jueves, 30 de junio de 2016

La ilusión de estar contigo

Es la historia de una obsesión post-andropausia. Nuestro narrador, un cincuentón, como ya no le da para entregarse a una pasión carnal, se deja llevar por un juego literario. Pero seamos claros y comencemos por el principio.


Martin Joubert (Fabrice Luchini) está casado con Valérie (Isabelle Candelier) y tiene un hijo adolescente, Julien (Kacey Mottet Klein). Hace unos siete años dejó su trabajo de editor en una empresa de libros y se vino a Normandía a ocuparse de la panadería familiar tras la muerte de su padre. Un día, ocupan la casa vecina una pareja inglesa, compuesta por un restaurador de muebles antiguos, Charlie (Jason Flemyng) y una decoradora, Gemma (Gemma Artenton). Que ella, Gemma Bovery, por un par de letras casi sea la homónima de la protagonista de la célebre novela de Flaubert, Emma Bovary, convence a Martin de que compartirá igual insatisfacción y triste destino que la Madame Bovary archifamosa.


El material se perfila, al margen de la obsesión principal (a veces cómica, otras patética) como una sátira a la alta burguesía londinense, representada por Elsa Zylberstein y Pip Torrens, que viene a desparramar su esnobismo por la campiña francesa y por las pretensiones de profundidad de los que huyen de las grandes urbes para refugiarse en el campo. Algo que la película no termina de abarcar. Quizá a Ann Fontaine (Nathalie X, 2003, Cocó antes de Chanel, 2009, Madres Perfectas, 2013) le hubiera convenido el pastiche del que hizo uso su colega, Jocelyn Moorhouse en la reciente El poder de la moda/The dressmaker. Eso fue por la razón, hablemos ahora de corazón.


Hay películas a las que uno accede con plenitud, ante las que se deja de lado todo juicio de valor y uno las termina por abrazar entre las favoritas. Por varios motivos, me  pasó con esta. Confieso. Al iniciarse nomás, me ganó el paisaje de la luminosa Normandía en verano y la música de Bruno Coulais, que sigue el canon impuesto por Hollywood, aunque con mucho mejor gusto. Fabrice Luchini, a quien recordamos de dos François Ozon (En la casa, 2012 y Potiche, las mujeres al poder, 2010) y un Philippe Le Guay (Las chicas del sexto piso, 2010) es un actor elegante y prodigioso y es muy difícil permanecer incólume a su talento. Gemma Artenton es una mujer en su esplendor, su sensualidad de tan vibrante es casi palpable. Y como amo los idiomas, que esté hablada en francés es tanto un bálsamo como un recreo al predominante cine en inglés. Sé muy poco francés, desconozco casi todos los tiempos verbales, y todos los modismos lingüísticos, pero reconozco los sustantivos y los adjetivos, no en vano, es pariente del español, y cuando está hablado con la dicción perfecta de un actor formado en el teatro como Luchini, paladeo cada sílaba. Y como no adherir a una película en que los protagonistas tienen perros y si encima el de él se llama Gus, pónganme el moño, que voy de regalo.


No será perfecta, lejos de ello, pero a mí me encantó. Ojalá les pase lo mismo. (Eso sí, prisión perpetua para el que le puso el título para la Argentina, además no decimos “contigo” ni aunque nos peguen, entonces por qué no La ilusión de estar con vos, ¿o estará volviendo el “tú” de los años cuarenta? )

Gustavo Monteros




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