viernes, 9 de enero de 2015

Foxcatcher



A Bennett Miller le bastaron dos películas (Capote, 2005 y Moneyball rompiendo las reglas, 2011) para hacerse de un nombre y un prestigio que ratifica ahora como merecidos con Foxcatcher. Hasta ha perfilado un estilo que comienza a ser reconocible al primer fotograma. No importa cuán lujoso sea el ambiente que describe, en su puesta luce despojado porque prefiere subrayar la amplitud antes que la acumulación de muebles y objetos. Las historias que cuenta, quiere que calen hondo, y las construye con envidiable parsimonia. Y Dios lo bendiga, las relaciones que presenta jamás son a blanco o negro, y aunque filme historias verdaderas, no intenta contar toda una vida sino un momento puntual y, Dios lo colme con más bendiciones, no atribuye toda la conducta de un personaje a un solo (y quizá insignificante) trauma de infancia.


Mark (Channing Tatum) y David Schultz (Mark Ruffalo) son dos excelsos exponentes de la lucha libre, tanto que acaban de ganar medallas doradas en la última olimpíada. Ahora estamos en 1988 y Mark es invitado por el multimillonario John du Pont (Steve Carell) a formar un equipo que aspire al oro en los próximos juegos de Seúl. Mark aceptará y desatará una serie de reacciones que terminarán en un hecho de sangre.


Como buen lector de policiales nunca deja de intrigarme el cómo y el por qué se llega a un hecho de sangre. Aquí el trámite es apasionante, porque no hay subrayados ni diagnósticos ya estipulados. Conocemos primero cómo viven estos personajes y después el particular modo en que se relacionan. Y allí está el secreto del éxito de esta película, porque cuando la historia, que ocurrió de verdad, llegue a su fin, podremos vislumbrar el por qué en una epifanía reveladora. 


Steve Carell, como todo buen comediante, se desenvuelve con comodidad en el drama. Su caracterización es casi impecable, digo casi porque hay momentos en los que el maquillaje se impone por sobre el personaje. Channing Tatum y Mark Ruffalo atraviesan un momento de plenitud en sus carreras y verlos fluir en sus roles es un deleite. Por astucia del director, la gran Vanessa Redgrave gravita en los bordes del relato lo que le da una insidiosa relevancia a la madre que compone.


Foxcatcher abre para nosotros lo que se llama la temporada de premios, esa etapa en la que aparecen los filmes que serán coronados o no con algún galardón en las numerosas premiaciones y que culmina con la consabida entrega de los Óscars. Sabrá Dios si Foxcathcer se alza con alguna nominación para la estatuilla de la Academia, aunque a la larga no importará. Premio más, premio menos, no dejará de ser la muy buena película que es.

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