viernes, 7 de agosto de 2015

Un nuevo despertar



No bien empieza, Al Pacino cita un dicho de Oscar Levant (un pianista de excepción, el amigo “feo” de Gene Kelly en Un americano en París (1951, Vincent Minnelli)  ¿se acuerdan?): “Hay una delgada línea entre el genio y la locura, y yo la borré”. La frase es como el epígrafe perfecto para esta historia, porque Simon Axler (Pacino, por supuesto) es un actor al que la magia se le ha muerto y el oficio mucho no lo ayuda. En medio de una función de Cómo les guste de William Shakespeare anda a las patadas con el famoso monólogo de las 7 etapas del hombre, algo muy terrible de tan obvio, es como olvidarse el apellido propio, el himno o número de la casa donde se vive, encima, para colmo de males, como se acostumbra en estos tiempos de estupidez, los espectadores están más pendientes de lo que pasa por sus telefonitos que lo que pasa en escena (¡¿para qué carajo va alguna gente al cine o al teatro si se la pasa todo el tiempo revisando los teléfonos?!, ¡quédense en sus casas y sean felices!, perdón, parte de la estupidez contemporánea me subleva), de modo que al pobre Simon, no le queda otra que ir al proscenio y dejarse caer literalmente de narices al foso de músicos. El regreso a casa no es menos auspicioso, está más solo que la una en un reloj parado. Termina en una clínica de recuperación psiquiátrica dirigida por el Dr Farr (Dylan Baker, al que su natural cara de azoramiento perpetuo le viene como anillo al dedo para este personaje). Allí, Simon, para su desasosiego, conoce a Sybil (una deliciosa Nina Arianda) que quiere, por haberlo visto interpretar a un eficiente asesino una vez, que le mate al marido que se atrevió a meterle los cuernos con la niñera. De vuelta a casa, Simon recibirá la visita de la hija de unos actores amigos, Pegeen (Greta Gerwig que hace lo que puede con un personaje desagradecido) con quien iniciará una relación muy particular. Y entonces, de a poco, nosotros, los espectadores, comenzaremos a no saber si lo que vemos es realidad o si estamos dentro de la enajenación de Simon.


El trámite de seguir las desventuras de Simon es siempre atractivo, el único problema es que la película nunca halla un estilo definido con el cual perfilarse por completo. No es del todo una comedia negra sobre la inmanencia de la muerte, ni una sátira sobre la fama, ni un drama sobre la dificultad de un romance de marcada disparidad de edades. Es un poco de todo eso junto, y nada de eso a la vez. Y quizá el problema radique en que el film o su director nunca quieren sacar de la zona de confort a su protagonista, el gran Al, quien no domina ni se siente cómodo en la comedia (la única vez que Pacino salió de su zona de confort e intentó algo parecido a la comedia fue en Dick Tracy (1990, Warren Beatty) donde payaseó al extremo, cosa que no debe haberle gustado, porque jamás lo intentó de nuevo). Pacino, como todo gran actor dramático, se aproxima al humor por el lado de la ironía, del sarcasmo, del gag físico, pero no termina de asumir o comprender la dislocación, el delirio, el desparpajo que transforma al actor en un comediante. Ojo, no me malinterpreten, Pacino sigue siendo Pacino, y todo lo que hace es hipnótico y seductor, de calidad superlativa. En su grandeza transforma las limitaciones para la comedia en una exploración de las riquezas de su talento.


Dirigió el desparejo aunque siempre atendible, Barry Levinson (Good morning, Vietnam, Rain man, Avalon, Bugsy). Y andan también por ahí Dan Hedaya y Dianne Wiest como los padres de Pegeen (Dianne como siempre desparrama talento), un regresado Charles Grodin es Jerry, el agente de Simon; mientras que la magnífica Kyra Sedgwich y un novato Billy Porter hacen de ex parejas de Pegeen. Ah, y la veterana Mary Louise Wilson, de luminosa actuación en Nebraska (2013, Alexander Payne) es la ama de llaves, que se roba una escena y la eleva al eterno recuerdo.


En resumen, Pacino es Pacino en una película no muy personal ni definida pero digna. Y dado que se basa en una novela de Philip Roth (The humbling / La humillación) y fue filmada con anterioridad, no podemos hablar de plagio, de citas ni homenajes, aunque es imposible no notar evidentes coincidencias con Birdman. (Bah, quizá los creadores de Birdman deberían explicarlas)

Gustavo Monteros

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