sábado, 17 de septiembre de 2011

Paul



Simon Pegg es un cómico inglés tan talentoso como completo. No sólo actúa como los dioses sino que ha firmado los guiones de sus películas más personales entre las conocidas por estos lugares. En la fabulosa Muertos de risa (Shaun of the dead )(2004) se ríe de los films de zombies. En Arma fatal (Hot fuzz) (2007), mi favorita hasta la fecha, se burla de los policiales estilo Arma mortal, Duro de matar y hasta de los ambientes cerrados plagados de asesinos de Agatha Christie. En Corre, gordo, corre (2007) se divierte a lo grande a expensas de la comedia romántica. Como se ve, al hombre le gusta la parodia, pero se diferencia de la escuela de ¿Dónde está el piloto? (la saga de La pistola desnuda, Scary movie, etc.) y se acerca a algunos de los mejores films de Mel Brooks (El joven Frankenstein, La última locura del Dr. Mel Brooks, Los productores) porque elige desarrollar una historia antes que supeditarse a gags sueltos o a diálogos brillantes pero deshilvanados. Prefiere ceñirse a personajes bien armados que caen en situaciones que van corriéndose de lo real y se expanden en el absurdo; privilegia historia, personajes y situaciones antes que un efecto cómico gratuito; persigue la sonrisa constante antes que la carcajada ocasional, que también llega, pero como consecuencia natural, por acumulación, explosión o desenlace lógico.

En Paul, escrita en conjunto con su co-equiper actoral de Shaun of the dead y Hot fuzz, el gordito Nick Frost, le ha tocado el turno a los films con alienígenas. Dos amigos ingleses (Pegg y Frost) llegan a los EEUU para una convención de cómics de ciencia ficción y afines, y se embarcan luego en un itinerario que deambula por los lugares míticos de encuentros de extraterrestres y esas cosas. Se chocan con Paul, un alienígena que huye de la NASA y que debe ir al encuentro de una nave que lo devolverá a su mundo de origen. Paul, que fuera asesor de Spielberg para ET (se oye la voz del vero Steven en una conversación telefónica; Nick Frost, fana de verdad del cine de ciencia ficción confesó que casi muere de la emoción cuando conoció a Spielberg), no se parece en nada al personaje de ET. Es cínico, bebe como un cosaco, fuma más que Humphrey Bogart (en su caso, no sólo cigarrillos de tabaco ya que también lo pierden los porros) y es un experto en malas palabras. Los dos ingleses y el alienígena conocerán a una fanática religiosa que usa una remera inolvidable y serán perseguidos por un trío de hombres trajeados que se las traen.

En consonancia con los modelos elegidos, Shaun of the dead y Hot fuzz son ácidas y chirriantes, pero Corre, gordo, corre y Paul son más tiernas y hasta ingenuas. Paul divierte de punta a punta y hasta regala algunos momentos altamente gozosos. Maneja varios running jokes (chistes continuos con variación de reacciones) desopilantes, en especial, el de la cubierta del libro de historietas que hizo el gordito, el del autor que adoran, pero que casi nadie conoce, y el de que todos los toman por una pareja gay.

Las películas con cómicos exigen prerrequisitos para su completo disfrute: que se guste del cómico en cuestión, que se acepte su estilo (no es lo mismo Jacques Tati que Olmedo), y que se esté dispuesto a entregarse al juego que proponen y a las convenciones y características del género. Uno no debe sentarse a ver una película cómica con la misma actitud y expectativa que enfrentamos un film de Bergman. Perdonen si lo que digo les parece de una obviedad supina que los insulta, pero conozco espectadores y críticos que se olvidan de esta premisa básica, y se sentaron a ver La pistola desnuda como si estuvieran por ver un Visconti. Por algo hay dos caretas representando al teatro, la de la risa y el llanto; usar los mismos parámetros para analizar un bufón y a un trágico es como pretender que es único lo que es doble. Ya demasiado castigo tienen los cómicos con ser ignorados en las premiaciones como para encima cargar con el equívoco crítico de que deben hacernos reír con las prolijidades del drama épico.

En resumen, una de risa, muy pero muy buena.


Un abrazo, Gustavo Monteros

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