viernes, 18 de febrero de 2011

El ganador

Las películas de boxeo son cuentos de hadas para hombres. Creo que los dos grandotes en el ring corporizan simbólicamente la justa que todos debemos lidiar contra el desamor, el destino, la muerte. Obviamente algunas veces nos alzamos con el título y otras nos damos de narices contra la lona, las más nos refugiamos contra las cuerdas hasta que suena la campana.


Hoy las películas de boxeo se debaten entre dos modelos ejemplares: Rocky (I, claro, la mejor, que hasta se llevó un Óscar como Mejor Película) y El Toro Salvaje (que no ganó un Óscar, pero es una de las cumbres del cine). Rocky Balboa era un simplón con determinación, disciplina y coraje; no ganaba la pelea, celebraba la dignidad de los que se esfuerzan y llevan sus capacidades al límite y se quedaba con toda la simpatía de la platea. El Jake La Mota de De Niro ganaba y perdía en el ring y a lo sumo empataba con los demonios que arrastraba fuera del ring; no despertaba simpatía alguna, pero se quedaba con nuestra comprensión, respeto y temor, porque después de todo ¿quién no esconde en el casillero del vestuario un rencor, una amargura, una frustración?


El ganador se ubica en el justo medio de estos dos modelos. Hay oscuridades y demonios sobre todo en lo que tiene que ver con los personajes de Christian Bale y de la madre que hace Melissa Leo; pero también buena voluntad, simpleza y valor en los personajes de Mark Wahlberg, Amy Adams y Jack McGee. Por momentos tiene la blancura inmaculada de los films con personas buenas, y en otros, las sombras de los fims con personajes llenos de dobleces y sinuosidades. Se basa en una historia real y sigue los primeros años de la carrera de Micky Ward. Todo el desarrollo exuda verdad, a la que no poco contribuyen las actuaciones, la ambientación, el vestuario, la fotografía, las locaciones, pero ¿cuánto de esto pasó tal como se cuenta? La sospecha surge porque da envidia ver cómo se resuelve el conflicto central. Ojalá fuera así de sencillo corregir conductas equivocadas, asumir errores y perdonar. Quizá mi sospecha es injusta y todo fue cómo se relata. Sé que hay personas buenas y nobles que pueden aceptar sus equivocaciones y enmendarlas. Pero, por desgracia, no es tan común. Si fuera la norma y no la excepción, el mundo sería un lugar mejor y más fácil.


El ganador es una muy buena película de David O. Russel (Secreto íntimos, Flirting with disaster, Amo a Huckabees, Tres reyes) con actuaciones sobresalientes. Christian Bale añade a su galería de grandes trabajos una caracterización inolvidable. Melissa Leo está perfecta. Amy Adams, que es una de mis debilidades, está hermosa, fresca y sincera. Mark Wahlberg hace un buen trabajo, pero no termina de enamorar porque le busca recovecos a un personaje que en esencia es un patito feo, bueno y noble como pocos. Más alla de los "peros", disfrutable y recomendable.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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