domingo, 14 de febrero de 2010

Preciosa

El nombre es irónico. Si Pampita o Michelle Pfeiffer son el modelo de belleza indiscutido, Precious, aunque agradable y atractiva a su modo, dista mucho de ser "Preciosa". Carga además con un sobrepeso notable. Pero su supuesta fealdad o su verificable peso no son el problema principal, porque Precious tampoco es valorada "preciosa" por su familia. La pobre está sonada, fregada, jodida, cagada a más no poder. Papá y mamá la someten a vejaciones, abusos y humillaciones que demolerían al más pintado. Por suerte Precious tiene su rinconcito privado, unas fantasías tan pedorras que dan pena, sin embargo a ella le sirven para ir tirando. Tiene sólo 16 años y ha padecido más martirios que un par de santos en sus largas vidas.


Como no se puede apagar el fulgor de nadie a menos que se lo mate y el asesinato no figura entre los planes inmediatos de su familia, Precious sobrevivirá. Conocerla no es fácil. Intuirla es menos complicado. Lo que se intuye alcanza para querer darle una mano. La ayuda vendrá, y esto es quizá lo más conmovedor de la película, no de una manera espectacular, al estilo de los viejos deus-ex-machina que lo solucionaban todo. No, le brindarán sólo una mano, ella tendrá que poner el resto.


Precious es una inolvidable historia de redención. Lee Daniels cuenta con astucia y tiene un as en la manga, dos actrices capaces de conmover a los cactus. Gabourey Sidibe es Precious, una grande y no sólo de tamaño. Mo'Nique es la madre. No sé qué hará de ahora en más, qué papeles le tocarán en suerte, pero su actuación en esta película marca un antes y un después en mi carrera de espectador cinematográfico.


Sorprenden también una repentinamente talentosa Mariah Carey, un simpático Lenny Kravitz y la bella Paula Patton.


Por más dura, conmocionante o desgarradora que sea, debe verse. Aunque más no sea para reconocer a las Preciosas que nos rodean y darles una mano. O dos.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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