viernes, 9 de octubre de 2015

Sicario


Se viene el fin de semana largo y cuatro estrenos más  o menos para adultos renuevan la cartelera. Solo puedo ver uno, así que tengo que elegir. Decido ver los tráileres en vez de tirar la perinola.

Veo primero el de El regalo, escrita, dirigida y protagonizada por Joel Edgerton, y coprotagonizada por Jason Bateman y la casi perfecta Rebecca Hall. El argumento abreva en la vieja trampa del intruso, en principio inofensivo, que después se revela peligroso, peligrosísimo; sí, un thriller de esos que se hacían de a cuatro docenas por semana en los noventa. Paso. Supongo que lo terminaré viendo cuando reaparezca por internet o aledaños. (Último momento: algunas críticas advierten que no es tan mala como podría esperarse; tarde, al menos para mí).

Veo después los avances de Sin escape, escrita y dirigida por John Erick Dowdle y protagonizada por Owen Wilson, Lake Bell y Pierce Brosnan. ¡Qué manía la de los productores de darles a los comediantes roles serios, como si hacer comedia no fuera lo suficientemente difícil! Cualquiera puede hacer drama, comedia solo los elegidos. Al Pacino daría hasta lo que no tiene para poder tener esa gracia, y como ejemplo de disparate mayúsculo hasta anda dando vuelta por ahí una película con Will Ferrell en un papel dramático. El bueno de Owen Wilson no perdió el toque humorístico ni con sus problemas de ánimo y salud, y la divina Lake Bell, responsable del guión y protagónico  de la deliciosa comedia In a world, que se desarrolla en el ambiente de los locutores de tráileres (ya que hablamos de ellos) hacen aquí de un matrimonio atrapado en un país sesgado por un golpe de estado, del que hay que huir porque matan a todos los extranjeros y (supongo que si son yanquis más todavía o indefectiblemente, ¡sabrá Dios por qué!, ya que son tan buenos e inocentes), los ayuda a salir de tal encrucijada el bueno de Pierce Brosnan, que también puede hacer comedia, ser galán maduro, hacer drama y andar a los tiros, claro. Paso.

Veo a continuación la cola de En la cuerda floja de Robert Zemeckis (el recordado director de Tras la esmeralda perdida, la trilogía de Volver al futuro, La muerte le sienta bien, Forrest Gump, Contacto) que últimamente anda con la brújula desorientada. Este film, como el 99,99 % de las películas que se vienen, se basa en una historia real. En este caso la de Philippe Petit, acróbata francés que atravesó en 1974 un cable que unió las Torres Gemelas. Sobre esta historia ya hay hasta un famoso documental Man on wire (James Marsh, 2008) y en el tráiler se ve a Joseph Gordon-Levitt tambalear en su decisión de cumplir la proeza y su novia, la ascendente Charlotte Le Bon, le dice: “Tu corazón te dirá qué hacer”, variación de la clásica: “You can do it” (of course). Gracias, paso. (Si en la película anterior, El vuelo, el morbo de Zemeckis pasaba por escenificar un accidente aeronáutico, en esta parece pasar por acrecentar el vértigo del espectador con el berreta truco de feria del 3D). Ah, anda por ahí también Ben Kingsley, perdón Sir Ben Kingsley. (Lo siento, Ben, igual paso). Ah, como Joseph Gordon-Levitt hace de francés, se respeta a rajatabla la tradición actoral anglosajona y habla con acento supuestamente francés, o sea que suena como Peter Sellers haciendo de El inspector Clouseau.

Mi amor por Emily Blunt puede más y opto por Sicario de Denis Villenueve. La película se abre con una astucia narrativa que al profundizarse se vuelve relevante y seductora. Kate (Emily Blunt) es una agente especialista en rescate de rehenes. Después de un descubrimiento macabro, su jefe, Dave (Victor Garber) la invita a unirse a un grupo ultrasecreto liderado por Matt (Josh Brolin) y secundado por un guardaespaldas que es intensidad y misterio puros, Alejandro (Benicio Del Toro). Ella (y por ende nosotros) no sabe nada de las características de la nueva unidad, a qué se dedica exactamente o qué se espera de ella. ¿Es Dave de la CIA, de la DEA, o de qué? ¿Opera legalmente? ¿Qué hay detrás del misterioso Alejandro? ¿Por qué se insiste en mostrarnos la cotidianeidad del policía mexicano, Silvio (Maximiliano Hernández)?

Como corresponde todas las preguntas tendrán su respuesta y como corresponde al género, el modo en que se responden es tan importante como la respuesta en sí. El canadiense Denis Villenueve (Incendies, 2010, La sospecha, 2013, El hombre duplicado, 2013) se perfila como un eficiente creador de los climas y espesuras de la irreversibilidad del destino trágico. No puede escapar, como todos los directores contemporáneos que llegan después de él, de la influencia de Michael Mann (Ladrón, 1981, The keep/La fortaleza infernal, 1983, Manhunter, 1986, El último de los mohicanos, 1992, HEAT/Fuego contra fuego, 1995, El informante, 1999, Muhammad Ali, 2001, Colateral, 2004, Miami Vice, 2006, Enemigos públicos, 2009, Blackhat, 2015) quien a su vez no pudo escapar de la influencia del maestro Sergio Leone (Lo bueno, lo malo y lo feo, 1966, Érase una vez en el Oeste, 1968, Érase una vez en América, 1984).

Y esa innegable capacidad para la puesta en escena le da en este caso transcendencia a una historia que cuando se arma y se recrea a la salida del cine, aparece con la crudeza, el salvajismo, el juego gozoso de los lugares comunes del mejor cine B, porque en realidad todo calza en los parámetros esperables, no hay sorpresas ni alejamientos de las normas.

Esto se logra no solo con la creatividad del director sino con la talentosa complicidad de los actores y sus antecedentes en otros papeles. Emily Blunt está tan maleable y sensible como siempre, Josh Brolin está tan arrogante y seguro como suele estarlo en los papeles que tales perfiles le demandan, Benicio Del Toro con su rostro privilegiado para los dobleces es la dualidad personificada, y los siempre impecables Victor Garber, Jon Bernthal y Daniel Kauuya, al igual que el mencionado Maximiliano Hernández, actualizan su currículum con otra labor encomiable.

En resumen, dos horas seductoras que quizá no tengan la profundidad que pregonan, pero que son altamente entretenidas.

Gustavo Monteros

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