domingo, 3 de agosto de 2008

Yo serví al rey de Inglaterra

El checo Jirí Menzel siempre será recordado en estos pagos como el director de Trenes Rigurosamente Vigilados, un film sobre un despertar sexual en medio de una guerra, una inolvidable fábula tierna y amarga (el oxímoron se lo ganó él, no es exageración mía).


Desde entonces procuró hacer un cine que fuera muy popular sin renegar de ambiciones artísticas, un propósito más que loable. El problema es que en su desesperación por gustar desarrolló un estilo proclive al humor muy grueso, un erotismo de revista femenina, y la trivialización de asuntos serios para lograr una tenue ironía; todo dentro de un pintoresquismo más de cine publicitario que sociológico o antropológico. Excesos que se evidencian en sus últimas películas vistas aquí: Los locos de la manivela, Mi dulce pueblito, Alondras en un hilo, Las Aventuras de Iván Chonkin, Aquellos buenos viejos tiempos. Y que vuelven a aparecer en Yo serví al rey de Inglaterra.

Hay aquí un entrecruzamiento entre la historia individual y la Historia general. Un ambicioso joven pasa de vendedor de salchichas en la estación de trenes a camarero de un bar exclusivo. Luego sirve mesas en un hotel que es también una especie de burdel de lujo, para recalar después en el mejor hotel de Praga. En este itinerario conocerá a hermosas mujeres, a las que después de hacerles el amor, cubrirá de flores (literalmente). Llegará la invasión nazi y se enamorará de una alemanita fanática del hitlerismo. Ella le cumplirá su sueño de convertirse en millonario y tener su propio hotel, gracias a unas valiosísimas estampillas de judíos deportados a campos de concentración. Vendrá la invasión rusa y terminará en la cárcel 15 años, uno por cada millón que amasó. Será liberado y repasará su vida. Terminará brindando. Según él, su vida no fue tan mala.

No revelo nada al referir el argumento, la poca o mucha gracia del film radica en cómo está contado y no en la historia en sí.

Todo es muy amable, encantador, blando. Es como un sabroso menú dietético, gusta mientras dura, pero no llena mucho.

Para los coleccionistas de datos inútiles (entre los que a veces suelo contarme), consigno que este film se basa en una novela del autor de Trenes rigurosamente vigilados, Bohumil Hrabal.

Ah, el título es por el maître del hotel de Praga. Un hombre que conoce todos los secretos de su oficio, porque alguna vez sirvió al rey de Inglaterra.

Un abrazo,

Gustavo Monteros

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