viernes, 26 de junio de 2009

La niña de tus ojos

Es natural que casi todos los directores sean cinéfilos irredentos. Antes de dedicarse a pensar la vida en términos de películas, aprendieron a amar el cine. Se expusieron todo lo que pudieron al titilar de la luz sobre la pantalla. Atesoraron en su memoria como a revelaciones místicas, secuencias magistrales, emblemáticos giros de guión y actuaciones destacadas.


Fernando Trueba no es la excepción, más bien todo lo contrario, un ejemplo exaltado. Se define como “adicto feroz al cine”, “rata de filmoteca.” Regocija oírlo hablar de cine. Apasionado, tira nombres y datos, pero no apabulla. Transforma su erudición en un placer contagioso.


De modo que era natural también que al presentarle Carlos López y Manuel Ángel Egea el guión de La niña de tus ojos, Trueba se entusiasmara. El guión homenajeaba por igual tanto a Ser o no ser de Ernest Lubitsch como a Casablanca de Michael Curtiz. Películas amadas hasta el delirio por los borrachos de cine (incluso por quien esto escribe.)


Trueba reelaboró el guión con su hermano David y Rafael Azcona.


(Rafael Azcona fue uno de los más grandes guionistas que hasta la fecha haya dado la historia del cine. No bien alguien le enunciara una idea, él al día siguiente tenía un guión articulado con trama, subtramas y una galería de personajes inolvidables. Escuchaba con atención a los directores y les servía el mejor guión posible en bandeja de plata. Para mí, el nombre de Rafael Azcona es un imán irresistible, como los colores del equipo lo son para el hincha de fútbol. Trabajó incansablemente, y los proyectos en los que participó son cientos. No los vi a todos, gracias a Dios. Agradezco porque este hecho alienta la presunción de que aún soy joven, de que todavía tengo cosas por descubrir. A esta edad, esa creencia es siempre bienvenida. No todas las películas en las que trabajó son memorables, pero siempre se sale de sus guiones con una recompensa. Aprendí más de sus guiones cómo escribir “dramáticamente”, es decir en términos de conflicto, tanto para el cine como para el teatro, que de las clases magistrales a las que asistí. A Azcona le bastaba un detalle para pasar al primer plano un personaje de dos líneas e integrarlo insustituiblemente a la trama. Nada ni nadie debía ser superfluo o accidental. Todo debía contribuir a lo que se estaba contando. Perdón por la digresión, pero le debía al gran maestro Azcona este pequeño reconocimiento.)


Con La niña de tus ojos estamos en España en 1938. Como los estudios de filmación están en territorios tomados por los republicanos, una producción falangista decide aceptar la invitación del ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, para filmar esta españolísima película en Berlín, en dos versiones, una hablada en castellano y otra en alemán.


Por delirante que esta situación inicial pueda parecer (¿recrear en Alemania el pintoresquismo andaluz?, ¿completar el elenco con actores que se parecen tanto a los españoles como a los zulúes?), se basa en circunstancias reales. Florián Rey y Benito Perojo dirigieron en 1938 y 1939 a Imperio Argentina (Carmen, la de Triana, La canción de Aixa) y Estrellita Castro (Suspiros de España, El barbero de Sevilla) en películas folclóricas, de las que se realizó una versión alemana.


Estos españoles de La niña de tus ojos llegarán en la tristemente célebre “noche de los cristales rotos.” Y no les cuento más para no arruinarles el convite.


