jueves, 5 de diciembre de 2013

Kon-Tiki



Para mí, y presumo que para muchos contemporáneos, porque gracias a Dios no soy único en nada, la aventura del Kon-Tiki es como una de esas anécdotas heroicas que algún pariente repite siempre en las reuniones familiares. Es que el Kon-Tiki era figurita repetida en casi todos los libros de enseñanza del inglés. Después, los pedagogos del inglés, cuando se cansaron de Kon-Tiki, atacaron con otra epopeya de Thor Heyerdahl, la del Tigris. Pero basta de lamer heridas y pongamos en autos a los que no tuvieron la suerte de cruzarse con  Kon-Tiki.

Kon-Tiki es el nombre de la balsa con la que en 1947 Thor Heyerdahl y otros cinco tripulantes unieron Perú con las islas de la Polinesia para demostrar que los primeros habitantes isleños vinieron de Suramérica. La expedición, con casi ninguna concesión a la modernidad de aquellos tiempos, fue primero un libro de viajes y después un documental. Ahora es un largometraje coproducido por Noruega, Suecia, Gran Bretaña, Dinamarca y Alemania que este año representó a Noruega en la categoría Mejor Film Extranjero para los premios Óscar y que perdió ante la pornográfica y desagradable Amour.

Se supone que Kon-Tiki es una película noruega pero ostenta todas las virtudes y los defectos de una producción hollywoodense. Arranca con el lugar común de un incidente infantil que supuestamente explica la intrepidez y las obsesiones de la madurez (andá, como si un solo hecho pudiera evidenciar las complejidades de la conducta de cualquier mortal). Luego, ya mayorcito y en pareja, Thor tropezará con la idea que lo hará famoso internacionalmente. Le costará hallar financiamiento para el viaje, lo logrará casi de casualidad y se lanzará al mar. No faltará la providencial tormenta, el asedio de los tiburones, los temores y las desconfianzas sobre la endeblez de la balsa. Todo enmarcado en bella fotografía y recostado sobre mullidos colchones sonoros de muchos pero muchos violines y pianos.

Habrá algunos personajes mejor desarrollados que otros, estos otros se contarán por acciones y palabras que en el mejor de los casos los vuelven intrigantes y en el peor de los mismos, esquemáticos. Las actuaciones son buenas y la dirección de la dupla Joachim Rønning - Espen Sandberg (Bandidas, Max Manus) prolija y eficiente.

En resumen, una película vistosa y entretenida sobre una aventura real. Confieso que no me aburrió a pesar de que conozco por lo antes mencionado cada detalle de la epopeya. Supongo que de no conocerlos me habría atrapado más. 
Un abrazo, Gustavo Monteros

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