lunes, 21 de julio de 2014

El rey James Garner ha muerto, ¡viva el rey!



Al revés de tanto bodoque que se cree la hostia sin serlo, James Garner fue la hostia y jamás se lo creyó. Quizás porque llegó a la profesión casi por accidente, quiso ser marino mercante hasta que descubrió que se mareaba. De allí, quizás también, su mejor perfil fue el del héroe a pesar suyo, aquel hombre que terminaba haciendo la hazaña porque no le quedaba otra.


Sus más grandes éxitos fueron series en la tele, primero con Maverick (de 1957 a 1962) y después con Archivo confidencial o The Rockford files (de 1974 a 1980) y que se ramificó en películas para la TV hasta bien entrados los noventa). Aunque también en el cine nos regaló protagonistas inolvidables. Sin ser su intención desbarataba el tácito amor que había entre Audrey Hepburn y Shirley Mc Laine en La mentira infame (The children’s hour, William Wyler, 1961). En el mismo año, 1963 fue dos veces galán de Doris Day, primero en La salsa de la vida (The thrill of it all, Norman Jewison) y después Yo, ella y la otra (Move over, darling, Michael Gordon). Fue uno de los dos mejores galanes de Julie Andrews (el otro, claro, es Christopher Plummer) primero en la fabulosa  Nunca comprarás mi amor (The Americanization of Emily, Arthur Hiller, 1964), en la ahora mítica Víctor-Victoria (Blake Edwards, 1982) y en el telefilme navideño Una noche especial (Roger Young, 1999). Se ganó su única nominación para el Óscar (y sí, los actores que nos hacen felices jamás ganan premios) como el maduro galán de la querible Sally Field en El romance de Murphy (Martin Ritt, 1985). Y ya que hablamos de romance, la purretada lo recuerda por el viejito enamorado de Gena Rowlands en Diario de una pasión (The notebook, Nick Cassavetes, 2004).


También estuvo en muchas películas para varoncitos: El gran escape (John Sturges, 1963), 36 horas (George Seaton, 1965), Grand Prix (John Frankenheimer, 1966), La hora del revólver (John Sturges, 1967), Apoye a su comisario (Burt Kennedy, 1969), Marlowe (Paul Bogart, 1969), Un hombre llamado Sledge (Vic Morrow, 1970), Látigo (Suppor your local gunfighter, Burt Kennedy, 1971), Sólo matan a sus dueños (James Goldstone, 1972), Asesinato en Hollywood (Sunset, Blake Edwards, 1988) en la que compartía honores con el también inmenso Bruce Willis, no pudo faltar en la versión cinematográfica de Maverick (Richard Donner, 1994) delicia en la que estaban uno de los mejores Mel Gibson y la siempre resplandeciente Jodie Foster, y tampoco faltó en la comedia geriátrica espacial de Clint Eastwood, Jinetes del espcio, 2000.


Cada vez que entrabas a escena me desatabas una sonrisa que me duraba hasta la palabra fin, no creo que te guste que cambie ahora porque te hayas ido. Aunque, amigo, la verdad sea dicha, con la sonrisa se me mezcla ahora un lagrimón. 



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