miércoles, 1 de abril de 2015

Ave Fénix



El melodrama de pura cepa es un género en vías de extinción. Las estrellas modernas, cuando juegan a ser divas, eligen para lucir las dotes dramáticas y el gran vertimiento de lágrimas dramas más realistas, con enfermedades o sin ellas. Las estrellas de antaño, en cambio, habitaban el melodrama como una segunda casa. Casi sin esfuerzo, podían sufrir con estilo suntuoso, con gracia renovada, con intenso glamur las tramas más rebuscadas sin perder por el camino a ningún espectador, o más bien, espectadora, porque el melodrama tenía a la mujer como principal destinataria. Lo del rebuscamiento de la trama no es un tema menor, los desencuentros fortuitos, las casualidades repentinas, las perdiciones irrevocables, las redenciones más accidentales estaban a la orden del día. Por ejemplo, si una mujer pobre para bien casarse con un hombre rico dejaba su beba de meses en la puerta de un convento, veinte años después, necesitada de una secretaria o dama de compañía, entre todas las posibles aspirantes, contrataba a la hija perdida. Los autores huían de la verosimilitud como de un sacrilegio. Y sin embargo cuanto más improbable fuera la situación, mejor funcionaba. El público no solo aceptaba tan enrevesadas convenciones, sino que las tomaba como la intromisión de un destino cruel siempre dispuesto a cobrar su parte. Y ya se sabe, desde la tragedia griega en adelante, nada compele más a la compasión que el ensañamiento de un destino inmisericorde empeñado en no olvidar errores.


Christian Petzold (Jericó, 2008, Bárbara, 2012) no se anda con vueltas y trabaja Ave Fénix como un melodrama. Quizá el género lo ayuda a tratar un tema espinoso: la complicidad civil con el nazismo. Parte de una vieja novela de Hubert Monteihet, Regreso de las cenizas, que ya tuviera otra adaptación cinematográfica dirigida por J Lee Thompson: Return from the ashes / Una llamada a las doce, 1965. La ficha de Filmaffinity me refresca la memoria con esta sinopsis: "Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la doctora Michele Wolf (Ingrid Thulin) regresa de un campo de concentración y se encuentra ante un panorama desolador: la hija de su primer matrimonio (Samantha Eggar) se ha convertido en amante de su segundo marido (Maximilian Schell). Casi irreconocible, tras sufrir una operación de cirugía plástica, Michele investiga la vida de su familia y acaba descubriendo que su actual marido planea matarla a ella y a su hija para quedarse con su fortuna." Sabrá Dios de qué va la novela original en realidad, porque si el film de Thompson respeta con más o menos fidelidad el argumento, ahora Petzold solo utilizó la situación inicial.


En Ave Fénix, Nelly (Nina Hoss) ha sobrevivido a Auschwitz, con la ayuda de Lene (Nina Kunzendorf) se instala en Berlín. Por tener el rostro desfigurado debe someterse a una cirugía plástica, le pide al médico recuperar su antigua cara. Libre de las vendas, busca y encuentra a su ex marido, Johnny (Ronald Zehrfeld), quien no la reconoce y le pide que interprete a su ex mujer (o sea a ella misma, suprema ironía) para cobrar las herencias legadas por los parientes que perecieron en el holocausto.


Petzold es un arquitecto de la tensión, no ornamenta la sencilla trama sino que la tensa hasta que uno ansíe una resolución que, cuando llega, es magistral. Porque si es cierto que la verdad está en los detalles, la simpleza conmociona más con su despojamiento.  Por supuesto que para que el juego sea perfecto como es, necesita de la complicidad y el talento de los actores. Del primero al último están magníficos, pero es el trío central el que arma y desarma los secretos con envidiable despliegue de expresividad. Imposible no destacar que Nina Hoss está a la altura de las grandes cultoras del género. Uno comparte su destino primero y la ama después sin reservas ni fin.


En el transcurso del argumento, la bellísima canción de Kurt Weill, Speak low, con letra no menos hermosa de Ogden Nash, tiene una particular significación. Y como Weill es una de mis debilidades más cultivadas, que esta canción pautara la historia me regocijaba indeciblemente.


En resumen, si usted es un espectador sensible y adulto con hambre de cine sensible y adulto, sáciese con esta maravilla, sin duda uno de los mejores filmes que veremos este año.
 
Gustavo Monteros

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