domingo, 15 de diciembre de 2013

Peter O'Toole




Mi infancia se cae a pedazos, de a poco nada queda de ella, nadie que atestigüe que fui un niño, que alguna vez me senté en una butaca del cine Gran Rocha para ver que el telón que cubría la inmensa pantalla se corría, el desierto refulgía y Maurice Jarré desgranaba una melodía inolvidable. La película era Lawrence de Arabia y se quedaría a vivir conmigo para siempre. Pero mi padre que me acompañaba y que en ese momento me daba una caja de maní con chocolate, no. Y ahora tampoco su protagonista, Peter O’Toole. La vida sigue, sigue y merece ser desandada. Pero desde hoy, aunque se desgañiten los poetas, es más opaca. Esos ojos azules, a veces anestesiados de alcohol, sabían un secreto que ya se ha perdido. Dios como siempre nos bendijo, solo por un rato. 

Gustavo Monteros

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