jueves, 6 de octubre de 2016

La lección

La lección (Urok, 2014, en el original) de los búlgaros Kristina Grozeva y Peter Valchanov exhibe muchas de la virtudes del cine de autor aunque también muchas de sus falencias.


Como su título lo preanuncia una moraleja está implícita. En las narraciones, las lecciones aprendidas implican siempre una moraleja. Esta puede surgir naturalmente de lo que se cuenta o estar sobreimpresa de antemano a lo que va a narrarse. La lección habita el segundo caso. La historia es prácticamente una tesis a corroborar.


Todo arranca con una docente de inglés, Nadezhda (Margita Gosheva) que debe resolver un robo de dinero en su clase. Como buena docente, se cree imbuida de una moralidad indiscutible y al no denunciarse el autor, organiza una vaquita para restaurarle lo perdido a la víctima. La trama se empeñará en demostrarle que está mal sentirse superior ante quien tiene la necesidad de robar. Para empezar, al llegar a su casa, sabrá que su marido no estuvo pagando la deuda con el banco y van a proceder a rematarle la casa.


Como en muchas películas de autor se prescinde de la banda sonora y la cámara más que seguir acosa a la protagonista. Muchas escenas están trabajadas hasta los últimos detalles, herramientas que nos hace involucrarnos con los que se cuenta. Entre las falencias se hallan las resoluciones caprichosas que exigen una infinita suspensión de la incredulidad, la psicología de algunos personajes que de tan estrambótica requeriría la escritura de nuevos tratados sobre el comportamiento, y el poner en puntos suspensivos los aspectos más inverosímiles, dejando en escena solo sus consecuencias, algo que en el cine comercial se considera vagancia, pero que en el de autor se lo denomina peculiaridad, y el callar razones que solucionarían el conflicto de inmediato, como por ejemplo por qué no decirle a la cajera que exige los tres centavos que faltan el motivo por el que debe hacer la transferencia nimia. Además de abusar del poder de demiurgo que tiene todo creador y someter a sus personajes a atroces arbitrios.


Margita Gosheva es una actriz soberbia y hace congruentes algunas dudosas resoluciones del guión sobre su personaje.


En resumen, sin ser una maravilla, se deja ver, se sigue con interés y promueve más de una bienvenida discusión.

Gustavo Monteros

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