domingo, 24 de octubre de 2010

Mi familia

Ser pionero es difícil, pero si se sortean las dificultades del desafío con inteligencia se puede quedar bien parado. Lisa Cholodenko se propuso hacer la primera película industrio-comercial sobre una familia diversa. Le fue bien de crítica y de público. Combatió con astucia el prejuicio que generan estas propuestas en el público masivo. Mezcló dos fórmulas argumentales harto probadas. La de los hijos que quieren conocer a sus padres biológicos (hasta la argentina reciente Igualita a mí abreva en esa fórmula) y la del intruso bienvenido que termina desbaratando el nido al que es invitado. Comienza por establecer un lazo de adhesión con un modelo de deseabilidad social ampliamente aceptado. La casa es grande, hermosa, de buen gusto. No hay apremios económicos. Hay dos camionetas estacionadas en la puerta. Los hijos son sanos y lindos. Una de las mamás es una exitosa ginecóloga y en la primera cena que se muestra, hay afecto, comprensión y comida saludable. Imposible no sentirse cómodo como espectador con un modelo sobre el que el cine yanqui martilla desde su inicio. Que en vez de un papá y una mamá haya dos mamás es presentado con naturalidad, sin subrayados y sin explicaciones innecesarias. La identificación con los roles tradicionales es tal que bien podríamos tener a Bruce Willis y Michelle Pfeiffer en vez de a Annette Bening y Julianne Moore. Es obvio que detrás de esta armonía hay pequeñas grietas de insatisfacción y frustración, pero ¿en qué familia por ideal que sea no existen? (De no existir hasta La familia Ingalls sería un embole supremo.) Y se establece, casi de inmediato, una audaz ironía: las mamás están preocupadas porque el nene pueda ser homosexual. Será la primera de una serie que incluirá algo que contado es grosero, pero que visto es hasta tierno. La mayor trasgresión en el argumento es el adulterio de una de ellas con un hombre, vuelta de tuerca que generó controversia entre los grupos homosexuales más radicalizados. Pero es donde la astucia y la inteligencia de Cholodenko juegan su carta de triunfo. Su intención, clara desde el principio, insisto, es acercar la problemática homosexual a un público masivo, mayoritariamente prejuicioso y cerrado, y era imprescindible que este público pudiera relacionar el conflicto central con experiencias que le fueran habituales, al menos en el mundo cerrado de las películas. Y esto está asociado a otro de los logros de la película: la no idealización militante de ninguno de los personajes. Como cualquiera de nosotros tienen sus más y sus menos. Esta democratización de defectos y virtudes garantiza siempre la adhesión del espectador. Porque, seamos sinceros, más allá de la honestidad y llaneza con que se presenta el conflicto, no hay nada en esta película que no hayamos visto cientos de veces antes, resignificado, eso sí, por tratarse de una familia diversa. E incluso en este marco, el monólogo componedor final de Julianne Moore es declamatorio y pedestre, más cercano a La tribu Brady que a otra cosa. Aunque es allí donde la ideología de la película se hace evidente. Es una visión conservadora, burguesa, tradicional. ¿Está mal que así sea? Creo que no si se trata de volver cercanas problemáticas por las que el grueso del público debe vencer preconceptos muy arraigados. Porque son las propuestas conservadoras las que ayudan a crear consciencias en las mayorías sobre temas ríspidos. ¿Acaso el sufrido y adelgazado Tom Hanks no hizo más por la comprensión del flagelo del SIDA al ganarse el respeto de Denzel Washington y dejar viudo a Antonio Banderas en Filadelfia que muchas películas queers más combativas? ¿Acaso no contribuyó más a la comprensión del amor homosexual la reformulación de Romeo y Julieta en clave de vaqueros gays de Secreto en la montaña con Heath Ledger y Jake Gyllenhaal? ¿Acaso no combatió más la homofobia poner a Kevin Kline en el lugar reservado a Doris Day o Meg Ryan en ¿Es o no es?? El camino está abierto. Una película sobre una familia diversa tuvo mucho éxito. Merecido. Queda tomar el guante y adentrarse en senderos no tan seguros.

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