jueves, 8 de marzo de 2018

Yo soy Tonya




La historia detrás de Yo soy Tonya para los estadounidenses es tan conocida como por aquí lo son las de Moria con medio mundo o los escándalos alrededor de Diego, el único. En cambio, nosotros (o al menos yo) no sabemos nada de lo que pasó entre Tonya Harding y Nancy Kerrigan, lo que nos conviene como espectadores, ya que todo lo que acontece nos tomará de sorpresa. Razón por la cual contaré lo menos posible.


Yo soy Tonya se basa en hechos reales pero no cae, gracias a Dios, en ninguna de las estupideces habituales de la biopic al pochoclo con las que el Hollywood contemporáneo nos golpea semana a semana. No, tiene un punto de vista, criterio propio, juega con los elementos del documental y tiene mucho humor. El tema daba para un dramón de proporciones, pero en sintonía con la dureza de sus protagonistas, se eligió el tono de un humor salvaje.


Yo soy Tonya transcurre en el mundo del patinaje artístico y se centra en la competencia feroz de Tanya Harding, una chica recia, mal hablada, con menos roce que un cactus y tan refinada como una lija, de clase baja y orgullosa de serlo y  Nancy Kerrigan, una chica femenina, de buen gusto, modosita y de clase media alta y orgullosa de serlo.


Yo soy Tonya cuenta con una media docena de personajes fascinantes, pero dos se llevan todas las palmas. La madre de Tonya (la justamente premiada Allison Janney) es lo que en cierta jerga norteamericana se define como una pretty tough cookie o sea una señora de armas tomar. Esta señora de nombre LaVona deja a la legendaria mamá Rose de Gypsy a la altura de Jacinta Pichimahuida… en su día más dulce. Y Tonya (la sencillamente fabulosa Margot Robbie) es una badass, o sea una guarra, una aguerrida indomable. Y si decimos que entre ellas hay una relación de amor-odio, es el eufemismo del siglo. Hemos visto cientos de relaciones de amor-odio entre madres e hijas, pero esta es de una ferocidad temible, que vista con humor se vuelve irresistiblemente deliciosa, valga el sadismo implícito del comentario.


Yo soy Tonya en mi opinión, más que una historia de ascenso y caída, es la de la suprema ironía que un gran talento caiga en cuerpo de quien no puede manejarlo, porque Tonya es una patinadora de un talento innato e irrepetible, hasta puede hacer el triple Axel, un salto con un giro infinito antes de volver al hielo.
Todos los personajes están actuados con gloria y honor y merecen la honra sin par, pero la mamá que hace Allison Janney, merece todos y cada uno de los premios que recibió. Y si bien Margot Robbie obtuvo iguales nominaciones, aunque se quedó con los sobres y las fotos, porque en la temporada de premios todos se enamoraron de esa otra badass que hizo la gran Frances McDormant en Tres anuncios por un crimen, compone una Tonya i-nol-vi-da-ble, por momentos odiosa, pero a la que terminamos por amar. (Bueno, algún que otro premio ligó pero eran de los equivalentes a la Asociación de Críticos de Calamuchita Oeste, nada que ver con las grandes ligas del Óscar, Globo de oro, BAFTA y esas pulgas)


Al margen de los actores, en guión y dirección hay gente con antecedentes que dan envidia.


El guionista es Steve Rogers que inició su carrera en una nota menor con Vientos de esperanza (Hope floats, 1998, dirección de Forest Whitaker) romance mantenido a flote por la inhundible Sandra Bullock acompañada en esa ocasión por el cantante/actor Harry Connick Jr., la siguiente fue un melodrama tan lacrimógeno como efectivo de Quédate a mi lado (Stepmom, 1998 con dirección de Chris Columbus, con las siempre fabulosas Julia Roberts y Susan Sarandon, continuó con otro romance, esta vez delicioso, el de Kate & Leopold (2001, con dirección de James Mangold) y protagónico de los carismáticos Meg Ryan y Hugh Jackman, una película a descubrir, porque pasó injustamente desapercibida, y como le salían bien los romances, se despachó con otro, Postdata, te amo (P.S. I love you, 2007, dirección de Richard LaGravenese) para la pareja de la doblemente oscarizada Hilary Swank y el galán recio de voz grave de Gerald Butler, y antes de Yo soy Tonya, una grata sorpresa navideña, género ñoño por excelencia, la ácida y brillante Navidad con los Cooper (Love the Coopers, 2015, con dirección de Jessie Nelson y un elenco de notables, Diane Keaton, John Goodman, Marisa Tomei, Alan Arkin, Amanda Seyfried, Olivia Wilde y con el ahora famoso Timothée Chalamet, entre otros, para esta comedia coral con situaciones y líneas muy logradas.


El director es el australiano Craig Gillespie que arrancó su carrera en 2007 con Enemigo en casa (Mr Woodcock) vehículo de lucimiento para Billy Bob Thornton, acompañado por Susan Sarandon y Sean William Scott, siguió también en 2007con su obra más recordada y estimada (adjetivos que Soy Tonya disputará) Lars y la chica real con un delicioso Ryan Gosling acompañado por Emily Mortimer y Patricia Clarkson entre otros, en 2011 reprisó una de vampiros Noche de miedo (Fright night) con los geniales Colin Farrell, Toni Collette, David Tennant entre otros talentosos, en 2014 hizo una de deportes para Disney, Un golpe de talento (Million dollar arm) con Jon Hamm, secundado por Lake Bell, Alan Arkin y el recordado Bill Paxton entre otros notables, en 2015 hizo una de cine catástrofe con afortunado buen desenlace, Horas contadas (The finest hours) para un largo elenco con Chris Pine, Casey Affleck, Ben Foster y Eric Bana a la cabeza y ahora esta maravillosa Yo soy Tonya.


No andemos con más vueltas, repitamos el viejo chiste y definámosla en dos palabras: im-perdible.

Gustavo Monteros





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