jueves, 18 de septiembre de 2008

Mi hermano es hijo único

El título es buenísimo. Y es un imán irresistible para los que somos hijos del medio. Es que en una familia más o menos numerosa, no ser el mayor o el benjamín implica haber sentido, en algún momento de la vida familiar, algo parecido a la indiferencia. Pero volvamos a la película, antes de que me adentre en mis traumas de infancia y termine tan enredado en mis deudas familiares que ni un congreso de psiquiatras pueda sacarme.

Accio y Manrico son dos hermanos con nada en común, salvo un profundo cariño fraterno que se expresa a las trompadas. Accio, el menor, se siente relegado. Como Manrico se inclina a la izquierda, Accio prueba primero el seminario y después coquetea con el fascismo. Ambos se enamorarán de Francesca, que milita en el partido comunista. Ella corresponderá siempre a Manrico, nunca a Accio.

Si bien el drama familiar y/o personal se circunscribe en las luchas políticas de la Italia de los 60, las ideologías tienen poco peso en la historia. Es como si el director, Daniele Luchetti, manejara una visión postmoderna y las posturas radicalizadas de la izquierda y la derecha fueran cosas del pasado muerto y no tuvieran más sustancia que el vestuario de época y la dirección de arte. Insiste en que la adhesión a las ideologías responde más a caprichos personales dictados por traumas y conflictos no resueltos que a la preponderancia que puedan tener sus postulados.

Esto, si bien puede ser verdad, manejado tan categóricamente, sin posibilidad de grises, le da al asunto una levedad peligrosa.

Quizá sea por esto que los dramáticos hechos que se narran no logran conmovernos. Pasan cosas terribles (algunas, incluso, remiten directamente a hechos sangrientos perpetrados en este país en la década del 70), pero no nos comprometen emocionalmente. Y los encomiables trabajos de Elio Germano y Riccardo Scamarcio, como Accio y Manrico, y de Angela Finocchiaro, como la madre, se pierden en la ausencia de espesura con que es manejada la propuesta.
La historia es muy buena, el guión es elocuente, los personajes son interesantes, las actuaciones son excelentes, la cámara está bien puesta, las músicas bien elegidas, pero todo fluye dejándonos impávidos.

Una pena. Algo que pudo ser inolvidable pasa a ser un pasatiempo que se funde en el negro del olvido mientras nos dirigimos a la salida del cine.

El hermoso título está sacado de una canción del cantautor calabrés Rino Gaetano, pero el título de la novela de Antonio Pennacchi en que se basa el film no es menos logrado: "Il Fasciocomunista".

Un abrazo,

Gustavo Monteros

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