jueves, 22 de enero de 2015

Mortdecai



Mortdecai es la gozosa recuperación de un género que surgió a fines de los cincuenta, floreció en los sesenta y languideció en los setenta: la comedia policial o de acción con paisajes, llena de personajes torpes que se creen estrambóticos y son puro estereotipo. Ejemplos arquetípicos, si los hay, son los dos primeros Peter Sellers-Blake Edwards-Jacques Clouseau: La pantera rosa (1963) y Un disparo en la sombra (1964) antes de que redujeran al querido Clouseau a un artificio mecánico.


Mortdecai (Johnny Depp) es un sofisticado comerciante de arte a quien se le pide recupere una pintura que podría tener el número de una cuenta bancaria con oro nazi. El hombre está casado con una noble dama, Johanna (Gwneth Paltow) y cuenta con la ayuda de un lacayo, Jock Strapp, (nombre que juega con jockstrap, o sea suspensorio) (Paul Bettany). En la trama no será menor la participación del inspector Martland (Ewan McGregor), unos rusos, un terrorista y otras yerbas.


En estas películas al margen de los gags y de las líneas cómicas, importan mucho el vestuario y la dirección de arte, aquí muy convenientemente estilizados y cuidados.


Detalle para los que dominan el inglés, los estadounidenses con residencia en Inglaterra, Depp y Paltrow, y el escocés McGregor se divierten como perros imitando el acento de las clases altas inglesas, una impostada posh received pronunciation (que para evitar la traducción textual, equivaldría a algo así como “pronunciación educada de clase alta”) que es una auténtica delicia.
Cruzo los dedos para que sea un éxito mundial y se transforme en franquicia. Como primera aventura no está mal, por momentos se extraña más ingenio, pero este cuarteto protagónico (Depp, Bettany, Paltrow, McGregor) podría llegar a alcanzar cumbres de delirio en sucesivas desventuras.Dirigió David Koepp.


Esta película se destaca entre los estrenos de esta semana porque no está nominada para ningún premio, lo cual es una tranquilidad que le suma encanto. La disfrutamos porque sí, por lo que es, sin la presión del imperativo social a que nos guste por estar nominada a algo por gente que se supone sabe de algo. 


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