jueves, 17 de diciembre de 2009

Goodbye Solo

Después del tremendo fiasco que me había llevado con Háblame de la lluvia, a la que había ido a ver con mucha ilusión, tenía miedo de chocarme con otro bodriazo. Leía el resumen de la página oficial de Goodbye Solo y el argumento me parecía cínicamente un refrito de Driving Miss Daisy con cualquier buddy movie, esos films de amistades improbables entre personajes muy disímiles. Me decidió un motivo secundario, la daban en el Cinema Paradiso, multicine al que me encanta ir.


Menos mal que fui, a los dos minutos de empezada la película, los personajes habían ganado toda mi atención y mi simpatía. A un taxista senegalés, Solo, un viejo, William, le propone que en determinada fecha lo lleve a un lugar (Blowing Rock) que queda a dos horas de donde están (Winston – Salem en Carolina del Norte) y que lo deje ahí, no lo espere y se vuelva. A Solo la cosa le huele a deseo de suicidio y procurará evitarlo. Se transformará en alguien que a primera vista parece un meterete, un invasivo insoportable, pero que en realidad es esa rara avis, cada vez más extraña, un individuo solidario. Blowing Rock es una piedra que da a una profunda hondonada que, por el efecto de los vientos, hace que la nieve o la lluvia vuelen hacia arriba, desde la que uno tira un palo y el palo vuelve.


El director, Ramin Bahrani, tiene las cosas muy claras y logra ese milagro de que cuando más acentúa el realismo, más metafísica se pone la cosa. Y cuando más ahonda en las conductas de los personajes, más misteriosos se vuelven. Si el intento de suicidio es tal, ¿por qué Solo intenta evitarlo y William cometerlo?


Souléymane Sy Savané (Solo) y Red West (William) son dos actores inmensos de una humanidad arrolladora que crean una empatía palpable. Es cierto lo que dijo el crítico del New Yorker, con el que a menudo disiento, son dos personajes que se quedan a vivir en uno incluso mucho tiempo después que el film acabó.


Me conmovía y me divertía mucho que el apelativo cariñoso que Solo usara con William fuera big dog (perrazo) porque William es de verdad eso, un perro grande, viejo, pulguiento y querible.


¿Quedó claro que la recomiendo, no?

Un abrazo,

Gustavo Monteros

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