jueves, 4 de febrero de 2016

Bus 657



Ten bad dates with De Niro (Diez malas citas con De Niro) editado por Richard T Kelly es un libro de listas de a 10, hecha por y para cinéfilos. A los que nos apasiona el cine, nos gusta ejercitar la memoria y recrearlo, y una de las mejores formas de hacerlo es creando listas. Por ejemplo: dígame las mejores 10 películas de acción, o las mejores 10 de Ingmar Bergman, o las 10 peores películas musicales, etc. Que se haya elegido mencionar a DeNiro en el título del libro como gancho vendedor, habla a las claras que el querido Robert nos ha defraudado más de una vez aceptando participar en el primer bodrio que le acercaron. A veces uno tiene la impresión de que ni siquiera leyó el guión o que en la casa no lo aguantan y lo mandan a trabajar en lo primero que su agente tiene a mano para sacárselo de encima. Si Meryl Streep diseña su carrera con el sigilo de un ajedrecista nuevo compitiendo con un campeón, a Bobby, por el contrario le gusta “desacralizarse”. Cuando intentaba convencer a Stallone para que se subiera al ring con él en Ajuste de cuentas, Sylvester le mencionó que temía que dijeran que era El toro salvaje contra Rocky (implicando que bajarían del pedestal al film de Scorsese, hito de la historia del cine y lo equilibrarían con una franquicia, que de artística solo tiene el primer film), a lo cual Robert contestó: Ojalá. Y por las dudas alguien se sintiera cohibido, en los reportajes de promoción de Ajuste de cuentas, DeNiro decía que era El toro salvaje versus Rocky.


O sea al hombre le gusta sentirse vigente y no una pieza de museo y para ello hace solamente cine, el mejor, el peor y el del medio. Y hablando del medio, allí quedamos nosotros, sus espectadores más fieles. Mucho no nos podemos quejar porque siempre nos devuelve el precio de la entrada, no hace como el compañero de Jeffrey Dean Morgan de la semana pasada, Anthony Hopkins, que solo pone cara y nombre y pasa por contaduría a cobrar. No, el Tito trabaja, no siempre magistralmente, pero sí con responsabilidad y a consciencia.


Bah, a lo que voy es que esperaba lo peor de Bus 657 de Scott Mann, nombre de antecedentes casi nulos, si prescindimos de su mamá, claro. Pero la vida te da sorpresas, subirse a este bus no está nada mal y te da un buen paseo.


Vaughn (Jeffrey Dean Morgan) tiene que conseguir una gran suma de dinero con urgencia para que puedan operar y seguir atendiendo a su hijita moribunda. Le pide ayuda a Pope (DeNiro) el dueño del casino donde trabaja, quien se la niega. Entonces no le queda más remedio que aceptar el plan de robar el casino que le propone uno de los guardias del lugar, Cox (Dave Bautista). La cosa no sale del todo bien y en la huida toman posesión de un micro de línea con todos sus pasajeros como rehenes. Entonces…


La historia atrapa y está contada con brío. Uno no se desentiende jamás de lo que pasa en pantalla, por supuesto, más de una vez se nos pide que pongamos nuestra suspicacia a buen resguardo para disfrutar de lo que pasa, pero tampoco tanto o más que otros referentes del género. Y terminada la historia y armado todo el rompecabezas, vemos que el guión de Stephen Cyrus Sepher maneja una deliciosa lógica católica, la meritocracia que nos enseñaron en el catecismo: las buenas acciones son recompensadas con creces. Lógica que ojalá se cumpliera a rajatabla. Sangro por la herida, no me va tan bien como me porto.


En resumen, para incluir en las 10 películas con DeNiro que pensamos que iban a ser horribles y que sin embargo no lo fueron.

Gustavo Monteros

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