miércoles, 1 de abril de 2015

Leviatán



Sí, Leviatán es la película rusa nominada para el Óscar que compitió con nuestros Relatos salvajes. Sí, es también la película que enojó al oficialismo ruso porque presenta una visión negativa de la realidad contemporánea. La Madre Rusia, oficial u opositora, no debería perturbarse, porque si bien se circunscribe al país de las estepas, presenta una visión negativa de la humanidad. Sí, tiene el mensaje más desolador sobre el ser humano en años. Algo así, como que el demonio marítimo del título nunca se ha ido, vuelve una y otra vez, para ratificar que el hombre fue, es y será una mierda.


Poco es lo que puede contarse de su argumento para no arruinar sorpresas. Bástenos decir que un hombre viudo, con un hijo y una nueva mujer a cargo, lucha para que no expropien la casa y el terreno donde viven porque el intendente (ningún trigo limpio) quiere erigir ahí un centro comercial. La batalla parece estar perdida, sin embargo…


Leviatán de Andrey Zvyagintsev (El regreso, 2003, Elena, 2011) es una gran película, pero no impecable. Su grandiosa puesta en escena cae más de una vez en solemnidades y arrogancias, está demasiado consciente de su importancia, o más bien de la importancia que se atribuye. Algunos conflictos están desmadrados, la reacción del hijo ante el sexo es muy Libertad Lamarque para resultar plausible. Mi visión es discutible, por supuesto, puedo no tener razón, pero el planteo es más que atendible. Hay unos cuantos letargos parsimoniosos que no aburren en lo más mínimo, pero que suman y suman y suman minutos al metraje. Sí, al menos a mí, una vez terminada la película, armado el rompecabezas, completada la historia me pareció que hubiera podido contarse en menos tiempo. Claro, para ello el director tendría que haber pensado en mí, en cuanto espectador, y no tanto en celebrarse como gran “autor”.


Respeta, claro, la tradición rusa de la interpretación, podrían darse clases de actuación ejemplificando con el trabajo de estos actores y sus personajes. Tiene asimismo escenas de arrebatadora belleza.


Bah, es una película lograda y malograda a la vez por la ambición. La ambición la eleva a encarar resoluciones audaces, que pueden volverse antológicas. Pero la hace caer también en didactismos y prédicas de púlpito que son el veneno de cualquier narración.


En resumen, no es de cita obligatoria, pero recompensa mucho.
 
Gustavo Monteros

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