jueves, 30 de junio de 2016

Amor por sorpresa

Jacob van Zuylen de With (Jeroen van Koningsbrugge) aunque es rico de toda riqueza se quiere suicidar. Algo que le resulta muy difícil, dado que vive literalmente en un palacio, donde alguien siempre aparece para impedírselo. Una casualidad hará que se tope con una empresa que ayuda inesperadamente, previo pago de una enorme suma, en el viaje al más allá. O sea, uno contrata unos piadosos asesinos que te liquidan cuando menos te lo esperas. Eso sí, el trato, como el fáustico, una vez convenido, no puede deshacerse. Y como la vida es bromista, conoce a una tal Anne de Koning (Georgina Verbaan) que le devuelve sino las ganas de vivir, al menos las de prolongar la existencia un rato más.


Si este resumen de argumente les recuerda a la de la novela de Julio Verne, Tribulaciones de un chino en China y a la deliciosa y disparatada versión que emprendieron el director Philippe de Broca y el actor Jean Paul Belmondo allá por 1965, no es pura coincidencia, se trata de materiales muy conocidos para protestar inocencia. De todos modos, la originalidad en sí ya no es un mérito y uno puede inspirarse donde sea, lo que importa es lo que se logra, sea el punto de partida propio o ajeno.


El holandés Mike van Diem, que ganara el Óscar a la mejor película extranjera en 1997 con la recordada Karakter, se despacha con una comedia romántica por momentos muy locuaz, siempre elegante, diestra, suntuosa y apegada a alguna que otra convención del género, inevitables quizá, porque si las de tiros han de tener sangre, las de amor tienen que tener romance. Como sea en el todo se impone una inherente simpatía y los entuertos se siguen con disfrute.


En tiempos de pobreza espiritual y de bolsillo, por los golpes que nos propina a diario el neo-conservadurismo que nos gobierna, no es poco y se agradece. En tiempos así, las horas en que no se recuerdan las salvajadas y los atropellos a los derechos adquiridos valen oro.


Gustavo Monteros

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