
No es para menos, fue dirigida por Ernest Lubitsch, uno de los tres reyes de la comedia parlante estadounidense (los otros dos son Preston Sturges y Billy Wilder). Ninotchka es uno de sus dos film que tienen como telón de fondo a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial (el otro es su obra maestra indiscutida To be or not to be (1942), calificarla de joya es quedarse corto). Ninotchka (1939) trata el romance entre un occidental capitalista decadente y una fervorosa camarada soviética. Hay filosos chistes que desnudan las iniquidades de ambos sistemas político-económicos. Pero el humor político no es el eje. Lubitsch, como todo buen comediógrafo, es un humanista. Sabe que más allá de declamadas posturas éticas o políticas, un hombre es un hombre. Un ser proclive a los peores vicios y miserias, pero también capaz de maravillas tales como el amor, la solidaridad y el perdón. Ése es su tema: el movimiento pendular humano entre maravillas y miserias. Y él se ríe. De todo. No como la hiena sino con furibunda ternura. Lubitsch comprende y confía. Apuesta a que un día quizá seamos mejores. Es impiadoso con nuestras debilidades, pero las retrata con la esperanza de que podamos modificarlas. Al analizar en detalle sus comedias vemos que nos hace reír de atrocidades, pero no nos atosiga con moralinas infames, nos invita a comprender para superar.
Dos famosos golpes publicitarios se destacan de la carrera de Greta Garbo en la MGM. Su pase del cine mudo al sonoro fue anunciado con bombos y platillos como GARBO HABLA. Y cuando se estrenó Ninotchka se la promocionó como GARBO RÍE. No es que no se hubiera reído nunca, no, en sus películas se rio y mucho, pero por primera vez dejaba de lado a las sufridas heroínas románticas y se lanzaba a la comedia. Para gloria propia y la del cine. Está deliciosa.
Garbo permaneció siempre incólume en su esplendor, como una esfinge perfecta y eterna. Todas las demás estrellas (Ingrid Bergman, Marlene Dietrich, Katherine Herpburn, Bette Davis, etc.) envejecieron ante las cámaras. Las vimos ajarse y las amamos más. A Garbo, no. Ninotchka sería su penúltima película. Tres años después, tras el fracaso artístico y comercial de La mujer de dos caras (u Otra vez mío) se retiró para siempre y se escondió del mundo. Su imagen se volvió icónica, legendaria. Despertó admiración, pero no mucho cariño. La perfección detenida en el tiempo en el fondo asusta. Sin embargo Ninotchka nos muestra a una mujer asequible a la que es posible amar. Otro mérito del gran Lubitsch, quizá.
El jueves 15 de abril TCM brinda un tributo a Greta Garbo. A las 14 va La dama de las camelias, a las 15:55 Mata Hari, a las 22 Reina Cristina y a las 23:50 El velo pintado. Pero a las 17:30 va la mejor: NINOTCHKA. Si la han visto, véanla otra vez. Es un clásico y los clásicos se resignifican cada vez que uno los visita. Y si no la han visto, falten al trabajo, salgan más temprano, o no cometan ningún pecado laboral y grábenla o bájenla de internet. En esta era de listas, de las 2000 películas que hay que ver antes de morir y esas cosas, diré que figura en mi lista de imperdibles. Vale la pena. Consejo de amigo.
Un abrazo,
Gustavo Monteros
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