jueves, 13 de septiembre de 2018

Miss Saigon


En términos de gigantescos éxitos, los franceses Claude-Michel Schönberg (música) y Alain Boublil (letra y libros) tuvieron un segundo (Miss Saigon) a la altura del primero (Les Misérables), pero no hubo dos sin tres (Martin Guerre) para ellos.


Miss Saigon se estrenó en Londres en 1989 y representó la consagración mundial de Lea Salonga, el debut en el musical de Jonathan Pryce, y completó el trío protagónico, Simon Bowman. Estuvo 10 años ininterrumpidos en el West End. Por supuesto repitió el éxito en Broadway y en otras grandes plazas teatrales. Nicholas Hytner dirigió la producción original.


En el 2014, su productor inicial Cameron Mackintosh organizó una reposición en Londres y tras un exhaustivo casting la sufriente Kim quedó en manos de Eva Noblenza (fue elegida en Manila, Filipinas), el rol del Ingeniero, rol creado por Pryce recayó en el híper talentoso Jon Jon Briones, y el galán, en manos de Alistair Brammer, alcanzó nueva revelancia, así como el personaje de Gigi en magnífico cuerpo y voz de Rachelle Ann Go.


El nuevo elenco logró una versión suprema, de pura magnificencia. Ojo, ahora como con My Fair Lady, El violinista en el tejado o Sweeney Todd, solo para mencionar tres clásicos indiscutidos, montar Miss Saigon es fácil. ¿Por qué digo semejante herejía? Por la sencilla razón de que ya está "descubierto", ya se sabe como son los personajes, que le conviene a la música, qué es lo que se debe lograr. Se parte de terreno fértil, los originales dejaron inauguraron un camino sólido y sin baches. Se puede cambiar la escenografía, el vestuario, cambiar el concepto escénico incluso, pero se sabe adónde se debe llegar.


Miss Saigon es una reformulación de Madama Butterfly, hay un romance interracial que termina mal para la pobre vietnamita en este caso, porque la acción se trasladó a la guerra de Vietnam. Como en Butterfly, hay una boda interrumpida por maldiciones, un hijo y un final trágico por mano propia, todas las demás circunstancias han sido conveniente (y acertadamente) cambiadas.


A propósito de cumplir los 25 años del estreno durante la temporada de reposición y en vista de los impresionantes logros del nuevo director escénico, Laurence Connor, Cameron Makintosh decidió filmar una función en vena cinematográfica (la puesta se presta para tal fin) y exhibirla en los cines, con el plus premium de una gala con los protagonistas y parte del reparto de la puesta original.


Schönberg es uno de los reyes de la melodía y logró una partitura que se sigue todo el tiempo con deleite. Boublil no es en letrista muy poético, pero si un transcriptor muy gráfico y efectivo de emociones y narraciones pertinentes a la trama. Aunque en esta versión los que se llevan los laureles son los actores-cantantes y el director. Consiguen un verosímil impresionante. Los soldados parecen soldados, el proxeneta uno de verdad y las prostitutas, auténticas profesionales del oficio. Y es tal la maravilla, que hay momentos en que no se sabe para qué lado mirar. No es ajeno a esto, el coreógrafo Bob Avian, el único repetido con justeza, porque estaba en la versión original


Desde hace una semana está disponible en Netflix. No la dejen para más adelante, miren que las obras musicales duran  poco en Netflix. Ah, no se dejen engañar por los títulos finales, miren que después de los mismos viene la gala aniversario. Si son gustosos del género, imperdible. 

Gustavo Monteros



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