martes, 4 de enero de 2011

Pete Postlethwaite

Tenía una cara tan difícil como su apellido, una nariz tan única como su talento y las concavidades de sus cachetes nos devolvían una voz reverberante que haría interesante la lectura de las estadísticas del decrecimiento de las codornices suecas. Podía hacer de todo, desde el bueno de toda bondad hasta el malo malísimo de toda crueldad. No íbamos a ver películas porque él estuviera, pero cuando descubríamos que estaba sabíamos que el film tendría otro brillo, otra calidad inesperada y renovada. Saltó al reconocimiento masivo como el padre de Daniel Day-Lewis en En el nombre del padre de Jim Sheridan y quien esto escribe lo vio por última vez el año pasado en la muy buena película de Ben Afflect, Atracción peligrosa (The town). No es cierto que A rey muerto, rey puesto. Vendrán otros, sí, pero el mundo del cine contemporáneo es un poco más opaco porque él ya no está. De todos los recuerdos que me deja, elijo el del director de la banda minera que se levanta de la cama, con los pulmones deshechos a dirigir el concierto del Albert Hall y demostrar, como si hiciera falta, que la dignidad no se negocia, en Tocando el viento de Mark Herman. Steven Spielberg que lo dirigió en Jurassic Park II y en Amistad dijo una vez que era el mejor actor del mundo. Y bueno, se nos acaban las palabras, no es cuestión de andar discutiéndole a los grandes.

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