viernes, 21 de noviembre de 2014

Madres perfectas



Pocas películas me dejaron tan afuera que estas Madres perfectas de Anne Fontaine (Nathalie X, Coco antes de Chanel, Mi peor pesadilla). A pesar de mi amor por Naomi Watts, mi respeto por Robin Wright o la belleza deslumbrante del paisaje de Seal Rocks, Nueva Gales del Sur, Australia, la película nunca me interesó, me sedujo o me atrapó. Lejos de ello. Me dije: debe ser por la cuestión de género y no del cinematográfico sino el de la identificación sexual. Y sí, Madres perfectas es de esas películas de mujeres, por mujeres, para mujeres. Y si no lo es, se parece bastante.


Y de ser ese el caso, la culpa de que no haya entrado ni un segundo no es toda mía, por ser varoncito sino también de Anne Fontaine, que no le dio un poco más de densidad al asunto y hacerlo un poquito más asequible al interés masculino. Y eso que hay hombres en el proyecto como el guionista (y gran dramaturgo) Christopher Hampton, que esta vez les permite a los personajes decir unas cuantas obviedades. Se basa en una novela de Doris Lessing, The grandmothers y se centra en la historia de dos amigas de lo más íntimas que terminan por relacionarse sentimental y sexualmente con el hijo único de la otra.


Como se ve, el asunto tiene sus aristas y rispideces, pero por los motivos que sean, entre los que no excluyo mi cortedad mental, a mí nada me fue ni me vino. Ni siquiera me aburrió o me enojó, no, peor, me dejó indiferente. Claro, esto no quita que a ustedes les resulte valiosa o reveladora. No es la primera ni va a ser la única vez en que me enfrente con un límite infranqueable.
 
En resumen no sé qué decir. 
Gustavo Monteros

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