguna noche de El mundo del espectáculo o de
Hollywood en castellano. Eso sí, no me acordaba nada del argumento o de los
personajes, salvo que estaba bajo el rótulo de las “importantes”, que era como
se calificaba a esas películas serias, profundas o relevantes por algún motivo.
Un día que me quedo sin opciones urgentes, me pongo a
verla. A poco de andar dos peculiaridades se vuelven preeminentes. Se supone
que comienza a fines de los 30 y se extiende hasta el inmediato fin de la
Segunda Guerra, pero la ropa de las mujeres, sobre todo, sus peinados y sus
accesorios no se remontan a las modas de la época, si no que responden a los
tiempos en que fuera filmada, o sea 1957. Vicio extendido del cine de los 50 y
60. La minuciosa recreación de época volvería en los años 70. Y dos, en el original
se llama The Young Lions (rebautizada en estos pagos como Los dioses
vencidos) y sus tres protagonistas, lo que se dicen muy jóvenes no son.
Marlon Brando había nacido en 1924, de modo que, en el 57, tenía 33 años.
Montgomery Cliff había nacido en 1920, o sea que tenía 37 años. Y Dean Martin
que había nacido en 1917, tenía 40 añitos. Los personajes se suponen que andan
por los veintipico. Quien dice veintipico, dice treinta y tantos, el problema
es que los tres lucen muy creciditos y si nos descuidamos dan hasta mayores de
la edad que por entonces tenían. Estos dos detalles anulan el verosímil y dan
sobrepeso al platillo de la balanza de la suspensión de la incredulidad.
El argumento gira alrededor de las vidas de tres jóvenes
atrapados por la vorágine de la guerra, dos norteamericanos y un alemán. Marlon
Brando es este último, al principio un instructor de esquí que le da clases a
la novia del personaje de Dean Martin y con la que no puede tener una noche
romántica de dos que no volverán a verse jamás, porque él le expresa su
adhesión al nazismo ya que cree que mejorará la vida del hombre común,
desfavoreciendo los usos y costumbres de la vieja política (cualquier parecido con
el Mileinato del Río de la Plata es pura coincidencia). Más adelante lo vemos
entre los alemanes que toman París, como subalterno de Maximilian Schell (que
sí andaba por los veintipico porque había nacido en 1930, este es su debut en
el cine norteamericano). Más tarde el alemán Brando se enamorará de una chica
francesa, que primero lo desprecia por invasor, después se dejará usar como
juguete sexual por la esposa de Maximilien Schell y por último se decepcionará
del nazismo, llegando al paroxismo cerca del final cuando se enfrente a los
horrores de los campos de concentración.
Montgomery Clift es un intelectual, hasta lee el Ulises de
James Joyce y todo, empleado en una gran tienda y conocerá a Dean Martin en la
oficina de reclutamiento. Dean Martin lo invitará a una fiesta y le presentará
a una chica de la que se enamorará, aunque antes de casarse deberá convencer a
su futuro suegro de que es un buen partido, a pesar de ser judío. Durante el
entrenamiento sufrirá el matoneo de sus compañeros, pero se ganará el respeto
de los mismos, después de hacerles frente en unos combates de boxeo que lo
dejan bastante maltrecho y por aguantarse los abusos de unos militares que
creen que los conscriptos existen para ser doblegados por la humillación.
Dean Martin es un cantante de éxito en clubes y teatros
neoyorquinos (y…es Dean Martin), no quiere ir a la guerra, a la que supone un
sacrificio inútil, porque dice que 10 años después de terminado el conflicto,
los yanquis y los alemanes volverán a ser amigos. La novia que casi tiene un
romance con el alemán Brando, le pide que se calle porque su postura se parece
mucho a la cobardía. Dean Martin será un buen compañero de Clift en el
entrenamiento, aunque lo abandone en un momento clave por aceptar un puesto en
Londres que le consiguió su novia, puesto que lo dejará bastante a salvo, hasta
que un ataque de consciencia lo haga pedir ir al frente en Alemania, donde se
reencontrará con Clift y tendrán un final con el alemán Brando subrayador de
los absurdos de la guerra.
Cuesta creer que alguna vez fuera considerada “importante”,
porque más allá de algunos logros de realización (la dirigió el bueno de Edward
Dmytryk, un narrador todoterreno, firmante de algunos títulos magistrales), la
cosa es bastante boba, insustancial, de poco a nada interesante.
Todos los personajes, sobre todo los femeninos, tienen una
psicología fluctuante que parecen responder más a las necesidades de las
escenas que les tocan que a un perfil bien definido.
Se supone que Hope (Hope Lange) es una chica fiestera
conocida o compinche del playboy Dean Martin, que es llamada para darle una
buena noche al intelectual Clift, pero termina teniendo más mandatos decorosos
que una catequista, lo cual no es ningún demérito, pero ¿cómo llegó a estar en
la agenda del seductor Dean Martin?
Margaret (Barbara Rush) la novia de Dean Martin, que en la
primera escena con el alemán Brando parece una mujer de mundo, rica,
sofisticada, al vérsela después interaccionar con Dean Martin, muestra que
tiene menos calle que monja de clausura. ¿Y la sofisticación en qué línea
descartada del guion quedó?