El homenaje a Ser o no ser y a Casablanca es obvio y fue reconocido por sus creadores. Y aunque nadie lo haya dicho, yo creo que los inspiraba también las numerosas anécdotas que se recuerdan de la filmación de Les enfants du paradis. Esta deliciosa, bellísima y sensible película de Marcel Carné se filmó en Vichy, Niza y París durante los dos últimos años de ocupación nazi en Francia. El primer productor tuvo que renunciar por tener, debido a un antepasado, “gotas de sangre judía”. El director de arte y el compositor tuvieron que pedir nombres prestados, porque ellos sí eran judíos y no podían trabajar (en Vichy, los judíos no eran deportados, pero no podían trabajar.) El representante de Goebbels los obligaba a poner como extras a franceses simpatizantes de los nazis. Carné violaba esta norma todo lo que podía y se defendía usando los argumentos más bizarros. Cuando no pudo hacerlo más, contrarrestó contratando a integrantes de la resistencia que durante el día tenían que bajar el perfil, ocultándose entre la multitud. Uno de los actores secundarios, activo colaboracionista, tuvo que huir ya que lo amenazó la resistencia. Irónicamente cuando llegó a campo alemán, lo fusilaron por desertor. Lo reemplazaron y tuvieron que prescindir de las escenas ya filmadas, sin embargo en el metraje final, se lo ve brevemente merodeando a la protagonista. Un cabecilla de la resistencia, gracias a sus conocimientos de los secretos del set de filmación, pudo huir entre el laberinto de decorados cuando los alemanes lo vinieron a buscar para fusilarlo, En la escena del banquete, los extras, hambreados por el racionamiento, dieron cuenta de los manjares antes de que se encendiera la cámara. Carné filmó la escena de todos modos, la mesa lucía menos pródiga, pero al menos ahora los invitados tenían mejor cara y parecían disfrutar de la fiesta. La primera actriz, Arletty, que había sido amante de un jerarca nazi al comienzo de la ocupación, en algún momento de la filmación, se vio obligada a enunciar una frase que la sobreviviría: Mi corazón es francés, pero mi vagina es internacional. En Niza, un vendaval casi destruye la escenografía que recreaba el Bulevar del Crimen, la calle de los teatros populares de París a principios del siglo XIX. Como no había plata para construir otra, tuvo que ser desenterrada del barro. Obviamente no recuerdo la cantidad de hombres y de horas de trabajo que se necesitaron, pero fue toda una proeza. El rodaje terminó en sótanos de París, cuando ya los aliados se acercaban y la resistencia combatía a los alemanes en plena calle. Lo curioso es que no hay absolutamente nada en la película que delate las tumultuosas circunstancias en que fue filmada. Yo la vi, durante la dictadura, en un ciclo de cine francés que daban en el salón de actos del María Auxiliadora. Dieron las dos largas partes en que está dividida en dos sábados consecutivos. El segundo sábado, el presentador, con buen tino, nos pidió que no nos retiráramos cuando terminara. Así lo hicimos y fue entonces cuando nos contó lo que acabo de referir. No lo podíamos creer. Sólo habíamos visto una bellísima historia de amor, que es también un homenaje al teatro. Les enfants du paradis fue en ejemplo cabal de la tenacidad de los artistas, empeñados en embellecer el mundo aunque éste se cayera en pedazos.


A La niña de tus ojos no se la conoce mucho. Tuvo en la Argentina un éxito discreto. No resistió al habitual bombardeo de estúpidas superproducciones yanquis. El cable la exhibió fugazmente. Y resiste en la memoria de los que la amamos.


Este domingo en que la rutina mediática de los días de votación se cumplirá a rajatabla: habrá móviles en los lugares donde votan candidatos y famosos; los candidatos lucirán seguros y cancheros; Susana Giménez será amable, pero renuente a hablar de nada, ni de su programa; Mirtha Legrand con elegante tailleur gris, sombrero y anteojos negros y enjoyada como reina pirata, dirá que se engalanó así porque para ella votar es una fiesta de la democracia y se quejará del mal estado de la escuela en que le tocó votar; se nos informará si los candidatos cumplieron o no sus cábalas de los días de votación; habrá flashes informando que en algunas escuelas, por ausencia de las autoridades de mesa, se comenzó a votar a las 11, pero que no se postergará el cierre del comicio; a las 7, todas las cadenas mostrarán resultados a boca de urna y jurarán que esas tendencias se confirmarán, aunque después de una pausa, con la misma cara de piedra, informen lo contrario; habrá notas desde los distintos búnkeres políticos y todos dirán que hicieron una votación excelente y que ganarán la elección, después se llamarán a silencio y no atenderán ni a la madre; a las 10 comenzarán a conocerse los datos oficiales, es como si los políticos necesitasen un tiempo psicológico de 3 0 4 horas para asimilar los resultados; a las 11, hablarán los candidatos, los ganadores, aplacadas las exuberancias triunfalistas, se mostrarán ufanos y serenos; los perdedores insistirán con que hicieron una buena elección y que son los triunfadores morales porque tuvieron que enfrentarse al aparato demoledor, político o publicitario, del opositor, etc. Todo muy previsible y aburrido como una mala película hollywoodense.


Ideal para ir al club de DVD y alquilarse una película por la que nadie se peleará. Vendrá bien para tomarse un recreo de la chatura mediática mientras se conocen los resultados finales de la votación. La niña de tus ojos merece conocerse. Es una comedia dramática muy buena.

Un abrazo
Gustavo Monteros

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