viernes, 18 de febrero de 2011

El cisne negro

Nina Sayers (Natalie Portman) es una bailarina clásica con “problemitas”. Aunque ya es toda una señorita, vive y piensa como una niña. Su pieza está llena de ositos de peluche y antes de dormir escucha una cajita de música. Huele a osamenta de tan flaca, medio pomelo es toda una comida y si comió de más, al baño a meterse los deditos. Mamá, Barbara Hershey, corta una torta como si la apuñalara y pasa de la sobreprotección a la monstruosidad en un parpadeo. Mejor no contradecirla ni enojarla y contestarle las 700 llamaditas diarias al celular. En el trabajo la competitividad feroz está a la orden del día. Se descuida y termina con vidriecito molido en las zapatillitas. Todas estas cositas no contribuyen en nada a que la cabecita le funcione cual relojito. Vive ansiosa, al borde del sobresalto. La pobrecita apenas puede con su vida. Pero como esto recién empieza, la cosa se complicará más. Como le dieron el raje a la prima ballerina (Winona Ryder), el coreógrafo (Vincent Cassel) debe elegir quien la sustituya en los dos cisnes, el blanco y el negro en la próxima reedición de El lago de los cisnes. Nina da el blanco, puro, etéreo, como ninguna, pero como el negro, misterioso, sensual, maligno, no convence. Por suerte, la eligen. (Sabrá Dios en qué honduras hubiera caído la chica si no la hubieran elegido. Perdón, no crean que estoy revelando algo que debería callar. Todavía no llegamos al quid de la cuestión). Pero una recién llegada a la compañía, Lily (Mila Kunis), que pasa de apoyarla a serrucharle el piso, da el cisne negro como los dioses, aunque para el blanco deba “fabricar” pureza.


El cisne negro es un film fascinante y original. Original porque el eje del thriller emocional, que es en primera instancia, pasa por ver si una bailarina, una artista, logra la meta que se propone. Claro, como es una chica con problemitas, hay que ver qué precios internos debe pagar para abarcar el personaje. Y fascinante porque Darren Aronofsky (Pi, Réquiem por un sueño, La fuente de la vida, El luchador) arma un film que permite dos visiones, una que se centra en la anécdota, su desarrollo y su desenlace sorprendente (una lectura superficial, si se quiere, pero muy gratificante), y otra, más profunda, que permite aventurar elucubraciones sobre la delgada línea que separa la cordura de la locura, los terrores que representan los “suplentes”, los “remplazos”, y el eterno tema del doppelgänger, el doble más bien maligno.
Aronofsky trabaja con libertad, desprejuicio y astucia, y se apoya en herramientas de cine intelectual o artístico (la cámara en mano intrusiva; el uso de los espejos, los reflejos; el encuadre expresionista, etc.), pero también en los tradicionales efectos del cine industrial: los cambios de ritmo narrativo y de montaje sonoro, que provocan los sustos del típico cine de terror).


Aparte del insustituible e inconmensurable soporte que le brindan la fotografía, la escenografía, el vestuario, la música, etc. Aronofsky cuenta con el apoyo incondicional de un elenco perfecto. Natalie Portman se entrega sin retaceos a la aventura. Su trabajo deslumbra. Y aunque su “bailarina” convence plenamente a un lego, bailarines y coreógrafos han declarado que movimientos y posturas que toman años y años aprender, no se pueden adquirir en meses y que la chica hace agua en cuanto profesional de la danza. Ellos sabrán, no se discute a un experto. Vincent Cassel, en plan de Pigmalión mezclado con Svengali, seduce y mete miedo. Winona Ryder, en irónico papel de estrella a la que se le pasó el tren está muy bien (cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia). Barbara Hershey es una madre que deja a la Faye Dunaway de Mamita querida a la altura de la madre adoptiva monjita que hacía Laura Bove en Papá Corazón. Mila Kunis es una toda una sorpresa. Le chorrea talento.


El cisne negro es de esas películas con código propio que puede ser amada u odiada por los mismos motivos. Aronofsky es un maestro en “comunicar” desequilibrios psicológicos, recuerdo haber detestado Réquiem por un sueño porque me parecía tan cercana como revulsiva. Ésta, no sé si por ser un teatrero de alma, primero me dejó de una pieza y después hablando pavadas. Ojalá que si la ven, les pase lo mismo.

Un abrazo,
Gustavo Monteros

2 comentarios:

  1. Hoy la vi y me gustó muchísimo. Deslumbrante todo, especialmente la actuación de Natalie Portman. Con razón le dieron el Oscar. Super merecido. Eso sí, creo que me contracturé de tanto sufrir todo el tiempo.
    Un detalle, no había reconocido a Winona hasta que releí tu crítica!

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  2. En mi caso, agotado quedé de sufrir y un poquito más rayado a decir la verdad...

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