domingo, 13 de junio de 2010

Kick-ass

Kick-ass de Mathew Vaughn es lo más cercano a un entretenimiento inteligente que los productores de Hollywood pueden ofrecer. (No esperen mucho tampoco, la craneoteca hollywoodense concibe el cine como una excusa para consumir pochoclos.) Se basa en una historieta como casi todo el cine de masas contemporáneo. (Y cuando no es así, hacen todo lo posible para que lo parezca.)


En un nivel superficial es una comedia paródica de las aventuras de los superhéroes. (Como cantaba Tina Turner: No necesitamos otro héroe.) En un nivel más profundo es un reflejo de lo mal de la cabeza que están los yanquis. (Hacen pasar violencia desquiciada y erotismo enfermizo como diversión provocadora.)


Un adolescente desangelado y con poca autoestima (Aaron Johnson) intenta convertirse en un superhéroe lo que le acarreará unos cuantos problemas. Conocerá a un par de aspirantes a héroes más preparados, una nena de 11 años, Hit Girl (Chloe Moretz) y su papá, Big Daddy (Nicolas Cage), quienes están entreverados en una venganza. Y como corresponde a todo “bueno”, Kick- ass se hará de un enemigo, Red Mist (Cristopher Mintz-Plasse), cuyo papá es un lord de la mafia droguera (Mark Strong) y el bicho del que Hit Girl y Big Daddy se quieren vengar.


Los primeros 50 minutos son ligeramente originales (y con buena voluntad hasta mordaces). La hora que sigue es efectiva pero más convencional (la típica parafernalia pochoclera).


La omnipresente banda sonora, si bien cae en un par de lugares comunes, es más soportable que de costumbre. (No lastima los oídos con las efectistas bobadas sonoras habituales.)


Mathew Vaughn tiene mejor hueso en la primera parte y le hinca el diente con gusto. Nicolas Cage y Mark Strong la pasan a lo grande con papeles que no les piden mucho (se agradece que hayan hecho algo más que poner la cara y cobrar el cheque). Pero la sorpresa de la velada la da Chloe Moretz, una delicia.


Si se digiere su conservadurismo retrógrado disfrazado de progresismo, su humor cínico y su sadismo coreografiado a la Kill Bill, puede entretener. (Porque más allá de las salvedades hechas, al menos esta vez no nos tratan de infradotados.)

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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