jueves, 28 de febrero de 2013

Magic Mike




Era una cuestión de tiempo antes de que fueran el centro de su propia película. Se cuentan por decenas las veces en que fueron la nota de color de dramas y comedias. Y si bien en The full monty, la profesión fue el exorcismo final, que sacaba por un rato a aquellas víctimas precursoras del neoliberalismo merdoso de tanta malaria y despojo, el strip tease masculino no tenía “su” film. Magic Mike viene a compensar esa falencia.

Mike (el bueno de Channing Tatum) parece que la tiene clara. Es un joven, casi treintañero, de buena salud y físico envidiable, que trabaja de stripper. Sabe que el glamoroso trabajo de desnudarse por plata tiene fecha de vencimiento (y sí, como el modelaje, el fútbol o el ballet, la juventud prima sobre la experiencia, para decirlo amablemente y no hablar de de las descalificaciones de flacideces, canas, arrugas y demás patetismos a los que nos somete el tiempo). Por eso ahorra todo lo que puede y planea establecer una empresa de fabricación de muebles únicos, con o sin materiales reciclables. Y para no creérsela del todo (y sí, ser un objeto sexual puede marear un poco, supongo… no tengo la dicha de ser uno)  acepta de día trabajos en negro, como poner tejas en un techo. En esa changa conoce a Adam (Alex Pettyfer) un chico de veinte años, a la deriva y medio tarambana (combinación mortal si las hay). A la noche, Mike se encuentra con Adam de casualidad, y de puro solidario, lo lleva a que dé una mano en las bambalinas del show (y sí, en el strip hay que salir bien cubierto y con muchos accesorios que se van descartando, así que un vestidor nunca viene mal). Y no va que como en Gypsy (aunque allí, claro, la cosa era con nudistas mujeres), falla un stripper y hay que reemplazarlo y…  ¿quién va a debutar para ser más tarde un éxito?: sí, ¡Adam! En algún momento la hermana de Adam, Brooke (Cody Horn) le va a pedir a Mike que lo proteja. Pero como dijimos, Adam es un poco tarambana y se va a tentar con los peligros de la noche: sexo fácil, drogas o pegarse a mujeres poco aconsejables que ninguna madre, o hermana en este caso, aceptaría. La cuestión es que Mike descubre que en realidad no la tiene tan clara, le agarra una crisis y entonces…

Si bien la sinopsis puede indicar que se trata de un film industrial que explota los pectorales, los bíceps, los bultos y demás topografías masculinas, no, es un film medio independiente de Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y video, Kafka, Erin Brockovich, La gran estafa, Che). Parece que el proyecto nació cuando Channing Tatum le contó que, antes de triunfar como estrella de cine, tuvo un breve paso por el strip-tease.

Soderbergh le da espesor (sin exagerar) a los convencionalismos de la trama. No demoniza ni subestima el trabajo de arrancarse la ropa y sacudir los genitales. Filma los números con elegancia y detalla aspectos de la profesión. Como que más allá de permitirse algunos excesos de drogas, sexo y alcohol, los strippers viven pendientes de su cuerpo, lo entrenan, lo cuidan y lo miman (y sí, después de todo es su medio de ganarse la vida.) Y que como buenos devotos del culto al cuerpo suelen descuidar el intelecto. Y bueno, tampoco les piden otra cosa. Una futura psicóloga, que se acuesta con Mike sólo por el beneficio fisiológico, le dirá: “No hables, basta con que seas hermoso.”

Dos trabajos actorales se destacan, el de Tatum, buen actor con un excelente manejo del cuerpo y ¡oh, sorpresa! el de Mathew McConaughey. El 2012 fue un buen año para el tejano. Cuando su carrera parecía despeñarse en el chiste de ser un ex galán que sólo podía ofrecer marcados abdominales, McConaughey, insospechadamente, dio actuaciones destacables, aquí, en Killer Joe y en The paper boy. En este film, es el líder y mánager de los strippers, un exhibicionista avejentado al que se le terminó por freír la sesera de tanto mostrarse.  Tiene sus aristas; sabe que su cuarto de hora pasó y lucha, con más maña que lucidez, para no perder la dignidad y caer en el patetismo; es asimismo algo manipulador y un poco perverso. Yo mucho no lo aguanto, pero negarle que hace un gran trabajo sería una injusticia.

El cine satisface también curiosidades. Si alguna vez se preguntaron cómo es un show de strippers masculinos y qué hay detrás de la escena, esta película satisfará sus inquietudes. No será un film imperdible pero no es tonto ni vergonzante.
Un abrazo, Gustavo Monteros

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