Simone (Dora Doll), la francesa de la que se enamorará el
alemán Brando, en su primera escena es una patriota inclaudicable, sin límites
para expresar su desprecio por el invasor, pero basta que el alemán Brando le
muestre un mínimo de tolerancia y buena educación para que le pida perdón y se
le cuelgue del brazo. Esta bien que las primeras impresiones se corrigen, pero
¿en una misma escena después de haber cantado poco menos que La Marsellesa?
Y la esposa de Maximilien Schell, Gretchen (May Britt) es
una ninfómana dispuesta a levantarle el ánimo a medio ejército alemán, y para
demostrarle a Brando que tiene poder de influencias consigue que trasladen a
Schell y a Brando de la glamorosa París al ¡África del Norte! Macanuda como
pantera con hambre. Y después cuando más humana se ponga y quiera borrar la
angustia de la muerte circundante con un buen revolcón, será despreciada por un
ataque de moralina del alemán Brando.
El bueno de Brandon volverá a París, reverdecerá su amor
por Simone, pero la dejará porque él es un soldado alemán y ella, ¡una chica
francesa! Pero, hermano, eso lo sabías en la escena uno, sé un poco más
creativo para darle calabazas. Otro momento delirante es cuando Clift se está
despidiendo de su esposa Hope para irse a la guerra y aparece el lechero de la
cuadra y le regala una botella de leche entera y le pide que se la tome toda,
porque le dará la energía y la salud que necesita para enfrentar a los enemigos.
Y uno no sabe si es un refuerzo a una campaña de tomar leche o una tomadura de
pelo mayúscula. Hay otra muestra involuntaria de humor cuando Maximilien Schell
y Brando están en África del Norte. Schell está por dar la orden de ataque a un
campamento inglés, Brando le dice que espere al amanecer porque la luz
enceguecerá a los ingleses y no podrán defenderse bien, Schell concuerda y le
cede la iniciativa a Brando, pero después cuando Brando ordene el alto el
fuego, a Schell le agarrará un ataque de personalidad insegura y lo retará a
Brando por hacer dado la orden, pero ¿cómo, no era que le había delegado el
mando cinco segundos atrás? ¿Es que será algo así como ordená un poco, pero no
mucho?
Dicen que Kurosawa la incluyó en una lista de 100 mejores
películas. Bueno, uno no es quien para decir qué le vio el querido Akira. Una
pena que nadie le pidiera que fundamentara. A favor de la duda, diremos que era
una lista de 100, no de 10.
Edward Dmytryk dirigió también la película inmediata
anterior que protagonizó Montgomery Clift, Raintree County o El árbol
de la vida, como se la conoció aquí. Fue durante el rodaje de esa película cuando
Clift sufrió el accidente automovilístico que casi lo mata y que liquidó su
apostura sin par. Unas cuantas cruentas operaciones de reconstrucción de rostro
lo dejarían lejanamente parecido a quien había sido. Lo dejó también adicto a
calmantes y tranquilizantes que mezclaba con alcohol. De allí que en estos
jóvenes leones o dioses vencidos se lo vea tan flaco y desmejorado.
Y esta fue la primera película “seria” de Dean Martin
después de la ruptura del dúo que había tenido con Jerry Lewis. Se sentía
inseguro y Clift, un eminente cultor del Actor Studio, fue en su auxilio. Como
devolución de gentilezas, Dean Martin lo llevaba de gira de tragos, algo que
Monty disfrutaba mucho, dado que, por un rato, se integraba a una supuesta
normalidad, no era el permanente sapo de otro pozo, al que su homosexualidad,
obligadamente enclosetada por los impedimentos de la época, lo condenaba. Dean
Martin, un heterosexual de cabeza amplia y desprejuiciada, tendió puentes y
logró ser su amigo.
Por entonces Dean Martin ya casi no bebía, apenas mojaba
los labios en los tragos que pedía. Su personaje idiosincrático público, su
“muñeco”, era el de un borrachín simpático, permanentemente achispado, pero por
dentro, beber ya no le interesaba. Nunca renegó del alcohol, porque sus amigos
más íntimos, Frank Sinatra y Sammy Davis Jr., bebían como esponjas y no quería
dejar de acompañarlos en sus recorridas de bares. Dicen que Martin perdió el
gusto por el alcohol al ver las dificultades por las que pasaba su esposa,
Jeanne, una bebedora reincidente, en tratar de dejarlo.
En los días siguientes a haber visto de nuevo The Young
Lions / Los dioses vencidos, mientras iba de una escuela a otra,
procuraba darme respuestas a por qué alguna vez esta película fue consideraba
“importante”, no encontré un motivo abarcador o satisfactorio. Es
antibelicista, como la mayoría de los filmes de guerra, pero eso es poco o
nada, es como decir que el cielo es azul. Quizás con el tiempo se volvió
perimida, irrelevante, tonta. ¿Otro ejemplo de la maldad de las arenas del
tiempo? No sé, pero si los tragos que le invitó Dean Martin a Montgomery Clift,
después de cada día de trabajo, sirvieron para que este último olvidara por un
rato sus penurias, no fue un film inútil. Porque esa “importancia” no hay
Tiempo que se la quite.
Gustavo Monteros