viernes, 1 de abril de 2011

Nunca me abandones

Kazuo Ishiguro, autor de la novela en que se basa esta película, quien escribiera también Lo que queda del día, no tuvo tanta suerte esta vez como con James Ivory, Emma Thompson y Anthony Hopkins.

Nunca me abandones
es una historia de amor en un trasfondo de ciencia ficción. Y como en todo relato de ciencia ficción, hay especulaciones. En este caso, sobre el sentido del destino, el arte, el alma y las esperanzas que anteponemos para no aceptar lo inevitable. El relato de amor descansa en un triángulo de jóvenes, tan equivocados como en una obra de Chejov. Y no se necesita ser cínico para saber que los cuentos románticos más conmovedores son los de amores no correspondidos que terminan mal.


Y eso es lo que aquí falla, el relato es astuto, está bien armado, pero no conmueve. El director, Marl Romanek (Retratos de una obsesión), quizá por excesiva reverencia al noble material original, se preocupa por que todo sea bello, prolijo, elegante, pero a la vez, sin quererlo, le sale solemne, envarado y distante. Y un par de los tres protagonistas poco ayudan. Bah, no ayudan en nada.


Keira Knightley (Los piratas del Caribe, El rey Arturo, Realmente amor, Dominó, La duquesa) y Andrew Garfield (Leones por corderos, El imaginario mundo del Doctor Parnassus, Red social) son dos chicos con suerte y pocas luces. Ella estuvo bien en Orgullo y prejuicio y desaprovechó la oportunidad en Expiación, deseo y pecado de pasar a la historia, entregando sólo una actuación correcta. Él parece llevarse bien con los roles secundarios y no termina de entender de qué va un protagónico. En el otro blog, no hace mucho, hablábamos de New York, New York, una película fallida que sus protagonistas volvieron insoslayable. En otra oportunidad mencionamos que el gran Ingmar Bergman, sin sus actores, hubiera sido otro director pretencioso y pagado de sí mismo. En cine, los actores son tan importantes como el director. En nuestro país, por ejemplo, La isla y Esperando la carroza de Doria, La Patagonia rebelde y No habrá más penas ni olvidos de Olivera, La casa del ángel, Los siete locos y Boquitas pintadas de Torre Nilsson o El hijo de la novia y El secreto de sus ojos de Campanella no serían lo que son sin sus actores. Y volviendo al caso en cuestión, ni Keira Knightley ni Andrew Garfield tienen más voluntad o talento que para hacer lo correcto. Mimados por la popularidad mediática carecen de dientes fuertes para roer los huesos ricos y sabrosos que les tiran. La juventud no es excusa. Goldie Hawn era una niña en Flor de cactus. Meryl Streep poco menos que acababa jardín de infantes en El francotirador, Manhattan y Kramer versus Kramer. Diane Keaton casi no había tenido la menarca en Amantes y otros extraños, El padrino y Sueños de un seductor. Pero tenían hambre de gloria y sabían lo que era el cine. La cámara mima, pero no perdona melindres y titubeos. Y la suerte, que sólo llega una vez, según dicen, se la aprovecha o se ve pasar siempre el tren desde el andén. No sé cuántas oportunidades más tendrá Keira Knightley de ser una auténtica estrella de cine, pero si sigue así, pasará a la historia por ser la actriz más tonta del planeta. No actúa mal, pero se nota cada vez más que su cara es tan larga como la de un caballo, porque al quedarse en la medianía, no genera ninguna magia. Y para caballos, preferimos a Míster Ed. Los directores tampoco son excusa. Muchos que hoy son leyenda han dado actuaciones notables a directores poco duchos en manejar actores. Como sabe todo deportista, el hambre de gloria no se fabrica, se trae o no se trae.


La única que saca las papas del fuego es Carey Mulligan (la impar protagonista de Enseñanza de vida), pero sola no puede mantener a flote el espectáculo que sus dos compañeros se empeñan en hundir.


En papeles secundarios brillan la experimentada Charlotte Rampling y Sally Hawkins (la luminosa actriz de La felicidad trae suerte).


En resumen, un film bello y frío, que se deja ver, pero que deja la sensación de que podría haber sido mucho mejor en otras manos y con otros actores acompañando a Carey Mulligan.


Un abrazo,

Gustavo Monteros

2 comentarios:

  1. Verdaderamente la odiaste mucho, mucho, mucho, a Keira.

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  2. Me cae bien Keira, pero desaprovecha una oportunidad tras otra. Con proyectos que fueron mucho menores en un principio, mirá por ejemplo la carrera que armó Cate Blanchett.

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