viernes, 13 de noviembre de 2009

Una historia de violencia

De vez en cuando a propósito compro golosinas que ya existían en mi tierna y lejana infancia (galletitas Rumba, Tita, alfajores Jorgito, pastillas D.R.F., caramelos Media Hora, etc.). Lo hago para comprobar si tienen el mismo gusto que tenían en la antigüedad. Inútil y frustrante ejercicio de memoria emotiva. No saben cómo sabían. No porque mi memoria sea quisquillosa o amnésica sino por la sencilla razón de que las firmas que las producían fueron absorbidas por compañías multinacionales a las que les importa un bledo y tres pepinos el sabor, la calidad y la tradición.


Me va mejor cuando hago el mismo ejercicio con películas que en su momento me gustaron mucho. De tanto en tanto vuelvo a verlas para comprobar si están envejeciendo bien.


A history of violence de David Cronenberg sigue tan perfecta y potente como en su estreno en el 2005. Es un cóctel delicioso del western del héroe misterioso y el policial negro retinto del pasado turbulento que vuelve.


Sam Stall (Viggo Mortensen) es un padre de familia irreprochable que atiende un bar. Cuando dos maleantes llegan a asaltarlo, revela una pericia inusitada para matar gente. Este hecho acabará con su bajo perfil y la fama hará que enfrente algunas deudas pendientes.


La clave está en el título porque no es una story sino una history. Ambas pueden traducirse como historia, pero story en su primera acepción es cuento mientras que history en su primera acepción es historia. Esto viene a cuento no porque tenga un ataque de etimología pelotudo sino porque en este relato cinematográfico hay un recorte de tiempo con principio y final. Un círculo, válgame la redundancia, redondísimo entre la escena familiar de apertura (la pesadilla de la nena) y la escena familiar de cierre (la cena). Más un perturbador prólogo que delimitará magistralmente el ámbito en el que se desatará la violencia.


Es una parábola ejemplar que no nos dejará indiferentes y que más allá de su simpleza suscitará tantas interpretaciones como espectadores tenga. Porque cuando las ideas son claras, no hay nada más profundo que lo simple.


Los caballeros confirman su derecho a portar todos los adjetivos admirativos que les han tributado. Viggo Mortensen es el candidato ideal para retratar a este hombre que es tanto un padre soñado como un asesino implacable. A Ed Harris le bastan tres o cuatro escenas para ratificar su estatura de actor inmenso. Y un audaz William Hurt camina por el precipicio de la sobreactuación sin desbarrancarse jamás, regocijándonos con su histrionismo sin par. Pero la sorpresa la da la dama, María Bello se revela como una actriz talentosísima y personalísima. Sincera, plena, segura, una auténtica maravilla. Muy hermosa, además.


Si no la han visto, no se la pierdan. Y si ya la han visto, vuélvanla a ver: vale la pena. La da ISAT, las próximas emisiones son el jueves 19 de noviembre (La Plata Day) a las 22hs y el domingo 29 a las 0:00 y a las 22.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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