jueves, 3 de febrero de 2011

Conocerás al hombre de tu vida

Pobre Woody Allen. Está de moda pegarle. Hay un movimiento internacional que bien podría denominarse Pegándole-a-Woody. El hombre, ha hecho chistes al respecto, no tiene ni espalda ni cintura para recibir ningún castigo. Tiene, eso sí, constancia, ego, prepotencia de trabajo. Y talento, claro. ¿De qué se lo acusa? De pesimista, de repetirse, de no innovar y hasta de tener buenos chistes y un diálogo brillante sin sustancia (¡?) El veredicto es que se retire o que no filme una película anual, deje pasar unos años y haga una verdaderamente buena. Cuenta a su favor con los actores, grandes y pequeños, famosos e ignotos. Podría parafrasear a Shakespeare y decir: No ha nacido el actor que no quiera trabajar conmigo. (Sí, está bien, para esta película lo dejó plantado Nicole Kidman, pero primero había aceptado. Camino del aeropuerto la australiana se arrepintió y pegó la vuelta a casa. Como toda chica linda, y de las otras también, no se lleva bien con el paso del tiempo. Tuvo miedo de no ser desnuda el knock-out que fue. Tranquila, Nicole; Marlene y Sophia pasaron por lo mismo y sobrevivieron. Sos más que una cara bonita.) Lo apoya también una legión diminuta de críticos, por suerte, en franco crecimiento. Como siempre que se da un debate tan polarizado, uno se pregunta: ¿y yo de qué lado me pongo? Por las dudas hago acopio de sentido común y digo: Bueno, no cruzó todavía el límite del aburrimiento. Es que en fondo soy un espectador muy primario. Mientras no me aburran, está todo bien. Los directores pueden no pasar por su mejor momento, pueden fastidiarme, defraudarme, enojarme, pero, por favor, no me aburran. Cuando me aburren, pierdo la paciencia, todo discernimiento crítico y no quiero volver a verlos por un buen tiempo o por siempre jamás. Seamos claros, el cine (todo espectáculo, en realidad), comercial, de arte, experimental o amateur, es ante todo un entretenimiento. Y si fallan en esa premisa básica, no son nada. Y Woody, hasta ahora, jamás me aburrió. Además, para ser sincero, la peor de sus películas es cinco veces superior a la avalancha de bodrios promedio que estrenan cada semana y que recibe más indulgencia y buena voluntad que el petiso neoyorquino.


You will meet a tall dark stranger se centra en la disolución de dos matrimonios, el de Anthony Hopkins y Gemma Jones, y el de la hija de ambos, Naomi Watts con Josh Brolin, y en el posterior derrotero de los cuatro. Después de los títulos, la yuxtaposición de la vieja canción para el Pinocho de Disney, When you wish upon a star, con la voz del narrador enunciando que la historia ilustrará la famosa cita de Shakespeare que “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y de furia, que no significa nada”, nos informa con claridad que estamos ante una comedia amarga. Como en una obra de Chejov, las elecciones sentimentales de los personajes serán todas equivocadas, perderán oportunidades que se volverán irrecuperables y entre frustración y frustración, desnudarán alguna que otra miseria. Los protagonistas están definidos con exactitud, cosa que no puede decirse de algunos secundarios, torpemente redondeados. La cámara se mueve con destreza, la ambientación y el vestuario son elocuentes y bellos, y la banda de sonido, como acostumbra, es un placer adicional.


Hopkins, Jones, Watts y Brolin actúan como los dioses, y cada uno tiene su escenita de lucimiento en que vuelan alto. Lucy Punch le hace honor a su apellido, Freida Pinto (la chica de Slumdog millionaire) es muy bella, y Antonio Banderas sale bien parado de un papel desagradecido. Y la adivina chanta no es nada menos que Pauline Collins, la inolvidable Shirley Valentine.


Allen, hoy, por el tironeo de visiones al que está sometido su trabajo, obliga a tomar una postura casi política. Se puede castigarlo por no estar genial y no ver su película; demonizarlo por repetirse y no ver su película; protestar por no estar a la altura de su fama y ver su película; o disfrutar lo que ofrece sólo por lo que es y ver su película. Ustedes eligen.

(Coda chismosa: Nicole Kidman iba a hacer el personaje que encarna Judy Punch.)

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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