La culpa la debe tener Casablanca, porque cuando me
cruzo con una foto de Humphrey Bogart no se me viene el malandra de pistola en
mano y réplica rápida, sino el héroe romántico, permanentemente signado por el
amor equivocado, el de Casablanca, el de El halcón maltés, que es
también un enamorado, aunque la ética le pese más que olvido, el de Sabrina,
aunque esté muy envarado porque él, el actor, tenía mucho miedo de ya no dar lo
que se necesitaba para que una Audrey Hepburn se enamorara de su personaje, el
de La reina africana, aunque ella lo deje sin una gota de alcohol, esos.
La culpa la debe tener Casablanca y sus frases
matadoras de “Ellos iban de gris y vos vestías de azul”, “De todos los tugurios
de la Tierra, ella tiene que venir al mío”, “Siempre tendremos París” y así.
El Bogart nuestro de cada día, dánosle hoy. Señor, hazme
superar muchas cosas, pero nunca me hagas superar a Humphrey.
Una. El bosque petrificado (The Petrified Forest,
Archie Mayo, 1936. Se basa en un drama poético de Robert Emmet Sherwood, que Leslie
Howard y Humphrey Bogart habían estrenado en Broadway. Sin embargo, cuando
Warner Brothers decidió llevarla al cine, dijeron que prescindirían de Bogart,
porque querían al instalado y seguro rendidor de Edward G. Robinson en el papel
del gánster. Leslie Howard que se había asegurado los derechos de la obra se
puso firme: al Duke Mantee lo interpretaba Bogart o la película no se hacía. Y
se hizo nomás y fue la película que cimentó la carrera de Bogart, que ya venía
larga y con muchos altibajos. Bogart se lo agradeció a Leslie Howard de por vida.
Tanto que en 1952 cuando Lauren Bacall y Bogart tuvieron su primera hija le
pusieron Leslie. Homenaje que Howard no llegó a saber, había muerto en 1943 en
el Golfo de Vizcaya cuando los alemanes derribaron el avión en que viajaba.
Dos. Su último refugio (High Sierra, Roaul Walsh, 1941). Es sobre un robo de joyas que sale mal y hay amores cruzados, el gánster que hace Bogart adopta un perrito que será esencial en el final y todo culminará en una persecución montañosa que copiaran en muchos otros filmes noir y westerns. Bogart hace la transición de personaje secundario a protagonista con solvencia y éxito.
Tres. El halcón
maltés (The Maltese Falcon,
John Huston, 1941). Se basa en la ineludible novela clásica noir de
Dashiell Hammett. Unos maleantes, por separado, a cuál más atractivo y tortuoso,
le piden al detective Samuel Spade (Humphrey Bogart) que los ayude a localizar
una reliquia valiosa, el halcón del título. Las ambiciones los perderán y habrá
unas cuantas frases matadoras que se citan hasta hoy. Es la primera obra maestra
de Huston.
Seis. Al borde
del abismo (The Big Sleep,
Howard Hawks, 1946). Se basa en la gran novela del genial Raymond
Chandler y de este guion participó también William Faukner. Si de algo sirve, es
una de las películas que no me canso de ver. Bogart es el detective Philip
Marlowe y un tal General Sternwood (Charles Waldron) le pide que pague unas
deudas de juego contraídas por su hija menor, Carmen (Martha Vickers), aunque
la hija mayor, Vivian (Lauren Bacall) sospecha que el viejo está más interesado
en saber qué le pasó a su empleado, Sean Reagan, que desapareció de la noche a
la mañana. Entonces… Un policial magistral que es deleite puro.
Ocho. La reina africana (The African Queen, John Huston, 1951) Durante la Primera Guerra Mundial, en Africa del este, el capitán de un pequeño barco, La reina africana, es persuadido por unos misioneros, padre (Robert Morley) e hija (Katharine Hepburn) para emprender un peligroso viaje por un río traicionero y atacar un buque de guerra alemán. Aparte de ser un film de aventuras es un romance de opuestos. El capitán bebe lo que sea que tenga alcohol, la misionera es abstemia. Ella se las arregla para ser pulcra en todas las circunstancias, él luce siempre una barba de dos días y la necesidad de algún baño pendiente, ella es una creyente devota, él no ha dejado de creer en Dios, pero quiere que este le pague las deudas que le debe. Ejemplo antológico de romance inolvidable.
Diez. No somos ángeles (We’re no angels,
Michael Curtiz, 1955) Tres convictos (Bogart, el gran Peter Ustinov y Aldo Ray)
escapados de la Isla del Diablo a principios del siglo XX, terminan refugiados
en la casa de una familia amable e inocente, cercada por unos villanos
inexorables. Los tres convictos pondrán a prueba sus talentos para el robo, la
estafa y el crimen, para corregir las injusticias. Para sonreír de principio a
fin. Deliciosa.
Y con este artículo iniciamos la sección de Los esenciales.
Bogart fue un actor de talento y su mito se erigió sobre un perfil de contrastes.
Un flaco feo que podía más que cuatro lindos. Un enclenque que tenía más fuerza
y fiereza que cualquier matón, profesional o amateur. Un hablador de lengua
filosa que a fuerzas de cinismos se protegía de las ternezas que podrían
desarmarlo.
Gustavo Monteros
¡Último momento! Dessde el jueves 19 de febrero de 2026 regresa a los cines platenses, al menos por una semana, Casablanca.













