jueves, 3 de abril de 2014

Lo que no fue




Los yanquis se empeñan en arruinarme la vida. Como saben o habrán adivinado, hago 17 millones de cosas, doy clases de inglés en escuelas públicas, ejecuto traducciones, escribo en tres blogs, paseo a mi perro, y en los ratos libres, hago plomería a domicilio. Para poder cumplir con este blog, que es el que más seguidores tiene, si preveo que no voy a tener el jueves libre para ir al cine, espío qué películas estrenarán, recurro a mis amigos de internet y pregunto si tienen acceso a las que me interesa comentar, para que me habiliten verlas. Casi siempre tengo una respuesta positiva, porque no se trata de cine mainstream (comercial o industrial).


Como esta semana iba a ser difícil ya que comenzaban las clases, me fijé con tiempo y vi que estrenarían La mejor oferta de Giuseppe Tornatore  con Geoffrey Rush y Ella se va de Emmanuelle Bercot con Catherine Deneuve. Las vi, escribí sobre ellas y hasta hice una reseña sobre Catherine Deneuve para mi blog enunbelmondo. Y ahora descubro que no se estrenarán.


Los yanquis han logrado dominar el mercado del cine. Obran por prepotencia monopólica. Las salas múltiples (complejos de varios cines, más o menos pequeños, donde antes había uno grande) se abrieron, en esta ciudad al menos, con la intención de variar la oferta, permitir que el público pueda ver otra cosa aparte de films hollywoodenses. Intención buena, que solo a veces puede cumplirse, debido a que los yanquis exigen una determinada cantidad de bocas para sus productos. Convengamos que los beneficios que dan las películas yanquis, permiten sostener en cartel, por ejemplo, filmes europeos que no tienen tanta demanda. Los yanquis lo saben y presionan en consecuencia. Pruebas al canto, si abrís un multicine con 20 salas, te obligarán a que tengas 18 para sus productos, aunque se trate de la misma película y tenga un espectador en cada sala. Y si para liberarte, abrieras otro complejo con 40 salas, te obligarían a que les concedas 38. Si no lo hicieras, te quitarían el derecho a exhibir sus productos y pronto tendrías que cerrar. De allí que los “tanques” hollywoodenses ocupen muchas salas y la variedad sea tan limitada.


Creo que eso fue lo que pasó esta semana y yo me quedé con las crónicas escritas y sin poder publicarlas ni siquiera como “adelantos” porque sabrá Dios si se estrenan y cuándo. Perdón por la perorata, pero sentía que les debía una explicación, más que nada, porque cuando digo que me tomo vacaciones, se debe principalmente a hechos como éste.


Y ya que estamos en aclaraciones, déjenme decirles que no tengo pruritos contra los “tanques”, los consumo según el tema y me entretienen como a cualquiera. Pero en plan de simplificaciones, podemos decir que son cine porque se exhiben en una pantalla, pero se parecen más a una atracción mecánica de parque de diversiones que a una película, si seguimos el molde que crearon los maestros narradores tales como John Ford, Alfred Hitchcock, John Huston, Billy Wilder entre otras firmas. Y es poco lo que puede decirse de un “tanque”, salvo destacar su poca o mucha efectividad.


Y si ya no hago crónicas de películas argentinas es porque no pierdo las esperanzas de trabajar en una. Y si bien tengo cada vez menos conocidos en el medio, no quiero molestarlos, tampoco a los muchos “desconocidos”. Soñé que conseguía participar en un rodaje y alguien me interpelaba por tal o cual opinión que había publicado. La verdad sea dicha, la creación y las consideraciones críticas no tienen nada en común, excepto que en algún momento convergen, en el caso del cine, en esa cosa que transcurre en una pantalla.


Esto viene a cuento porque tres estrenos se registran en nuestras salas: Noé de Darren Aronofsky, que transforma la épica bíblica en épica pochoclera. Betibú, policial argentino de Miguel Cohan con los talentosísimos Mercedes Morán y Daniel Fanego, entre otros notables, y Violetta en concierto, desprendimiento del apabullante fenómeno televisivo.


Y a confesión de parte…

Un abrazo, Gustavo Monteros

Ya que tomé el título con la que se conoció por estos pagos Brief encounter (1945) de David Lean, ilustro con una foto de Celia Johnson y Trevor Howard en dicha película.

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