viernes, 1 de abril de 2016

Recuerdos secretos

 


¿Puede una película recibir críticas opuestas, excelsas o aborrecibles, y tener todas la razón? Sí, y no es necesario caer en los argumentos de la emocionalidad para justificar la anomalía. Esta aparente contradicción puede incluso obedecer las rigurosas reglas de la objetividad. Como en tantas otras cosas, todo depende de la perspectiva con que se la mire. Recuerdos secretos (Remember, en el original) puede ser un buen ejemplo de eso. Algunas críticas la ponen por las nubes, mientras que otras, la lapidan sin piedad. Y, por increíble que parezca, quizá todas tengan razón. Desarrollemos.


La trama es simple, Zev Guttman (Christopher Plummer) acaba de quedar viudo y puede cumplir la promesa que le hizo a su compañero de geriátrico, Max Rosembaum (Martin Landau) salir y matar al hombre que torturó y mató a sus familias en Auschwitz, un monstruo que se esconde bajo el nombre de Rudy Kurlander. Zev escapa del geriátrico y comienza la búsqueda, se topará con varios Rudy Kurlanders hasta dar con el verdadero. Como Zev está senil, cada vez que se despierta, no recuerda nada, para ayudarse cuenta con una carta detallada de Max, que lo reubica y focaliza (cualquier parecido con Memento, 2000, de Christopher Nolan, no es pura coincidencia).


Estamos entonces ante una película de caminos (variable con protagonista de edad avanzada), que a la vez se perfila como un thriller de final sorprendente.


Vista de la perspectiva de la película pochoclera de la semana, puede considerase buena, noble, bien intencionada, lograda incluso. Cubre terreno familiar, transitado varias veces. Encuentro con un niño (Peter DaCunha) (encuentro anciano y niño rinde mucho siempre), con el típico simpatizante nazi (Dean Morrison en otra innecesaria sobreactuación) (encuentro entre indefenso anciano y matón siempre rinde mucho también) y las sorpresas, claro, de los diferentes Kurlanders, que permite el lucimiento o al menos la aparición en pantalla de míticos actores europeos, en este caso los legendarios Bruno Ganz y Jürgen Prochnow (aparición de viejos actores famosos siempre rinde mucho, no olvidar las películas catástrofes y sus repartos con viejas glorias del cine, no había avión, barco, plaga o incendio que no contara con alguna).


Pero vista como de quien viene, Atom Agoyan (que supo filmar Speaking parts, 1989, The adjuster, 1991, Calendar, 1993, Exótica, 1994, y, la más famosa de las suyas, El dulce porvenir, 1997, todas muy transitadas por los canales de cine arte del cable, hasta INCA TV le dedicó algún que otro ciclo) es otro bodrio de proporciones épicas. Digo otro porque el hombre desde El viaje de Felicia, 1999, mi favorita entre las suyas, no pega una. Las fallidas Ararat, 2002 y Where the truth lies o como se conoció por acá La verdad desnuda están logradísimas al lado de lo que vino después: Adoration, 2008, Chloe, 2009, Devil’s knot o El nudo del Diablo, 2013 y The captive (o Cautiva o Cautivos, según diferentes países latinoamericanos), auténticos bodrios irredimibles. Se supone que el hombre es uno de los elegidos, de los grandes, que estrena en festivales que se disputan por tenerlo. Si no se repone pronto van a dejar de invitarlo y algunos críticos, menos pacientes, ya le quitaron el mote de “autor”.


Entonces si se mira Recuerdos secretos desde la perspectiva del cine arte o de autor, es una película torpemente manipuladora, argumentativamente endeble, superficial en su tratamiento de la vejez, la memoria, y que poco o nada agrega, más bien vampiriza, el tema del Holocausto.


Se comprende, eso sí, que Christopher Plummer se entusiasmara con el proyecto, lo devuelve a los protagónicos con bríos, nervios y lo corren de los abuelitos o científicos enfermizamente simpáticos.


En fin, todo se reduce a tomar una perspectiva, a responder con una toma de lugar a la pregunta que hacía Matías Martín en un programa de juegos ya olvidado: ¿Y vos, de qué lado estás, chabón?

Gustavo Monteros


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