sábado, 23 de enero de 2010

Amor sin escalas

Ryan (George Clooney) es un canalla feliz. Su trabajo es detestable. Viaja de aquí para allá comunicándole a la gente que está despedida. Se siente en su elemento en los aeropuertos, los aviones y los hoteles anodinos e impersonales. Su ambición es llegar a los diez millones de millas como viajero frecuente. Dos mujeres se cruzarán en su camino. Alex (Vera Farmiga), quien parece ser la horma de su zapato y Natalie (Anna Kendrick), quien puede dejarlo sin los placeres de su trabajo.


El título en castellano es engañoso, no estamos ante la típica comedia romántica que sugiere. Lejos de ello. Este interesantísimo film es muchas cosas a la vez. Es la exploración de algunos males del capitalismo. Una reflexión sobre las apariencias, el egoísmo y la libertad. Y también una reformulación de los valores del género romántico (la glorificación de la pareja) desde una perspectiva más cínica. Pero creo que esencialmente es una peripecia de aprendizaje. Decir algo más es arruinar las sorpresas.


Jason Reitman está forjando una carrera lúcida y envidiable. Viene de hacer Gracias por fumar y La joven vida de Juno, comedias amargas, caústicas y brillantes. Aquí, otra vez, tanto como director y guionista, hace un trabajo notable.


George Clooney es la elección ideal para el papel. Es de esas coincidencias perfectas entre actor, personaje y película como las que se dieron entre Robert De Niro y Taxi driver, Julie Andrews y La novicia rebelde, Jack Nicholson y Barrio chino, Liza Minnelli y Cabaret o Paul Newman y La leyenda del indomable. Los vericuetos del film no funcionarían con otro actor. El personaje puede ser odioso, pero la imprescindible simpatía para que la historia nos interese no lo abandona porque es George Clooney quien lo interpreta.


Vera Farmiga entrega la dosis justa de inteligencia y sarcasmo. Anna Kendrick con una filosa cola de caballo redondea un personaje inolvidable. Y están muy bien Jason Bateman (el de Arrested development) como el jefe pragmático e impiadoso, y Amy Morton como la endurecida hermana mayor de Ryan.


El único pero son los testimonios finales, puestos para “endulzar” un poco el acíbar. Innecesarios, abaratan con su toque “Hollywood” una propuesta adulta e inteligente.


Merece verse. El amor, como el dinero, no lo es todo, pero cómo ayuda. Aunque no sé, la mirada final de Clooney sugiere que quizá era más feliz cuando era “ignorante.”

Un abrazo,
Gustavo Monteros

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