viernes, 27 de junio de 2014

Jersey boys



El viejo Clint Eastwood lo hizo otra vez: entregar una obra maestra que no olvidaremos y con la que conviviremos mucho tiempo. En un impulso de ampliar su registro (“No puedo hacer siempre lo mismo”, dijo por ahí) se interna en un musical por primera vez. Jersey boys cuenta el ascenso, consolidación y ruptura de The four seasons (Vincent Piazza, Erich Bergen, Michael Lomenda), cuarteto que en su día fue tan popular como Los Beatles, y la posterior carrera solista de su voz líder, Frankie Valli (John Lloyd Young).


Y debido al período que abarca la historia (de los cincuenta a los noventa, deteniéndose en los setenta), y el ámbito (el sector italiano de Nueva Jersey y su codeo con la mafia), para gloria del cine y beneplácito de los cinéfilos, se permite dialogar con una de las películas más veneradas de los últimos tiempos: Buenos muchachos (1990) del Marty Scorsese. (Y en la escena de la discusión en casa del personaje del gran Christopher Walken homenajea al John Huston de El halcón maltés, 1941, y al Sergio Leone de Érase una vez en América, 1984).


El film se basa en un exitoso musical de Broadway y se da el lujo de filmar para los títulos finales lo que el metraje anterior no le permitía: una coreografía.


Si el secreto de la felicidad es el más simple y difícil, aceptar y disfrutar lo que nos tocó en suerte, el secreto del talento de Clint quizá sea también el más simple y difícil: contar la historia, sea cual sea el género, de la mejor manera posible, resaltando sin abrumar los elementos que la componen y sin olvidar jamás la otra mitad de una obra: el público.


Si quien esto lee, dice gustar del cine, no puede perderse esta película. Y si no la ve, debe replantearse la premisa de su gusto o pasión por el cine.


Y si considera que lo coacciono sin darle suficiente información, transcribo un reportaje al gran Clint, tan imperdible como la película.

Un abrazo, Gustavo Monteros

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